Desde luego esto ya no es lo que era. Los años que van cayendo son como esos vetustos uniformes militares cargados de medallas que no valen lo que pesan. Ni me sirvieron antes, ni me sirven ahora. Me quedan estrechos y me tiran de sisa. Y aunque van siendo demasiados y el morral de la moral me va pesando, aquí estamos dispuestos a aguantar lo que esté por llegar. Que no sea por falta de paciencia ni por desgana de aventuras. Cabalguemos pues, y que los tiempos no nos den Clavileño por Rocinante.
Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago
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martes, 6 de mayo de 2025
jueves, 30 de enero de 2025
Laurisilva
He tenido la oportunidad de conocer un bosque de laurisilva en mi visita a La Gomera. También he tenido la posibilidad y el placer de perderme -en modo figurado- en él. Y digo placer porque he sentido que me adentraba en algo parecido a una catedral de la naturaleza. Todos mis sentidos alerta: el silencio calmado que acentúa la niebla, los perpetuos colores, de los verdes a los pardos, el aroma de lo misterioso y de lo desconocido, el tacto de la madera y del musgo, el gusto por lo agreste y por lo indómito que nos lleva siempre e inevitablemente a la fascinación por las maravillas.
jueves, 8 de septiembre de 2022
Trabajos del reino en Senegal
No hay nada mejor que abrir armarios, desempolvar rincones y airear cajones. Algunas veces, cierto es, puedes encontrarte con cadáveres que jamás desearías desenterrar, pero la mayoría de las veces se trata de sorpresas agradables, recuerdos que te hacen evocar el camino que hiciste hasta aquí.
En 2005 viajamos a Senegal. Era mi tercer país en África. La tercera vez en que impregnaba mi piel de la roja tierra africana y mi memoria de la generosa humanidad de la mayoría de sus habitantes.
lunes, 8 de agosto de 2022
Los sinsabores de un observador de aves
Varios días llevo acudiendo al mismo lugar para ver a una pareja de avetorillos, que dicen los que los han visto que allí están. Pero más se parecen al fantasma de Emiliano Zapata, que algunos dicen que ha de volver aunque sea, no más, para terminar lo que empezó. Lo cierto es, que recorriendo los caminos o avistando desde una atalaya al atardecer, la pareja de marras no ha aparecido. Sí, un martinete. Sí, un par de nutrias gozosas y tímidas. Sí, la garza real. Y también la imperial, sin corte ni menestrales. Sí, los cisnes, que me regalan alguna pluma y ya me empiezan a saludar. Sí, fochas y gaviotas. Sí, sol y brisa y sombra para el reposo.
Y cuando ya me voy, unas benditas libélulas que no me hacen el más mínimo caso, entretenidas, en el decorado del cielo, con su cortejo festivo.
lunes, 7 de febrero de 2022
Etiopía
Montañas Simien. Etiopía. 2016
Eran otras épocas, aunque apenas haya transcurrido tiempo. Fue la última vez que visité un país africano. Etiopía ayer fue un deseo incontestable por fin cumplido. Hoy es un mundo lejano; en parte por los tambores de otra guerra olvidada y en parte por las nuevas trabas que se nos imponen: las que afectan al tráfico de viajeros y sobre todo las que encierran en nuestra cabeza, con ataduras más complicadas, nuestras ilusiones.
Hacía mucho frío en las Montañas Simien, algo que parecía afectar a nuestros primos lejanos, los geladas, bastante menos que las tormentas y sus fuegos fatuos mientras deambulaban por aquellas praderas de niebla.
Más abajo, un artículo que escribí para la revista Amberes sobre aquel viaje:
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