La nube en la boca
martes, 1 de septiembre de 2026
viernes, 28 de agosto de 2026
El Klan
Cuando dicen que convoca la Federación Española de Municipios y Provincias, en realidad están ocultando que quien convoca es la extrema derecha de este país (es difícil distinguirles ya).
Cuando dicen que las concentraciones son en apoyo a Ceuta, ese "apoyo a" es algo tan ambiguo que hay pocos problemas para saber que verdaderamente es "en contra de".
Podríamos pensar que ese "en contra de" se personifica en gente pobre y de piel oscura que suele rezar mirando a La Meca (los que miran a La Meca con la billetera repleta les molestan menos).
Pero la cosa es más enrevesada porque en realidad la maquinaria se pone en marcha cada vez, migrantes mediante, con la intención de hundir al gobierno de este país de la manera que sea (por lo criminal meramente).
Es cuestión de táctica, estrategia y aprovechamiento de resquicios. Lo llevamos viendo mucho tiempo. Es la mecánica del palito entre las ruedas.
Lo jodido es ver cómo manipulación tan grosera cala en gente que piensa que al país se le defiende quemando míseras pertenencias y deteniendo los víveres de la solidaridad.
A ellos, los patriotas de tres al cuarto, y a los estrategas de la mentira les está quedando un Ku-Klux-Klan de lo más aparente.
Los demás nos quedamos con la vergüenza de compartir pasaporte con semejantes estantiguas.
miércoles, 26 de agosto de 2026
A mí me gusta mucho Silvia Pérez Cruz (y no es solo por cómo canta)
Silvia Pérez Cruz lleva su canto a una Habana en penumbras
La voz de la cantante española provocó un estado de gracia en una audiencia que logró aliviar por unas horas el dolor de una profunda crisis económica
Cuba parece estancada en su propia zona abisal, sin visos de emerger a la superficie, desde que Trump impuso la asfixia petrolera y las subsecuentes sanciones al país caribeño; la gente, en su mayoría, ha perdido la noción de los días, debatidos entre resolver necesidades básicas como agua, luz y gas, o llevar adelante el trabajo que permita comprar alimentos. Por eso, cada vez menos gente se permite acudir a la poca oferta de ocio, encarecida, que aún hace vibrar ciertos espacios en las ciudades. Por eso, cuando Silvia Pérez Cruz anunció un concierto gratuito en La Habana, como parte de la gira por Latinoamérica de su más reciente disco Oral Abisal, se desató la euforia entre una parte del público habanero, que vio la oportunidad como un soplo de aire fresco para su sofocante realidad.
Y esos vientos soplaron este 23 de agosto, como un hálito redentor, en esa zona de La Habana Vieja donde se cruzan las calles Cuba y Amargura. Allí se levanta la iglesia de estilo renacentista de San Francisco El Nuevo, entre solares donde habitan decenas de familias hacinadas y joyas arquitectónicas del centro histórico. A las afueras del templo, mientras la tarde empezaba a caer, decenas de personas formaban una nutrida y dispersa cola, una alteración del ritmo cotidiano del barrio, entre familias que salen con sillones a tomar el fresco, en las estrechas aceras o directamente en la calle, otros que juegan dominó, mendigos que deambulan constantemente, basura desperdigada por las esquinas, hombres tirando de carretones repletos de bidones con agua, o la abuela que mandó a sus nietos a un recado y van por la calle, dinero en mano, correteando, apenas vestidos con un short para burlar el calor de agosto.
En medio de todo ese trasiego, quienes esperaban para entrar a la iglesia —al concierto—, parecían una anomalía, un cúmulo de gentiles a punto de disfrutar de un placer culpable. Pero adentro esperaba la gloria prometida de escuchar una voz que pareciera evocar la paz sobrevenida tras cualquier exaltación del espíritu. Y los cubanos conocen bien esa sensación, y la extrañaban, tras la última presentación de Silvia Pérez Cruz en la capital cubana en 2022. Con ese recuerdo vivo, que auguraba la mejor de las veladas, cientos de personas colmaron el interior del recinto, sentados en los bancos, en el suelo, rodeando un escenario improvisado, sitiado por linternas con forma de cirios —que la artista trajo consigo—, a los pies del altar mayor. En el centro, cuatro sillas, una guitarra lista, un micrófono para la voz, un pequeño amplificador y unas flores. Nada más.
