Ruta del Alba. Parque Natural de Redes (Asturias)
La nube en la boca
Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago
jueves, 3 de abril de 2025
miércoles, 2 de abril de 2025
El Alta
Los del Alta, cuando íbamos al centro para algún tipo de gestión o para acudir al médico, siempre decíamos que bajábamos a Santander, como si aquellas alturas que nos albergaban fueran aún una continuación de los pueblos de donde venían nuestros padres, y a los que nosotros regresábamos todos los años para pasar los veranos.
En realidad El Alta era solamente una delimitación, una larga línea fronteriza con árboles en fila a ambos lados. Porque nosotros, de donde éramos de verdad era de la ladera norte; esa que daba la espalda a una ciudad inverosímil en la que nos adentrábamos rara vez y únicamente para cosas serias y de mayores. Solamente hacíamos una salvedad, cruzando el callejón de la mona, para ir a cambiar tebeos al quiosco de Benjamín o para conquistar de cuando en cuando las habitualmente vedadas pistas deportivas del Colegio de La Salle. Para qué nos íbamos a alejar más.
La ladera norte adonde miraba de verdad era a ese mar de los pobres de entonces que seguimos llamando La Maruca. Allí con el buen tiempo y cuando aún era un lugar tierno y salvaje, nos dirigíamos todos los del barrio, familias enteras en procesión pertrechadas con sombrillas, sillas de playa y neveras portátiles a pasar buenamente los días de asueto y sus canículas.
El Alta era una arteria larga que, en nuestro lado, estaba repleta de barrios repetidos como si todos, en aquellos edificios tan iguales de ladrillo y hormigón, fuéramos siameses. Por allí, por aquella carretera, pasaban algunos vehículos atufando a los plátanos y a los viandantes que deambulaban en los atardeceres. Alguna vez veíamos pasar una vuelta ciclista, como aquella en la que, en uno de mis primeros recuerdos infantiles, una moto del séquito atropelló a un niño imprudente que a veces jugaba conmigo. También pasaba por delante todos los días, desfilando, la tropa del cuartel camino de la Virgen del Mar y vuelta. Y nosotros nos asomábamos a las aceras por ver a nuestros hermanos mayores o a nuestros primos, marciales y uniformes. Supongo que tan marciales y uniformes como aquellos otros que pasaron por allí mucho tiempo antes de que naciéramos y a los que, parece ser, mandaba un general que tenía el nombre que la oficialidad se empeñaba en poner a nuestra calle que, como todo el mundo sabía por aquellos contornos, solamente tenía un nombre verdadero. El Alta. Sin más.
martes, 1 de abril de 2025
jueves, 27 de marzo de 2025
Sin Tarima Libros
Librería Sin Tarima. Madrid.
Si en el mismo paisaje te encuentras una viñeta de Forges, un cartel que nombra a Chile y un mapa de Palestina, ¿qué haces?
Haces la fotografía para que no se te olvide y luego entras a la librería como si entraras a la nave de los locos y, ¡claro!, te compras un libro, porque comprarse un libro es homenajearte a ti y homenajear a la librería.
jueves, 20 de marzo de 2025
Son de negros en Cuba
Cuando llegue la luna llena iré a Santiago de Cuba,
iré a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Cantarán los techos de palmera.
Iré a Santiago.
Cuando la palma quiere ser cigüeña,
iré a Santiago.
Y cuando quiere ser medusa el plátano,
iré a Santiago.
Iré a Santiago
con la rubia cabeza de Fonseca.
Iré a Santiago.
Y con el rosa de Romeo y Julieta
iré a Santiago.
Mar de papel y plata de monedas.
Iré a Santiago.
¡Oh Cuba! ¡Oh ritmo de semillas secas!
Iré a Santiago.
¡Oh cintura caliente y gota de madera!
Iré a Santiago.
Arpa de troncos vivos. Caimán. Flor de tabaco.
Iré a Santiago.
Siempre he dicho que yo iría a Santiago
en un coche de agua negra.
Iré a Santiago.
Brisa y alcohol en las ruedas,
iré a Santiago.
Mi coral en la tiniebla,
iré a Santiago.
El mar ahogado en la arena,
iré a Santiago.
Calor blanco, fruta muerta,
iré a Santiago.
