Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago
sábado, 29 de abril de 2017
jueves, 27 de abril de 2017
Ferreiro
JUAN VIVE MUY BIEN EN CARACAS
La sociedad del bienestar ha venido
por los laberintos de las computadoras.
Un mundo feliz, querido Aldous,
sin pájaros al amanecer, ha llegado.
Juan trabaja en una fábrica de automóviles,
Juan trabaja en una fábrica de tocadiscos,
Juan trabaja en una fábrica de neveras,
Juan trabaja en una fábrica de televisores.
Juan trabaja y ahorra infatigable
para ingresar su dinero en un banco
que es el dueño de la fábrica de automóviles,
que es el dueño de la fábrica de tocadiscos,
que es el dueño de la fábrica de neveras,
que es el dueño de la fábrica de televisores
y de la publicidad que brota en sus pantallas.
Trabaje, produzca, ahorre,
que lo demás es cuenta nuestra.
Usted ponga el dinero
y nosotros pondremos lo demás.
Juan pudo por fin comprarse un automóvil,
Juan pudo por fin comprarse un tocadiscos,
Juan pudo por fin comprarse una nevera,
Juan pudo por fin comprarse un televisor
para ver en su pantalla
la publicidad que su banco desarrolla.
Juan ha conseguido por fin electrodomesticarse,
electroconvencerse de que es mejor estar tranquilo
y electroconducirse como un muchacho bueno
al que nada humano le es ajeno cuando es cómodo.
Los beneméritos, filantrópicos industriales,
con sus aliados mercantiles en comandita
han llenado sus bolsas, porque el dinero
de enero a enero es siempre del banquero,
según dice un refrán
que en otro tiempo hizo el pueblo Juan.
Celso Emilio Ferreiro.
martes, 25 de abril de 2017
Las tumbas del mar
Acostada junto al
mar
navega la
memoria
en bajeles de ventisca.
Sola
en bajeles de ventisca.
Sola
vuela
con alas de
amargura
y de rocío.
lunes, 24 de abril de 2017
Pasión Barroca
Razón inicial de nuestro viaje a Madrid. Por fin pudimos disfrutar en directo de la calidez de L'Arpeggiata.
De pronto el aire se hizo líquido y buceamos entre olas.
Aguanté la respiración durante todo el concierto.
viernes, 21 de abril de 2017
Caravana
En el año 96 participé, desde Interpueblos, en los trabajos previos de lo que fue la II Caravana de Solidaridad con el pueblo saharaui. Han pasado casi 21 años y si todo no está igual, todo está peor. Hoy las fotografías que hice del cargamento de productos y materiales necesarios para la supervivencia de un pueblo se convierten en un pequeño documento de solidaridad y resistencia.
Etiquetas:
Amnesia Histórica,
Fotos encontradas por ahí
jueves, 20 de abril de 2017
Tres
Una foto rara sí que es. Vaya usted a saber que están haciendo estos tres. ¿Se trata de un momento antes de un posado clásico? ¿O es de después?
¿Qué señalan esas manos?
Para tratarse de un campo despejado hay mucho lío ahí.
Sí, sí, sí.
martes, 18 de abril de 2017
Dinero
Cada vez que voy a León, los sábados por la mañana suelo dedicarlos a visitar alguna que otra librería. Y a veces me acerco también a un pequeño mercadillo de objetos más viejos que antiguos, que se celebra en una calle adyacente a la Plaza del Grano. Me suele llevar la curiosidad por artilugios desconocidos, que en algún momento fueron necesarios para la vida cotidiana. Me conformo con mirar y solamente en un par de ocasiones me he decidido a comprar alguna cosa.
En esta ocasión, y por motivos sentimentales, adquirí el billete que se ve en las fotografías, emitido en Santander el 1 de noviembre de 1936, cuando ya se llevaban tres meses y medio de Guerra Civil.
