A ella la conocí en esas heroicas noches de poetas en el Rubicón de principios de siglo y, miren por donde, la distinguí entre el fárrago de gente que recitaba versos con vocación demoledora.
Que se sigue excediendo en la modestia. Sí.
Pero no se engañen. Hasta donde yo conozco, todo lo hace bien. Escribir poesía, recitar, hacer música con su acordeón, cantar... Que no le pase nada a la zanfona, que la va a doblegar en un abrir y cerrar de ojos.
Para la primera presentación en Cantabria del último libro que he escrito, no dudé en pedírselo a ella, por múltiples razones, entre ellas, alguna de táctica y estrategia. O sí dudé, porque no quería importunarla. Me dijo que sí, pero también me dijo que era la primera vez que presentaba el libro de alguien y que tenía sus dudas sobre su conveniencia y su capacidad. Falso. No pudo hacerlo mejor. Hasta el extremo de que no paro de recibir comentarios sobre el buen hacer de mi "partenaire".
Imagino que en otro caso, alguien podría sentirse, incluso, víctima de un eclipse, pero en el mío no. Todo lo contrario. Encantado estoy de haber sabido elegir. No era difícil, la verdad. Entre tantos egos brotados como hay, se agradece que te acompañe en la singladura alguien como ella.
Ojalá que de ahora en adelante todo, todo, le salga bien. Y que sea moderadamente feliz.

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