¡Oh bovino frescor de cañaveral!
¡Oh Cuba! ¡Oh curva de suspiro y barro!
Iré a Santiago.
Federico García Lorca.
Poeta en Nueva York.
Colección Huerta de San Vicente.
Editorial Comares/Huerta de San Vicente.
lunes, 17 de marzo de 2025
El cristal de la despedida
Me acuerdo de Irlanda, o más bien de las ovejas de
Irlanda
y de aquella carretera áspera, calamitosa, nocturna y solitaria
por la que íbamos sorteando ovejas tumbadas perezosamente
al calor del asfalto. Me acuerdo de su lana señalada
de verde o de escarlata: Ovejas punkies decíamos.
Me acuerdo de la Garda que nos esperaba a la vuelta de
una curva
en la que las ovejas parecíamos nosotros, tan
despistados,
tan felices de estar allí y no en otra parte, tan felices
de estar vivos,
tan llenos de la noche y tan perplejos,
que las desacostumbradas
estrellas del cielo
nos salían por los ojos como encendidas levedades
o como sueños que soñábamos despiertos.
¿Qué hacen ustedes por aquí a estas horas tan tardías,
por estos lugares abandonados en los que a nadie
se le ha perdido nada, salvo ovejas, tal vez, o rutas
insondables?
Me acuerdo de las ovejas, pero no recuerdo si mentimos
a aquel uniforme azul con nuestra sonrisa más convincente
y nuestro desafortunado y triste inglés de egebé.
O quizá es que no tenía sentido alguno inventar fábulas
cuando, poniendo por testigo a las ovejas, dirigíamos los
pasos
a la primera taberna que encontráramos en el camino
y a la última pinta que honrara convenientemente,
sin saberlo todavía, el amargo y futuro trago de las
despedidas.
MCH
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Poesía
sábado, 15 de marzo de 2025
Peatón
Hanoi. 2002.
Sí, es un paso de cebra, pero es un invisible paso de cebra para todos salvo para el peatón. Por tanto el tema de las preferencias de paso queda un poco diluido. No digamos ya la cuestión de los semáforos en rojo, que directamente no significan nada.
Al peatón le costó cierto tiempo acostumbrarse a las avalanchas de motocicletas que nunca se detenían y empezó a observar los ademanes de los viandantes del lugar. Había que cruzar la carretera decidido, en línea recta, sin mirar a los lados, sin dudar lo más mínimo, encomendando su naturaleza y su espíritu a la pericia de los motoristas que lo sorteaban como si fuera una nadería, un pequeño estorbo en su continuo deambular, en un perpetuum mobile de motores estridentes. Jugarse el físico al mahjong.
viernes, 14 de marzo de 2025
Tiempos de vigilia
El 12 de marzo de 2020, algo debíamos barruntar porque
escribí en el blog (ya sé que se han pasado de moda, como yo, pero los sigo
prefiriendo) lo que aparece en la fotografía. Mi perro Mayo aún estaba vivo,
aunque a partir de ahí empezó a decaer de forma inexorable, y a él le debo unos
cuantos paseos liberadores durante el encierro. Esta entrada del blog fue el
comienzo de una sucesión de escritos, uno cada día, que sirvieron para llenar
mi tiempo, mantener la cabeza ocupada y no rendirme en los tiempos de vigilia
que llegaban.
Hubo un momento, algún mes después, en que tomé la determinación de concluir
con aquella ristra de textos que tomaron el nombre de "Esto no es un
diario" y así lo anuncié. Mi sorpresa llegó cuando comencé a recibir
mensajes de amigos y conocidos pidiéndome que no lo dejara pues a ellos, como a
mi, les servía y les hacía compañía. Lo cierto es que seguí con ello, aunque ya
no bajo el mismo título. La cosa se extendió hasta finales de octubre en el que
yo también contraje el Covid 19, en un momento en el que aún no había vacunas a
las que agarrarse como a un clavo ardiendo. ¿Miedo?, pues sí. ¿Esperanza?,
también. Pero también rabia e indignación, y algo de escepticismo ante los
cantos en los balcones y ante las taras de egoísmo de las que llegaban
noticias.
