Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Siria. Mostrar todas las entradas

miércoles, 3 de junio de 2026

El lector


Es 2008 y estamos en algún lugar de Siria. No recuerdo el lugar en el que se encontraban esas ruinas romanas. Tal vez la ciudad de Bosra. Tampoco recuerdo quien de mis compañeros de viaje tomó la fotografía. Lo que es seguro es que el protagonista de la imagen no era el sujeto que parece a punto de escapar ensimismado por el margen de la izquierda y que va leyendo quien sabe qué. Quizá la guía del país o tal vez una historia de las Cruzadas contada por los árabes. Es posible que fuera un poema de Forough Farrokhzad. Pero también podría ser cualquier capítulo no escrito de sus andanzas de caballero loco y sin espada. 


 

sábado, 28 de marzo de 2026

Arwad


La vez que estuvimos en Tartús (la Tortosa de Oriente) me detuve a dibujar la isla de Arwad al otro lado. También llamada Isla de Ruad o Arados, o Arvad, Arpad, Arphad, o Antioquía de Piera.
Muchos nombres para tan pequeño piélago.

lunes, 18 de noviembre de 2024

Pastores de Siria


Era 2008, a las afueras de Deir ez Zor, en Siria. Al año siguiente volvería al país aunque no a aquella ciudad. Aún no se había iniciado la debacle guerrera que llegaría dos o tres años después, y el puente sobre el río Éufrates, que visitaríamos a la búsqueda del bulbul naranjero (un ave del que hasta entonces jamás había oído hablar), aún estaba intacto.
A este lugar, por el que transitaban ovejas y pastores, y en el que un grupo de niños alborozados por la novedad y por el deseo de poder observar su mundo, como si fuera nuevo, a través de nuestros prismáticos nos llevó un taxista de religión cristiana, del que muchos años después aún me acuerdo. Todavía me pregunto qué destino pudo tener cuando la ciudad fue asolada por la ocupación de los integristas musulmanes. También recuerdo a aquellas chicas, muy jóvenes, hijas de un militar sirio, que nos abordaron la noche anterior en la terraza del hotel, mientras acabábamos la cena, con la intención de practicar un idioma inglés que nosotros farfullábamos de forma bastante ramplona para desgracia suya y nuestra.
No sé si algún día regresaré a Siria, pero aún conservo entre mis añoranzas la evocación de aquellas dos visitas mágicas.  

 

sábado, 22 de junio de 2019

Caminos cruzados

                                                                                                      Apamea (Siria) 2009.


Entonces éramos la vida, caminos que se cruzan, 
paralelos y meridianos en un orbe al alcance de nuestra voluntad y de nuestros sueños.
Éramos el abrigo para la lluvia en medio de la ciudad milenaria.
Éramos el espejo en el que mirarnos siempre.
Siempre.

                                                     (Para Conchita y Amelia, in memoriam)

martes, 6 de junio de 2017

La Isla del Tesoro II


En realidad ésta es la primera, la que inició sin querer lo que podemos llamar una colección de Islas del Tesoro del mundo.
La adquirí como recuerdo en una librería de Alepo (Siria) en abril de 2008 y, ahora, dadas las circunstancias, es aún más querida. Se trata de una edición muy sencilla y muchas de las páginas tienen la tinta decolorada. Digamos que podría pasar por la hermana pobre de todas las Islas si no tuviera tantos valores simbólicos.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Después

   Apamea. Siria.

Después

Hoy llueve en el recuerdo de mis ojos,
en la creciente insensatez de las horas marcadas en rojo,
donde apenas se adivina
que mirar a las estrellas
es, hoy, mientras llueve,
 una labor de incrédulos
y de locos.
Hoy llueve mientras las columnas de almas devastadas
cruzan la pantalla en silencio,
mudas, como lluvia lenta,
como animales sin morada,
como versos del olvido.

