El ánima es la vida, el soplo de la existencia, la razón por la que sentimos y nos expresamos. Por tanto, el ánima es la consciencia y la conciencia.
Solo en las mentes torturadas de los creadores de una religión como la cristiana, el ánima es un fantasma o lo que resta de alguien muerto.
Solo entre seguidores acríticos del cine más barato de Hollywood se puede asociar el ánima con la muerte que es, sin duda, todo lo contrario.
Me podria alegrar de que al final los vecinos de la Cuesta de las Ánimas de Santander hayan conseguido su propósito de cambiar el nombre de su calle, pero es que han errado el tiro ya por salir del ánima de la escopeta.
No tiene más nobleza la calle del Parlamento, que a veces es un "sindios". Solo me queda darles muchos ánimos y más perspectiva.
Al menos, esa alcaldesa, que en el futuro será de ingrato recuerdo, no ha utilizado de nuevo la burda excusa de que un cambio de nombre de calle es, sobre todo, una pejiguera burocrática y documental. Aquí no hablamos de generales fascistas, que esos sí que eran unos fantasmas.





















