Comienza el tiempo de la propaganda
y de los libelos, amigo
Sancho.
Aquel en el que los rapiñadores
se esfuerzan grandemente
en que no haya prójimos
sino prosélitos,
en el que no haya razones sino bravatas,
en el que no existan
verosimilitudes sino fingimientos
en el que no hallemos testa sino víscera.
Y comienzan también para nosotros,
sin
paladines que lo eviten
ni infantes que nos protejan,
los tiempos de la
melancolía.

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