MCH

lunes, 17 de octubre de 2016

Alepo




En el año 2009
desde el puente de acceso a la Ciudadela de Alepo,
más allá del océano de casas coronadas por antenas como palos de mesana,
se veía el mundo.
Y por el mundo,
como si fueran hormigas,
iban y venían tañedores de oud
y poetas,
mercaderes de la seda
en ruta hacia Europa o hacia China,
inmensas caravanas de camellos cargados de cardamomo, pistachos y pimienta.
Incluso, si el observador se fijaba bien,
se podía advertir la sombra de una dama londinense
saliendo por la puerta del Baron Hotel
mientras cavilaba desenlaces para los misterios del Orient Express.
Desde el puente de acceso a la Ciudadela
podían verse a los comerciantes del zoco
contabilizando mercancías
o a los fieles en el patio de la mezquita.
También desde los balcones del Hotel Yarmouk
se contemplaba un mundo de tejados y alminares.
Y en las calles, una barahúnda de chamarileros,
zapateros, tejedores de alfombras,
vendedores de jabón, chapistas, carpinteros, limpiabotas.
Transeúntes que en algún momento se detenían
en medio del mundo
para tomar té
mientras observaban ociosos,
con la serenidad de los inocentes,
cómo el mundo se movía.

                                                          MCH 

sábado, 4 de junio de 2016

Luna

La soledad 
se escribe sobre la luna que miras.
En una de sus múltiples caras.
La que llora.
Hay esquinas para ver la vida,
restos de un sueño que parece una patraña
cuando la justicia 
se reconoce en el frío
y el abandono 
todo lo ocupa.

MCH

                                                                                                                           Bosra (Siria)
Luna

Escribe porque
la vida lo escribe y cree
que escribe sobre
lo que ella no sabe: el otoño
maestro de la espera,
el dolor de haber sentido dolor,
el pájaro que vuela 
en la hora presente para
convertirla en pasado.
Las imágenes componen el mundo
y el sol que dora la ciudad
parece harina caliente
haciendo pan en mi cuarto.
Ser uno es no tener nada.
Cae el ocaso sobre 
la palabra que flora en lo visible
como una luna.

Juan Gelman

sábado, 27 de febrero de 2016

Niños

    Deir ez Zor. 2008

    Alepo. 2008

    Cerca de las Ciudades Muertas. Siria. 2009

A veces creemos que ellos son algo indeterminado, gente sin rostro que ahora vaga por las carreteras europeas, sombras en el agua, cuerpos en la playa.
Los periódicos los dibujan como una marea inabarcable.
O un problema.
Pero, ahora, sin querer, en la comodidad de la distancia, mientras no escucho bombas, mientras no siento la angustia de las vallas o el miedo de las olas, mientras olvido que mi futuro no se ha ido al traste, repaso fotografías, fijo momentos y lugares en el tiempo. Encuentros.
Y no sé si son o si están o adónde fueron. 

miércoles, 9 de septiembre de 2015

La zancadilla


Tengo que reconocer, en primer lugar, que un servidor tiene sus filias y su fobias, supongo que como cualquiera, en lo tocante a lugares, pueblos, países y gentes, fruto por lo general de experiencias vividas. También tengo que reconocer que en Siria fueron buenas y en Hungría, aunque no todas, las hubo malas. 

Las imágenes que acompañan están muy vistas y, pasados los primeros momentos, el impacto irá decayendo en la vorágine de escenas tristes y miserables con que parece que nos alimentan. Por tanto no voy a describirlas, porque a estas alturas quién más quién menos ya sabe de qué van.
Sin embargo, sí me apetece contar que esta mañana me tomaba un café en la barra de un bar y a mi lado un parroquiano le explicaba a su interlocutora el suceso, entre sorbo y sorbo de café y mordisco de cruasán, de este modo: "Y no veas la zancadilla que le metió. JODER, QUE RISA. Parece que ya la han despedido..."

Al "desayunante" solamente le faltó preguntarse en voz alta, ante la indiferencia de la chica que apenas le escuchaba, por el  motivo y la gravedad de la decisión de despido de esta periodista impresentable.
A mí me faltó preguntarle en dónde estaba la maldita gracia.

Lo dicho, uno tiene sus filias y sus fobias.


lunes, 20 de julio de 2015

Baba Ganoush

El Baba Ganoush es una crema de berenjenas, a la que también se la suele denominar como Mutabal. Tiene un aspecto parecido al Hummus (crema de garbanzos). Yo lo probé por primera vez en Siria, cuando aún se podía viajar a Siria.

Os incluyo aquí una receta tomada de un libro de cocina libanesa que tengo por casa.

Ingredientes:
- 2 Berenjenas partidas por la mitad en vertical.
- Sal.
- 1 Diente de Ajo machacado (la receta dice dos, pero me parece un poco excesivo; es recomendable no echar todo el ajo a la mezcla de golpe, ir probando para que quede a gusto del consumidor)
- 2 cucharadas de zumo de Limón.
- 1/4 de taza de tahina
- 1 cucharada de aceite de oliva.
- 1 cucharada de menta fresca picada.
- Pimentón (opcional)
- Se puede adornar también con aceitunas (también opcional).

