lunes, 15 de junio de 2026

Terreiro das Bruxas


Las que saben de conjuros 
y juramentos.
Las conjuradas.

Las que se adornan
de aves y de bosques
y visten estolas de medianoche.

Las que se levantan indemnes
de las cenizas
y de los días.




viernes, 12 de junio de 2026

lunes, 8 de junio de 2026

La memoria


La memoria es pequeñita, 
como una nube hecha con retazos de existencias ajenas.
A veces viene y va por todas partes, 
porque es viajera la memoria.
Pero luego, cuando ha visto suficiente mundo, 
cuando ha enjugado muchas lágrimas 
de otras dulces, rabiosas y melancólicas como ella,
regresa convencida a mi hogar de papel.
La memoria es casi siempre silencio, expectación, 
y pensamiento. Y, a veces, un incendio. 

sábado, 6 de junio de 2026

Explicación de la lluvia


La lluvia es la certeza
del cielo desplomándose
sobre los floridos campos de Agramante.
Hombres necios en formación
esperando un trueno de corneta
para iniciar la fiesta, la batalla y el sacrificio.
La lluvia repartiéndose fieramente por igual.
A todos empapa la monótona melodía del barro.
Y a todos contempla el horror
en los espejos insoportables.

jueves, 4 de junio de 2026

Marjane


Me dicen que dicen que se ha muerto Marjane Satrapi. Y cuentan también que ha sido de pena, o de tristeza, o de melancolía. La misma que nos deja a todos aquellos que pensábamos que estaba bien que alguien como ella estuviera por el mundo.
Ya he dicho en otras ocasiones que hace diez años estuve en Irán. Desde entonces, mi mente siempre está en Irán. También en otros lugares, pero también en Irán. No conozco la razón. Imagino que hay lugares que te alcanzan sin saber por qué.
Para aquel momento ya había leído "Persépolis" de Marjane Satrapi; también "El reflejo de las palabras" y "La casa de la mezquita" de Kader Abdolah, otro exiliado; había devorado "El Sha o la desmesura del poder" de Kapuscinski; había visto la película francesa "O los tres o ninguno" del director iraní Manouchehr Tabib, conocido por Kheiron, también exiliado.

Tanto la obra de Marjane Satrapi, como las otras que he nombrado y algunas más lo único que pretenden es quitarnos el velo del desconocimiento a nosotros, los que todo lo ignoramos sobre un hermoso país sufriente y acosado desde dentro y desde afuera, que no termina de escapar del dolor de un siglo que lo tiene amordazado y lejos de toda esperanza. 
 
Cuando bajé del avión en el aeropuerto de Isfahán, con las historias de Marjane aún recientes en mi memoria, mi imaginación me hacía verla, a ella, a la protagonista de "Persépolis", en todas partes, como si su perfil fuera un espejismo que no tenía visos de querer abandonarme.
La veía en la mujer velada de hábitos negros que cruzaba la calle; en la que nos pedía fotografiarse con nosotros frente a la mezquita de la ciudad; en la que curioseaba entre los volúmenes de la pequeña librería donde yo compraba "La isla del tesoro"; en la que sonreía a Sol, colocándose su pañuelo como un reto en la parte de atrás de la cabeza, cuando nos cruzábamos; en la que se despojaba totalmente del mismo en el interior del autobús tras comprobar que no había denunciantes en los alrededores; en la que se pegó completamente a mi espalda en una de las calles principales de Qazvin mientras se reía, con una alegría y un desparpajo difícil de ignorar, de su atrevimiento y de mi turbación; en la que soportaba la bronca de una estricta policía de la moral a las puertas del aeropuerto de Shiraz, por el terrible delito de estar fumándose un cigarrillo con nosotros...
La veía, la veía.
Todavía hace unos meses, en una de mis últimas visitas a París para acudir a un concierto de Pallett Band, un grupo iraní del que me compré un disco en el aeropuerto de Teherán a mi regreso, y del que me declaro ferviente admirador, pensé que ella podía estar allí, entre las espectadoras. 
El salón de conciertos, un emblemático lugar con aspecto de garaje grande y oscuro, repleto de una inmensa mayoría de persas expatriados y una insignificante minoría de europeos, era el lugar idóneo para una última entelequia.
Ahora sé que la amargura es un camino difícil de recorrer, y que en el caso de Marjane desemboca lastimosamente en este punto. Donde hay caminos que jamás se cruzan.

Socaire


Paramos aquí, al socaire, a nuestro regreso de los géiseres del Tatio. Entonces aún encontraba tiempo (tiempo que espero volver a encontrar) para detenerme un rato y sacar a trabajar al lápiz y las acuarelas. Un entretenimiento que iba marcando los tiempos del viaje y señalando los momentos para la memoria futura. Esta que aparece hoy, tanto tiempo después, y que me devuelve a aquel lugar, a aquel día y a aquella pequeña iglesia. 

miércoles, 3 de junio de 2026

El lector


Es 2008 y estamos en algún lugar de Siria. No recuerdo el lugar en el que se encontraban esas ruinas romanas. Tal vez la ciudad de Bosra. Tampoco recuerdo quien de mis compañeros de viaje tomó la fotografía. Lo que es seguro es que el protagonista de la imagen no era el sujeto que parece a punto de escapar ensimismado por el margen de la izquierda y que va leyendo quien sabe qué. Quizá la guía del país o tal vez una historia de las Cruzadas contada por los árabes. Es posible que fuera un poema de Forough Farrokhzad. Pero también podría ser cualquier capítulo no escrito de sus andanzas de caballero loco y sin espada. 


 

martes, 2 de junio de 2026

Un transporte de gorrinos


Volver a mirar de cuando en cuando las fotografías de antaño trae recuerdos e imágenes olvidadas. Si no de qué vamos a rememorar escenas como ésta, que parece sacada de otra vida.
¿Qué demonios hacía yo a la orilla de una carretera solitaria de Laos, viendo pasar a semejantes transportistas con su delicado equilibrio de lechoncillos?
Señor, señor, las cosas que hemos visto. 

lunes, 1 de junio de 2026

Palestina en un mapa

Hace unos días visité en Polanco (Cantabria) el CRIEME que, para los que no lo sepan (como yo hasta hace poco), es el Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en Materia Educativa, dependiente de la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria. Y, abundando en ello, recomiendo a curiosos y profesionales su visita, aunque sea solo para ver cómo ha ido evolucionando el paisaje escolar en este país desde principios del siglo XX hasta el advenimiento de nuestra singular democracia.

Al bajar la escalera principal del edificio, cuando ya nos marchábamos, me topé con una pared en la que estaba colgado este mapa del año 1943, tan familiar para nosotros en su forma, aunque no en su fondo, que explica la vida de Jesús de Nazaret.

Como pueden ver pone Palestina. Palestina. Ni Israel, ni Sión land, ni nada que recuerde a la ocupación posterior a 1948 por deseo y capricho colonial de la Gran Bretaña, ni, por supuesto, al abuso criminal que desde entonces padece la gran mayoría de los realmente originarios de esa tierra.