El papel es bastante malo y el billete está deteriorado, aunque era el mejor de los dos que me mostró el paisano que me lo vendió (también tenía algún otro emitido en Bilbao, aunque me decía que estos de Santander son más difíciles de encontrar).
Así que aquí están: cien "pelas" republicanas del año 36. Veinte duros de vellón.
Toda una fortuna.
Toda una fortuna.
martes, 11 de abril de 2017
La ventana de la cocina
En la ventana de la cocina, como si de una alineación deportiva se tratara, está presente el perejil y otras hierbas. A veces, con displicencia, el cocinero abre los postigos y toma el aire. Otras, tijera en mano, se hace con las hojas que necesita para la ocasión y para el puchero.
Señoras y señores, con ustedes y de izquierda a derecha: Ruda, Salvia, Orégano, Albahaca, Cebollino y el mentado Perejil. Para servirles.
lunes, 10 de abril de 2017
Historias de la Jaya Cruzá
Entre los rumores del bosque se cruzan las historias, nacen las conversaciones, se fundan los encuentros, se acuerdan los proyectos.
Y más allá del ramaje la cúpula de niebla nos hace afortunados.
La Jaya Cruzá me recuerda la verdadera naturaleza de mi apellido.
lunes, 3 de abril de 2017
Ispahan: Seis historias y un poema persa
Todos los viajes, a poco que estés atento, tienen mil historias por contar. El de Irán no podía ser menos. Muchas de ellas quedan guardadas en el bosque de la memoria hasta que por fin un día decides internarte entre el ramaje.
La revista digital Amberes ha tenido a bien publicarme una pequeña parte de esas historias que transcurrían en la primera ciudad a la que llegamos: La legendaria Ispahan de los mil y un cuentos.
Puedes, si te place, leerlas pinchando aquí:
domingo, 2 de abril de 2017
Volver a los dieciseis
Hoy, el diario.es en su edición de Cantabria, ha publicado una nueva entrega de los trabajos que desde el grupo Desmemoriados estamos realizando en pos de la recuperación de la memoria colectiva de esta región.
En esta ocasión nos hemos detenido en el aniversario (40 años ya) de la ocupación por los vecinos del Barrio San Francisco de unos locales del constructor para la Escuela Popular 11 de abril.
Junto a la narración aparece una pequeña película de super8 del momento en el que las fuerzas vivas (juez y policías, grises muy grises) vinieron a mi barrio para desalojar.
Y de pronto me veo junto a mis amigos y mis vecinos. Un sorpresivo regreso a mis dieciseis años. Y sobre todo, un emotivo encuentro con mi pasado.
No sé cuantas veces he vislumbrado las imágenes con un nudo en la garganta posando la mirada sobre rostros que ya no están o que hace mucho se adentraron en las nieblas de los desencuentros. Pero ahí estamos todos, un desfile de sombras, protagonistas por esta vez de nuestra propia historia. Conscientes de que ya no somos lo que éramos, pero sabedores también de que somos lo que somos en gran medida porque entonces fuimos.
Juan Bañuelos: Contra el tiempo
Contra el tiempo
No distraigas tus ojos en cosas pasajeras,
no digas que es el mar si sólo ves espuma.
Ignora si es de noche; si es de día, no quieras
un solsticio de bruma.
Si aún estás a mi lado, escúchame de veras,
que me sale este amor por la herida que agruma
días, pasos, recuerdos (mis penas son terneras
con zarpazos de puma).
Buscarnos. Sorprender. Amar en este día
como instantáneo broche en una ardiente espada
que el gozo hizo de labios en su vasta herrería.
¡Tristísimo tarea de luchar contra todo
lo que intenta apartarnos! Amantes de alborada
sobre un crepúsculo de yodo.
Yo a nada he respondido. Ni al tiempo, que al pasar
me empujó tantas veces contra aquella alambrada
que le dicen olvido, y por costumbre, mar.
