A ellos, que quieren meternos miedo con los otros (nosotros).
A ellos, con su infinita capacidad de reducir el espacio de los otros (nosotros) a la mínima expresión.
A ellos, que pretenden dar miedo al miedo (pero jamás lo van a conseguir con los otros-nosotros).
A ellos, con sus cabezas afeitadas, sus camisetas negras adornadas de calaveras, sus posturas de matones de feria de extrarradio, valentones de manada, bizarros de opereta.
A ellos, que hablan un solo idioma, lo hablan mal y lo escriben aún peor.
A ellos, reduccionistas de campos de concentración.
A ellos, que su única aspiración es que los otros-nosotros seamos intelectualmente sencillos como ellos. Es decir, marcando la raya por abajo.
A ellos, que les molestan las pandereteras gallegas, los danzantes teatrales, los actores que no se pliegan y los otros-nosotros.
A ellos, que no se miran al espejo jamás por no asustarse con lo que ven.
A ellos, que no leen dos líneas seguidas por temor a que les reviente la cabeza.
A ellos, y a los que manejan sus hilos de marionetas.
Desde esta altura a la que nunca van a llegar los veo.

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