Preparación:

-Precalentar el horno a 190 º más o menos
-Salar las berenjenas por la parte de la pulpa y hacerle unos cortes transversales (a la misma zona) para que luego queden mejor asadas.
-Dejar reposar las berenjenas de 10 a 15 minutos y eliminar la sal con agua. Luego secarlas con papel absorbente.
-Colocar las berenjenas boca arriba en una bandeja y asarlas durante 20 minutos.
-Luego se le quita la piel.
-Colocar las berenjenas, el ajo, el zumo de limón, la tahina y el aceite de oliva en una picadora y triturar hasta conseguir una crema fina. Sazonar al gusto y mezclar un poco más.
-Más tarde la crema se coloca en una fuente y se decora la superficie con un poco más de aceite de oliva, y menta picada y pimentón espolvoreado.
Se pueden añadir unas aceitunas.


jueves, 21 de mayo de 2015

Palmira





Palmira. Siria. 2008.

En 2008 visitamos Palmira en nuestro primer viaje a Siria. Hace un rato, tras leer en el blog de José María (http://extrangis.blogspot.com.es/2015/05/la-lucha-por-palmira.html) cómo se batalla en la ciudad, a las puertas de las ruinas romanas, me he visto obligado a recordar aquella estancia, como si fuera ya un paisaje en vías de extinción. Casi tanto como la razón humana.
No hay mucho que decir, salvo que es extraña esta sensación de que, aun sin querer, me pongo de parte de uno de los dos contendientes en esa guerra artificial y miserable.

miércoles, 1 de abril de 2015

La ciudad que ya no existe.

 Alepo (Siria). Antes y después. Fotografía extraída del diario El País.

El arco que se ve en la parte inferior izquierda en ambas fotografías es el foso de la ciudadela amurallada. En la parte superior del foso está el acceso a la ciudadela. Cuando salías de ella, había una explanada con mesas al aire libre en las que te podías tomar un té contemplando el paso de la gente. Desde una de ellas, en una ocasión dibujé la entrada a las murallas, con un montón de curiosos alrededor. En un banco cercano Juan Luis y Sol, en otro momento, pegaron la hebra con un montón de chavales que practicaban su inglés con el consabido "where you from?". Más escolares, con sus uniformes azules, en el año anterior, nos preguntaban a Sol y a mí por el Real Madrid y por el Barcelona.
Por la derecha de los cafés de la plaza se accedía a la entrada superior del zoco. Muchas veces lo paseamos arriba y abajo curioseando entre las mercaderías. En una tienda me disfrazaron de beduino en menos tiempo que se pronuncia "aleikum salaam". En otra compré un cuchillo decorado con la cabeza de un tigre, que ahora contemplo sobre la mesa. Desde el zoco se podía entrar en uno o dos caravasares y también en la mezquita.
La fotografía de la izquierda me retrotrae a unos tiempos felices. La de la derecha, me da ganas de llorar y de jurar en arameo.

lunes, 16 de marzo de 2015

Volver a las andadas (o como mear sin echar ni gota)

No me he parado a mirar a qué presidente norteamericano se le atribuye la frase de "es un hijoputa, pero es nuestro hijoputa" refiriéndose al dictador nicaragüense Anastasio Somoza, pero la historia se repite como el ajo.
Los encargados del gobierno norteamericano, que siempre han sido unos pragmáticos (aparte de otras cosas), han concluido por fin que Bashar al Asad, el presidente de Siria, será un dictador, pero puede ser de nuevo su dictador. Después de una ingente cifra de muertos y de damnificados, a los que por desgracia en mis pesadillas pongo rostro, entre la población de Siria, por una guerra miserable y cruelmente artificial (aunque todas lo son), ahora los estadounidenses se han dado cuenta, en una nueva ocasión, de que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer. Dejan en la cuneta, oreandose, a los muertos y a los heridos, a los desplazados y a los refugiados. Dejan en la cuneta a la extraña oposición democrática a la que tanto alentaron, y se centran en los malos, malos, pero malos de verdad: Esos barbudos del Estado Islámico, que nacieron y crecieron en el revoltijo bélico y turbulento que ha creado tanto país democrático de pedigrí, con Estados Unidos e Israel a la cabeza y con Europa de comparsa, como siempre.  
Total: que, como tantas otras veces en tiempos pasados, han llegado a la conclusión de que, por mucho que se les haya ido la mano, más vale pactar lo que haga falta con dictadores reconvertidos por arte de magia en gente de orden, que vérselas a la brava  con esos bueyes almizcleros que van cortando cabezas a diestro y a siniestro mientras se leen un versiculito por aquí y una sura por acullá. Tan panchos, los cabrones. Los unos, los otros y los de más alá.

