Leyendo el libro titulado "Ojos llenos de árboles", de Pablo Gallo (Editorial La Felguera) me tropiezo con la figura de Francesca Woodman, una fotógrafa estadounidense, que inmediatamente llama poderosamente mi atención y me hace buscar con prontitud sus imágenes en Internet.
Que se suicidara con solo veintidós años, aparte del lógico choque mental, nos lleva a valorar sus trabajos con la sensación terrible que produce lo inacabado, lo interrumpido.




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