Juan Bañuelos
miércoles, 29 de marzo de 2017
Lo real
En este país
ni chistes de curas, ni chistes de fascistas.
ni chistes de curas, ni chistes de fascistas.
Pronto estaremos escuchando Radio Pirenaica.
martes, 28 de marzo de 2017
Nosotros
Nosotros
Aquí
edificaré mi casa,
alzaré
las vigas frente al arroyo
en el
que un día jugarán mis vástagos,
y mis
ojos medirán, luego, la distancia
entre
el horizonte y su ausencia.
Aquí
edificaré mi casa,
junto
al arroyo unos árboles
endulzarán
en mis oídos
el vago
peregrinar del aire.
Aquí
edificaré mi casa,
y un
bermejo sendero
anunciará
el recodo
por el
que se acercarán
los
amigos algunas tardes.
Etiquetas:
Fotografías,
Mientras cenan con nosotros los amigos,
Poesía
viernes, 24 de marzo de 2017
Yolanda en el país de los estudiantes
Ayer tuve la oportunidad de ver el documental sobre Yolanda González, estudiante vasca y militante del Partido Socialista de los Trabajadores, asesinada en Madrid por pistoleros de Fuerza Nueva en febrero de 1980.
Yolanda tenía 19 años entonces. Los mismos que yo. Y su temprana muerte fue un aldabonazo para mi generación. En realidad, para aquellos que a finales de los años 70 comenzábamos a militar en la izquierda de este país.
Quizá sin querer, hasta entonces, éramos niños jugando a ser hombres. Pero en aquella época mataron a los abogados de Atocha, la policía disparando al aire mataba estudiantes que apenas volaban, Y también mataron a Yolanda.
Entonces supimos con dolor que pensar en rojo no era ningún juego.
Muchas gracias emocionadas, donde esté, a Isa Rodríguez por hacer posible este documental. Y también a Marianella y Miguel por difundir la memoria y la verdad.
jueves, 23 de marzo de 2017
La Matinada
"Que volem aquesta gent...?". ¿Quién es esta gente que llama de madrugada?
Esta mañana en el centro de rehabilitación en el que me tratan la lesión de tobillo sonó esta canción como música de ambiente, y uno de los profesionales le preguntó a un aprendiz de 20 años, como mucho, si sabía quién era la intérprete. Por supuesto el chaval no tenía ni idea de quien era María del Mar Bonet. Y desde luego tampoco le hablaron del significado de una canción con tal nivel de dramatismo.
La verdad es que por un momento estuve tentado de explicarle que hay un tiempo de este país (y de otros) en el que los estudiantes como él volaban por los huecos de las escaleras o tenían la dudosa facultad de desaparecer en noches de ogros y tristeza; y que los guardianes del régimen madrugaban mucho.
Pero, ¿para qué?, si no tengo el día.
miércoles, 22 de marzo de 2017
Jorge Teillier, el sol, la primavera y la poesía
El pasado domingo tuve la oportunidad de leer algunos poemas en la fiesta de primavera de la Calle del Sol. Fue algo que me hizo ilusión. También me gustó esta fotografía. Son cosas que pasan a veces (parece mentira, pero lo de menos es la Revolución Rusa).
Acabé mi intervención con un poema de Jorge Teillier que me emociona cada vez. Y supongo que en eso consiste el poder transformador de la poesía (al menos para mí).
Así que hoy, pasada la artificial celebración del Día de la Poesía (no deja de ser curioso que se quiera identificar la poesía con la primavera), y que ésta regresa impoluta a sus cuarteles de invierno y, de paso, a la resistencia, me apetece emocionarme otra vez con...
RETRATO DE MI PADRE, MILITANTE COMUNISTA
En las tardes de invierno
cuando un sol equivocado busca a tientas
los aromos de primaveras perdidas,
va mi padre en su Dodge 30
por los caminos ripiados de la Frontera
hacia aldeas que parecen guijarros o perdices echadas.