lunes, 8 de septiembre de 2014

Los diez errores


La fotografía superior está tomada, según creo, en este año 2014, y aparecía ayer en la web del diario El País. La inferior está hecha en abril de 2009 cuando viajé por segunda vez a Siria.
Se trata del mismo sitio, el mercado de Alepo, pero ya no es el mismo lugar. Heráclito sería feliz si no fuera todo tan triste.
Como en los juegos de pasatiempos, entre una y otra imagen podríamos buscar no sólo diez errores, sino muchos más. Pero todos se resumirían en la inquebrantable estupidez humana.    

miércoles, 20 de agosto de 2014

Un cuento de guerra repetido

Al principio se trataba de derrocar a un dictador. Por tanto levantaron, como tantas otras veces, su fabuloso circo mediático apoyando a unas etéreas y equilibristas fuerzas democráticas de las que no se sabía nada. Y se sigue sin saber.
Luego llegó otra guerra en la que se usaban y se destruían, se volvían a usar y se volvían a destruir montones de armas que alguien fabrica y que alguien vende al mejor postor. Y la guerra duró y duró, y cuanto más duraba, más armas se vendían y más armas se destruían y más armas se volvían a vender.
Y mientras tanto la tierra en la que vivían los habitantes dejó de ser la tierra en la que vivían para convertirse en un teatro de operaciones y en un enclave geoestratégico.
Y seguían cayendo bombas.
Lo que no se sabe muy bien es de qué modo y cuándo a los equilibristas democráticos y a sus mecenas se les colaron, como en otras ocasiones, los degolladores impíos.

lunes, 10 de junio de 2013

...y la primavera más.

¿Qué decir de la primavera, ahora que ya cuento otoños?
¿O de las primaveras que se disfrazan de invierno. Y que nunca llegan, y tampoco vuelven.?
¿Y qué, de las falsas y árabes primaveras?

domingo, 9 de junio de 2013

El horizonte está sobrevalorado...

Norte de Siria (2009)

Era primavera, hacía buen tiempo y las escolares estaban de excursión. Entre flores parloteaban sobre las cosas que hablan las quinceañeras y de vez en cuando miraban el horizonte. Todo era tranquilo en el país y nada hacía presagiar lo que vendría después.

domingo, 5 de mayo de 2013

Dibujos de Viaje (30): Siria

Puente Colgante sobre el río Eufrates en Deir er Zuz recientemente desaparecido como consecuencia del conflicto en Siria.

En abril de 2009 crucé este puente en varias ocasiones a lo largo de una jornada de avistamiento de aves. Recuerdo a muchos naturales del lugar paseando tranquilamente arriba y abajo y cómo se entretenían en hacernos fotos con inocente disimulo, mientras que los más atrevidos nos solicitaban directamente posar junto a nosotros, tal vez como recuerdo exótico. Raros que debíamos parecerles.
Hoy leo que este puente ya no existe, derribado por la inconsciencia humana, y no puedo dejar de pensar en momentos como aquellos, bastante más serenos y felices.

domingo, 12 de agosto de 2012

Alepo

Alepo. Abril de 2009.

Cuando en abril de 2009 estuvimos en Alepo poco podíamos imaginar lo que a esta ciudad y al conjunto de Siria se le avecinaba. Era primavera, sí, pero el ojo del huracán disimulaba su mirada. Luego vendrían las primaveras traicionadas de otros países musulmanes, todos aquellos que no contaban con la confianza del imperio y su guardián en la zona (el principal beneficiado, teóricamente, de tanta revuelta marchita). Miedo daban los gobernantes de Siria, excesivamente representados en estatuas y carteles con sus impenitentes gafas negras, pero el mismo miedo dan los ahora combatientes en nombre de no sé qué libertad. Mientras tanto las buenas gentes de Alepo, de Hama, de Damasco, de Deir er Zuz, se convierten en los sufrientes muñecos de una guerra infinita. Los hilos que los mueven están en otra parte y la vida cambia en cuestión de segundos al capricho de infumables intereses, mal llamados geoestratégicos.