martes, 11 de agosto de 2026

Revelación

 
Ayer estaba espeso el día. Y no porque estuviera siendo una jornada desagradable. Todo lo contrario. Los amigos nos estaban visitando en el pueblo y "amenazaban" con ser una estupenda cla en el evento de por la tarde.
Iniciaba su camino "Lo inacabado", el último libro de poemas que he escrito. Y también era la antevíspera del eclipse, que parece que tiene la cabeza de todo el mundo mirando al cielo en lugar de a las cosas de aquí abajo.
La presentación del libro fue bien. Asistencia tirando a corta (el dichoso eclipse es una excusa cojonuda y hubo quien con eso se eclipsó), familiar, interesada y entregada, atenta a un pequeño debate que se propició sobre el pasado y el futuro de la poesía. Gente participativa y, por tanto, un rato sumamente agradable.
Héctor, el editor, se quejaba al final con cierta amargura del hecho de que los poetas no asisten a los actos de los poetas, como si no supiera él que eso es un clásico internacional más evidente que cualquier trabajo de Shakespeare o de Cervantes. No asisten, añadiría yo, salvo que los actos sean de poetas de sus propias cofradías o por cuestiones de favores debidos. ¡Ay de los poetas que no pagamos cofradías!
El día, decía al principio, estaba espeso. O así lo sentía yo, embargado tal vez por la responsabilidad.
Menos mal que en algunos momentos se abrieron claros en los muros de piedra, volaron mariposas, nos saludaron los abejarucos desde un cielo que aún no amenazaba con eclipses y hubo revelaciones por delante de las aguas.
Hemos pasado la primera prueba, que es la jodida.



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