O llega a través de barriales
a las reducciones de sus amigos mapuches
cuyas tierras se achican día a día,
para hablarles del tiempo en que la tierra
se multiplicará como los panes y los peces
y será de verdad para todos.
Desde hace treinta años
grita "Viva la Reforma Agraria"
o canta "La Internacional"
con su voz desafinada
en planicies barridas por el puelche,
en sindicatos o locales clandestinos,
rodeado de campesinos y obreros,
maestros primarios y estudiantes,
apenas un puñado de semillas
para que crezcan los árboles de mundos nuevos.
Honrado como una manta de Castilla
lo recuerdo defendiendo al Partido y a la Revolución
sin esperar ninguna recompensa
así como Eddie Polo -su héroe de infancia-
luchaba por Perla White.
Porque su esperanza ha sido hermosa
como ciruelos florecidos para siempre
a orillas de un camino,
pido que llegue a vivir en el tiempo
que siempre ha esperado,
cuando las calles cambien de nombre
y se llamen Luis Emilio Recabarren o Elias Lafertte
(a quien conoció una lluviosa mañana de 1931 en Temuco,
cuando al Partido sólo entraban los héroes).
Que pueda cuidar siempre
los patos y las gallinas,
y vea crecer los manzanos
que ha destinado a sus nietos.
Que siga por muchos años
cantando La Marsellesa el 14 de julio
en homenaje a sus padres que llegaron de Burdeos.
Que sus días lleguen a ser tranquilos
como una laguna cuando no hay viento
y se pueda reunir siempre con sus amigos,
de cuyas bromas se ríe más que nadie,
a jugar tejo, y comer asado al palo
en el silencio interminable de los campos
En las tardes de invierno
cuando un sol convaleciente
se asoma entre el humo de la ciudad
veo a mi padre que va por los caminos ripiados de la Frontera
a hablar de la Revolución y el paraíso sobre la tierra
en pueblos que parecen guijarros o perdices echadas.
Jorge Teillier
martes, 21 de marzo de 2017
Un bardo con cresta
Amanece el Día Mundial de la Poesía con los gorgoritos de este gallo malaje que ha tomado al asalto el techo de mi furgoneta como atalaya. Y ahí sigue. No tengo muy claro si es que avizora en lontananza los escuadrones de lectores que se acercan a galope tendido o que en cualquier momento me va a avisar de una invasión de poetas malditos o de malditos poetas (que de todo hay en este Parnaso pecador). Por si acaso tomaré precauciones y me refugiaré en la trinchera. Tal vez cenemos gallo.
lunes, 13 de marzo de 2017
Cigüeñas en el norte
No es lo habitual, pero a veces sucede.
Lo normal es que estacionen más al sur, buscando el calor en territorio de la meseta. Sin embargo estas cigüeñas construyen su casa cerca del mar. Aquí, en este norte desacostumbrado.
jueves, 9 de marzo de 2017
Paisaje de Escalante
Hace bastantes años el Museo de
Arte Moderno de Santander me pidió que "alucinara" con un cuadro de
sus colecciones y me apeteció alucinar con un paisaje de mi pueblo
perteneciente al artista Gerardo de Alvear. La cuestión fue un poco complicada,
parece ser, porque esta pintura yo la recordaba de una visita que hice de niño
al museo pero, en las fechas en las que había de celebrarse la alucinación (año
2005), este cuadro ya no se encontraba en el recinto del museo, sino en el
despacho del alcalde de la ciudad. Total, que mi alucinación hubo de hacerse
ante una reproducción del cuadro y no ante el cuadro original. No sé qué les
hubiera costado...
Bueno, que
tampoco sé la razón por la que ahora me acuerdo de todo esto. Supongo que se
tratará de algún arrebato de nostalgia. La infancia recobrada y todo eso.