Desde luego, mejores no salimos, pero hubo mucha entrega y generosidad que
venía de serie. Como de serie venía también, sin embargo, ante lo extraordinario, ese mundo de
delatores y de olvidos conscientes que caracteriza en gran medida al género humano.
En suma, nada nuevo bajo el sol. La capacidad de lo mejor y de lo peor va
implícita.
Ayer estuve viendo en televisión testimonios de gente que perdió familiares de
la peor manera posible y de personas que relataron la crudeza de su trabajo en
las residencias en aquellos días. Y ayer, como entonces (todavía tengo
capacidad de sorprenderme), seguían acudiendo, silenciosamente, las lágrimas a
mis ojos.
Retrato cohibido
El óvalo de tu cara
en cuarto creciente
y una mano que
sostiene la tormenta.
Los dedos a punto
de levantar el vuelo
como pájaros al aire.
MCH
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Retratos
martes, 11 de marzo de 2025
La poesía
Tengo una amiga que durante varios años consecutivos me felicitaba un día de marzo, simplemente con un "felicidades, poeta", sin que yo supiera exactamente el motivo (por entonces tan indeterminado para mi como el día de marzo). Al principio yo lo achacaba a la cercanía de San Patricio (17 de marzo), por aquello de mi afición a lo irlandés (aunque no tanto a lo religioso), pero tampoco me cuadraba claramente.
Con el tiempo (dos o tres años después, llámenme obtuso) descubrí la verdadera razón, cuando advertí que hay un día para todo, hasta el punto de que no tiene suficientes días el año para tanta onomástica, para tanto todo.
Pues bien, el día 21 de marzo es la celebración del día de la poesía. Quítenle el miedo, por favor, aunque sea por ese día. Sepan que la poesía, se fabrique con mayor o menor fortuna (eso ya es otro cantar), es el rasgo más representativo de la alquimia. Ustedes toman las palabras, las reducen a cálidas emociones en un matraz, las escancian como lágrimas, gota a gota, y las recogen con esmero en unos pocos versos. Ustedes creen que ahí está la poesía y, sin embargo, lo más probable es que se encuentre en otra parte, en lo invisible, en el vapor que en el proceso se escapa.
¿Es, por tanto, la poesía inalcanzable? Más bien no. La poesía es, tal vez, uno de las manifestaciones más humanas y, por tanto, está, si se quiere percibir, en todas partes. Se puede respirar mezclada con el aire.
Entonces, ¿por qué limitarnos a respirar un día pudiendo hacerlo siempre?
miércoles, 5 de marzo de 2025
La sopa
Voy a dejar de leer los telediarios. Voy a dejar de ver la radio. Hasta voy a dejar de escuchar la prensa.
Ahíto estoy.
Antes fue el zar de Ucrania. Luego el portavoz del ejercito israelí, con su cara de bobo, que no recuerdo cómo se llamaba ni me importa. Y ahora él, el matón del barrio, esa especie de extorsionador que recuerda al correo chungo enviado por la mafia calabresa para sacar la pasta a los humildes tenderos de la cocina del infierno. Protección lo llaman.
Todo el puñetero día, desde hace años, frente a mi, enrocados en la sala de estar, apoltronados en el sillón orejero, dictándome su basura a la hora de comer mientras me acabo la sopa. Esa sopa hecha de miserias y de espeluznos.
Que podría parecer de fideo, pero es de perdigones.
lunes, 3 de marzo de 2025
domingo, 2 de marzo de 2025
La casa de Yannis Ritsos
Al sur del Peloponeso se encuentra la ciudad de Monemvasía. Y a la entrada del recinto amurallado, nada más atravesar el itsmo que la une al continente, te tropiezas con la casa natal del poeta Yannis Ritsos.
Si alguna vez sus pasos les acercan por esos lugares no dejen de conocer Monemvasía, tampoco la poesía de Yannis Ritsos.
Nadie sabe nada de nosotros cuando hablamos en voz muy baja al oído de una mariposa.
Nadie recuerda cómo conversó con el alba cuando las flores conocían su voz y los pájaros, llevando banderas y clarines, desfilaban como soldaditos de plomo por el sendero que esbozaba el primer rayo de luz.
Nosotros algo recordamos cuando la primavera abre las ventanas y sacude las sábanas del sueño en medio de la luz.
Por algún lado se vislumbra el mar.