Un calor intenso y pegajoso lo inundaba todo, la gente se abanicaba sin cesar, se secaba las gotas de sudor, tomaba agua. Cuando el público se dio cuenta, Bori Alberto (contrabajo), Marta Roma (violonchelo) y Carlos Monfort (violín) estaban dando rienda suelta a la maravilla y una voz, como venida de una realidad insondable, se escuchaba desde lo alto del templo. Silvia Pérez Cruz, vestida de blanco, abrió así una pausa en el agitado tiempo de los cubanos. Nada más importaba a esa hora, ni la crisis endemoniada sin fin, ni los apagones, ni el alto costo de la vida. La voz de Silvia provocó ese estado de gracia en el espíritu de una audiencia que se sintió conmovida con la alegría y la sensibilidad de unos músicos que lograron traducir su declaración de amor en una auténtica celebración musical, donde el público también acompañó muchos de los coros que Silvia, imaginativa e incombustible, les iba lanzando.
“Tenía muy claro que en esta gira por Latinoamérica quería volver a Cuba”, dijo la artista a la primera oportunidad, quien ya realizó varios viajes a la isla en el pasado, donde cosechó fuertes vínculos personales y artísticos. “Quería venir a dar lo que yo sé hacer y decirles que los pensamos, los queremos mucho”, comentó la intérprete, cuyo concierto en La Habana fue diseñado con austeridad y con el apoyo de una red colaborativa de amigos que prestaron equipos e instrumentos musicales a la artista. “Queríamos hacer un concierto sin depender de la electricidad, también para sentir de nuevo que la música es libre y por lo menos no depende de un enchufe”, dijo.
Esa libertad se sintió en cada tramo del concierto, en cada una de las canciones que Silvia seleccionó de Oral Abisal para la ocasión, una novedad para el auditorio que las disfrutó como si las conociera de toda la vida, a la altura de las versiones de 20 años y La tarde, que la artista se dio el lujo de interpretar junto al tótem de la guitarra Alfred Artigas; en la gracia del cantautor cubano Roly Berrío, que se sumó a la fiesta y la comodidad de un público que se animó a pedir canciones al azar, a una artista que les correspondió —Verde, Mañana. Silvia cantó, consoló, acunó los ánimos. Silvia no quería irse, nadie quería, cuando la tarde cayó, la oscuridad se impuso y la única luz que podía verse iluminaba a los músicos, rodeados de linternas de colores con forma de cirios.
Silvia jugó con el público, con las melodías, con los colores de los cirios que cambiaba a su antojo y ya, después del bis y otro bis, cuando ya todos estaban de pie, parados alrededor de ese centro de luz, en medio de la oscuridad, como si de una fiesta pagana se tratase, Silvia pidió cantar con todos “una más”. Y mientras cantaban, a capella, De que callada manera, de Pablo Milanés, Silvia repartió los cirios entre el público y la gente salió cantando de la iglesia, de la oscuridad interior, a la oscuridad del resto de la ciudad, como cada noche desde hace meses. Pero durante un par de horas, este domingo se sintió diferente.
martes, 25 de agosto de 2026
Estorninos
domingo, 23 de agosto de 2026
Oración para observadores de pájaros
sábado, 22 de agosto de 2026
viernes, 21 de agosto de 2026
Obituario
jueves, 20 de agosto de 2026
Luna que pasa
Ha transcurrido una semana solamente y ya parece un siglo. Es un cromo gastado que ya no alienta esperanzas ni deseos. Todo se sucede, todo se acelera sin pausa y el próximo eclipse queda muy lejos. El anterior ya no sirve ni como pólvora para disparar mentiras.
La lluvia de hoy anticipa el otoño que viene. Luna que pasa no mueve el molino.
martes, 18 de agosto de 2026
Granada
domingo, 16 de agosto de 2026
Un cuenco de avellanas
viernes, 14 de agosto de 2026
Manituana
jueves, 13 de agosto de 2026
El eclipse rural
miércoles, 12 de agosto de 2026
Nube
martes, 11 de agosto de 2026
Revelación
domingo, 9 de agosto de 2026
Sentir
viernes, 7 de agosto de 2026
Nápoles
martes, 4 de agosto de 2026
En la palma de mi mano cabe una isla entera