Aquí va la
alucinación:
Paisaje de Escalante
Desde luego, el
hombre que mira el cuadro ha tenido ya, en sus suficientes años, la oportunidad
de observar otros paisajes. Ha transitado por sendas impensables. Se ha asomado
al vacío. Ha mirado en los ojos de otros. Ha leído en las enigmáticas líneas de
muchos horizontes. Y ha sentido vértigo. Pero sobre todo, se ha sentido desnudo
y frágil en la inmensidad insondable de las historias de los hombres. Por eso,
el hombre que ahora mira el cuadro, viendo un paraje ciertamente familiar,
siente que le falta algo, algún detalle que no parte del sentimiento ni de la
mano que un día sostuvo el pincel y aplicó los colores cercanos de la bruma y
de la melancolía.
El espectador
intuye que es en su destino errático donde se encuentra la llave, ese no
amoldarse a su pesar a ningún lugar, a ningún espacio. Y por ello se reconoce
inquieto ante las claves de su origen que, sin saberlo, un pintor en un tiempo
lejano dejó impresas en la tela.
El hombre que mira
el cuadro piensa que su tierra en él es fría y silenciosa. Pero, tal vez, esa
percepción tan subjetiva tenga que ver con su estado de ánimo. También cree que
a todo paisaje le falta la vida si no están sus habitantes. No obstante, de
nuevo debe exculpar de su propia negligencia al autor de la obra, puesto que es
necesario admitir que su tierra, aún fría y silenciosa, ha sido retratada a la
manera ideal y con la delicadeza de un nuevo Brigadoon, que puede desaparecer
para siempre al mínimo descuido.
Quizá atravesado
por ese miedo, el hombre que mira el cuadro se esfuerza en estos momentos en
adivinar todo lo que hay en su interior. O quizá el desasosiego y ese deseo
imposible de ni siquiera parpadear se deban al temor de perder para siempre las
raíces en medio de un sueño o de un recuerdo.
Sea por lo que
sea, aunque sin querer, el hombre parado frente al cuadro, acaba por recordar y
se imagina, mucho más joven, casi un niño, apoyándose en una vetusta bicicleta
azul y contemplando la misma imagen, tan real, casi desde el mismo ángulo que
el pintor años atrás.
Ve a lo lejos
Montehano, esa singular elevación cónica que se aprecia a la izquierda, y que
en su recuerdo ya tiene las cicatrices de la cantera fruto de la voluntad de
los hombres. También el monte sigue guardando aquellos nidos de ametralladoras
que debieron flanquear mucho antes una controvertida retirada de “gudaris”
hacia Santoña. Montehano entre la niebla es un monte mágico (ya lo fue para los
romanos) que ha acompañado con el sigilo de los amantes fieles las vidas y las
muertes de la gente de este pueblo.
Al pie del monte
se encuentra la marisma. Ni a mar llega. Y por que no llega el mar, se hace
difícil entender en estos días que haya quién piense que antiguamente hubo aquí
unos astilleros que pudieran ver surgir a la Nao Santa María. Lo que
sí es cierto es que el hombre que mira el cuadro, cuando era niño, deambuló
mucho con su padre por estos lares con balsa hasta las rodillas, con un ojo
puesto en la búsqueda de cámbaros, almejas, ostras, chirlas y muergos, y el
otro en las orillas por si se veía venir algún coche de la Guardia Civil.
También en este mismo lugar supo por Paco el portugués, un vecino inflamado por
la nostalgia, que esas mismas almejas que atrapaba escarbando el fondo con un
rastrillo y un cesto, y el agua hasta el pecho, eran en su tierra gordas como
puños. Y que las codornices que a veces se soltaban por los prados del
pueblo para disfrute de cazadores, eran en Portugal, cuando se echaban a volar,
como una nube que tapaba el cielo. El niño, ya para entonces bastante
incrédulo, no por eso dejó de apuntar en su memoria que aquel del que hablaba
Paco, su tierra abandonada por quién sabe qué razones, era un buen destino como
inicio para quien quisiera emprender el vuelo, al igual que las
codornices.