El campo se acerca semejante a una verde tortuga que despierta.
Después, el campo se vuelve igual al campo y nosotros a niños que jugamos en el campo.
Yannis Ritsos
Sueño de un mediodía de verano
Traducción de Selma Ancira.
Acantilado.
sábado, 1 de marzo de 2025
viernes, 28 de febrero de 2025
Derogaciones y recontraderogaciones
No tengo ni idea de hacia dónde derivará la admisión a trámite por el Tribunal Constitucional de la derogación de la Ley de Memoria Histórica y Democrática de Cantabria, porque uno, aunque prefiere ahorrarse la contemplación de los laberintos en los que nos meten los leguleyos, ya se está acostumbrando al vértigo de las decisiones judiciales de este país.
Pero creo que si puedo decir que los derogadores, que ya se han apresurado a justificar y a manifestar que aquí no pasa nada, yerran a sabiendas cuando señalan que el revés que sufren con ello es una simple cuestión administrativa que no les va a apartar, prietas las filas, de sus íntimos y húmedos deseos. Veremos, porque hay partido, más popular (ya está bien de hurtarnos las palabras) y más transversal que el suyo.
También afirman, con cierta malevolencia, que la misma legitimidad tiene el estoque que ellos aplicaron a la ley como la misma ley promulgada en la anterior legislatura. Y sin embargo, miren que me parece a mí que no. La "vacuca" por lo que vale. De ninguna manera, ni real ni moralmente, es lo mismo una derogación para el olvido que una ley para los olvidados.
Imagínense el caletre de estos adefesios y, sobre todo, de sus socios, que ya han dado sobradas muestras de sus desatinos a lo largo y ancho de esta tierra de conejos. Imagínenselos. Con la misma lógica disparatada con que cargan sus miserables trabucos ideológicos podrían legitimar cualquier cosa: el regreso de la esclavitud, el partido único, las lobotomías para los que no son como ellos, los campos de concentración para inmigrantes en países intermedios, las vallas gigantes en las fronteras, los resorts y las piscinas en territorios previamente bombardeados...
La biblia en verso, ¿no?
viernes, 21 de febrero de 2025
Pinzón vulgar (pero menos)
En mi visita a La Gomera me topé con este ejemplar de pinzón en las alturas del Parque de Garajonay. Un poco raro me pareció su aspecto hasta que descubrí que se trata de una subespecie endémica que se encuentra en tres de las islas Canarias. Su nombre científico: Fringilla canariensis.
jueves, 20 de febrero de 2025
Hoy me he levantado de aquella manera
Tú.
Con tus labios infinitesimales en forma de o,
como a punto, siempre, de hacer aritos
con los vapores mefíticos del agente naranja.
Tú,
con tus puñitos sincopados
y tus teatrales aires de “duce” espasmódico.
Tú, con tu tupé
de “gangster” de opereta.
Tú, con tu tupé
de extorsionador de tres al cuarto
en la cocina del infierno.
Tú con tu tupé
de agente inmobiliario de los territorios arrasados.
Tú,
patriarca enano de arribistas.
Tú.
¿Conoces acaso la esencial diferencia que marca
un mero, sencillo y humilde signo?
Por ejemplo, entre las palabras
“disparate” y “DISPÁRATE”
¿Sí? ¿No? ¿Tal vez?
Es solo, en sentido amplio, una simple virgulilla,
como tu tupé
o como la que luces,
so hez,
entre las piernas.
lunes, 17 de febrero de 2025
Los enamorados
Veían animales en la cordillera,
animales que no suelen vivir en la cordillera
sino más bien en climas cálidos,
el mundo se poblaba en un instante
y el arca de Noé se desplazaba hacia la costa:
el mundo era una sola presencia.
En este ir y venir pasaron algunos de sus días felices
y al regresar no cabían ya en la realidad.
Pedro Lastra.
Baladas de la memoria.
La Cruz del Sur. Pretextos.
domingo, 9 de febrero de 2025
Canciones
mirlos,
herrerillos,
zorzales,
camachuelos,
chochines,
carboneros,
de árbol a árbol,
de niebla en niebla,
en la verde y gris
espesura,
cantan palabras
que solo comprendo
entre la soledad
y el corazón.
MCH
sábado, 8 de febrero de 2025
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