Alguien dijo:
“el que pueda hacer que haga”.
Y desde la trinchera de enfrente
otro alguien contestó:
“el que pueda hacer que haga también”,
devolviendo de este modo la pelota
al tejado del primero.
Mas, ¡ay!,
ni las frases
eran un juego,
ni aquello era divertido.
Los tejados no eran tejados
ni abrigaban
ni cubrían.
Pero la pelota
sí, sí, sí,
pero la pelota sí
que
era
un
misil.
No hay comentarios:
Publicar un comentario