El hombre
que en su memoria es todavía un niño apoyado en su bicicleta, de pronto
advierte que en el cuadro, delante de la Iglesia, no está pintado el cementerio. Y ese
lugar es, sin duda, un elemento imprescindible en esta fantasía, en este
regreso. Pues es ahí donde reposan sus ancestros, aunque tenga la esperanza
también de que ese espacio robado al sueño no aguarde todavía por él.
Cualquiera sabe el derrotero de su pobre humanidad. A veces ha paseado por ese
camposanto olvidado sin ánimo malsano. Solamente por el placer de la soledad.
Allí se encuentra
su abuelo paterno, que murió un mes de agosto en plenos festejos patronales
mientras afuera, a escasos metros, sonaba la música dicharachera de los
caballitos. Su abuelo que volvió de Cuba casado con su abuela, un montón de
libros y una maleta de madera con herramientas de carpintero. Un abuelo que
apenas conoció, salvo por las pequeñas notas que fue sembrando por las páginas
de aquellos libros, sin intuir siquiera la recolección que su nieto, adornado
por la misma afición a la lectura, habría de realizar muchos años después.
En ese mismo
cementerio descansa su otro abuelo, que al igual, pero al contrario, que en los
versos de León Felipe, éste perdiera una batalla. ¡Que pena!. Un abuelo que,
según decía con abundante sorna, fue el primero de la familia en entrar en la Universidad, cuestión
plausible y de harto mérito para un humilde labrador si no fuera porque pasó
una buena temporada prisionero en la Universidad de Deusto cuando cayó el Frente del
Norte en la Guerra
Civil.
Muy cerca de estos
abuelos se encuentran sus esposas, las abuelas, mujeres fuertes y estranguladas
por ese tiempo tan mohíno y tan gris que tocó vivir, y del que el hombre que
mira el cuadro, a pesar de añoranzas y de nostalgias pasajeras, se arrepiente
la mayoría de las veces, pues no en vano su infancia transcurrió dentro de esa
niebla mefítica que alardeaba de la mediocridad reinante y que señalaba con
dedo acusador mientras ordenaba lo que se debía pensar y lo que era necesario
no decir.
Por eso el hombre
vuelve a ser niño por un momento, solamente por un momento, para rememorar las
burlas del hijo del cabo de la
Guardia Civil, virrey en la plaza del pueblo con su guerrera
verde y su tripa gorda. El hijo del cabo, enseñado a despreciar todo lo
desconocido, disciplinado en la arrogancia del poder beodo, entronizado por
otros muchachos del pueblo que, acunados por el miedo, eran los cantantes de
aquel coro de bufones empeñado en herir a un niño de ciudad que regresaba todos
los veranos al pueblo de sus padres.
El hombre que mira
el cuadro solamente recuerda un momento de triunfo infantil, pero que le sirve
para sonreír, cuando aquella pandilla de brutos retadores, saliendo del ámbito
de la fuerza física, decidieron que puesto que eran más fuertes también
sabían más que él. Por eso recuerda con satisfacción la cara de todos cuando
sacó a relucir el nombre de dos afluentes del río Ebro, que sonaban a chino
mandarín en medio de aquella plaza. Vivan por tanto, para este hombre maduro
ya, por los siglos de los siglos, el Noguera Ribagorzana y el Noguera
Pallaresa.
El hombre, que aún
continúa mirando el cuadro, aunque percibe íntimamente que ya va siendo hora de
correr la cortina y regresar a otros paisajes, sigue pensando que hay en él un
panorama familiar y desconocido a la vez, y piensa con desconfianza que una
alucinación como la que le han solicitado, y a la que se ha entregado demasiado
descuidadamente, cuando no es una imperceptible visión del pasado, es, tal vez,
un indeseable recuerdo de lo que vendrá.
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