Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

Mostrando entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuba. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de agosto de 2026

A mí me gusta mucho Silvia Pérez Cruz (y no es solo por cómo canta)

https://elpais.com/america/2026-08-24/silvia-perez-cruz-lleva-su-canto-a-una-habana-en-penumbras.html

 

Silvia Pérez Cruz lleva su canto a una Habana en penumbras

La voz de la cantante española provocó un estado de gracia en una audiencia que logró aliviar por unas horas el dolor de una profunda crisis económica


Sergio Murguía. 
El País. 25 de Agosto de 2026.

Cuba parece estancada en su propia zona abisal, sin visos de emerger a la superficie, desde que Trump impuso la asfixia petrolera y las subsecuentes sanciones al país caribeño; la gente, en su mayoría, ha perdido la noción de los días, debatidos entre resolver necesidades básicas como agua, luz y gas, o llevar adelante el trabajo que permita comprar alimentos. Por eso, cada vez menos gente se permite acudir a la poca oferta de ocio, encarecida, que aún hace vibrar ciertos espacios en las ciudades. Por eso, cuando Silvia Pérez Cruz anunció un concierto gratuito en La Habana, como parte de la gira por Latinoamérica de su más reciente disco Oral Abisal, se desató la euforia entre una parte del público habanero, que vio la oportunidad como un soplo de aire fresco para su sofocante realidad.

Y esos vientos soplaron este 23 de agosto, como un hálito redentor, en esa zona de La Habana Vieja donde se cruzan las calles Cuba y Amargura. Allí se levanta la iglesia de estilo renacentista de San Francisco El Nuevo, entre solares donde habitan decenas de familias hacinadas y joyas arquitectónicas del centro histórico. A las afueras del templo, mientras la tarde empezaba a caer, decenas de personas formaban una nutrida y dispersa cola, una alteración del ritmo cotidiano del barrio, entre familias que salen con sillones a tomar el fresco, en las estrechas aceras o directamente en la calle, otros que juegan dominó, mendigos que deambulan constantemente, basura desperdigada por las esquinas, hombres tirando de carretones repletos de bidones con agua, o la abuela que mandó a sus nietos a un recado y van por la calle, dinero en mano, correteando, apenas vestidos con un short para burlar el calor de agosto.

En medio de todo ese trasiego, quienes esperaban para entrar a la iglesia —al concierto—, parecían una anomalía, un cúmulo de gentiles a punto de disfrutar de un placer culpable. Pero adentro esperaba la gloria prometida de escuchar una voz que pareciera evocar la paz sobrevenida tras cualquier exaltación del espíritu. Y los cubanos conocen bien esa sensación, y la extrañaban, tras la última presentación de Silvia Pérez Cruz en la capital cubana en 2022. Con ese recuerdo vivo, que auguraba la mejor de las veladas, cientos de personas colmaron el interior del recinto, sentados en los bancos, en el suelo, rodeando un escenario improvisado, sitiado por linternas con forma de cirios —que la artista trajo consigo—, a los pies del altar mayor. En el centro, cuatro sillas, una guitarra lista, un micrófono para la voz, un pequeño amplificador y unas flores. Nada más.

Un calor intenso y pegajoso lo inundaba todo, la gente se abanicaba sin cesar, se secaba las gotas de sudor, tomaba agua. Cuando el público se dio cuenta, Bori Alberto (contrabajo), Marta Roma (violonchelo) y Carlos Monfort (violín) estaban dando rienda suelta a la maravilla y una voz, como venida de una realidad insondable, se escuchaba desde lo alto del templo. Silvia Pérez Cruz, vestida de blanco, abrió así una pausa en el agitado tiempo de los cubanos. Nada más importaba a esa hora, ni la crisis endemoniada sin fin, ni los apagones, ni el alto costo de la vida. La voz de Silvia provocó ese estado de gracia en el espíritu de una audiencia que se sintió conmovida con la alegría y la sensibilidad de unos músicos que lograron traducir su declaración de amor en una auténtica celebración musical, donde el público también acompañó muchos de los coros que Silvia, imaginativa e incombustible, les iba lanzando.

“Tenía muy claro que en esta gira por Latinoamérica quería volver a Cuba”, dijo la artista a la primera oportunidad, quien ya realizó varios viajes a la isla en el pasado, donde cosechó fuertes vínculos personales y artísticos. “Quería venir a dar lo que yo sé hacer y decirles que los pensamos, los queremos mucho”, comentó la intérprete, cuyo concierto en La Habana fue diseñado con austeridad y con el apoyo de una red colaborativa de amigos que prestaron equipos e instrumentos musicales a la artista. “Queríamos hacer un concierto sin depender de la electricidad, también para sentir de nuevo que la música es libre y por lo menos no depende de un enchufe”, dijo.

Esa libertad se sintió en cada tramo del concierto, en cada una de las canciones que Silvia seleccionó de Oral Abisal para la ocasión, una novedad para el auditorio que las disfrutó como si las conociera de toda la vida, a la altura de las versiones de 20 años y La tarde, que la artista se dio el lujo de interpretar junto al tótem de la guitarra Alfred Artigas; en la gracia del cantautor cubano Roly Berrío, que se sumó a la fiesta y la comodidad de un público que se animó a pedir canciones al azar, a una artista que les correspondió —Verde, Mañana. Silvia cantó, consoló, acunó los ánimos. Silvia no quería irse, nadie quería, cuando la tarde cayó, la oscuridad se impuso y la única luz que podía verse iluminaba a los músicos, rodeados de linternas de colores con forma de cirios.

Silvia jugó con el público, con las melodías, con los colores de los cirios que cambiaba a su antojo y ya, después del bis y otro bis, cuando ya todos estaban de pie, parados alrededor de ese centro de luz, en medio de la oscuridad, como si de una fiesta pagana se tratase, Silvia pidió cantar con todos “una más”. Y mientras cantaban, a capella, De que callada manera, de Pablo Milanés, Silvia repartió los cirios entre el público y la gente salió cantando de la iglesia, de la oscuridad interior, a la oscuridad del resto de la ciudad, como cada noche desde hace meses. Pero durante un par de horas, este domingo se sintió diferente.

martes, 10 de febrero de 2026

Asedio


A pesar de los años de bloqueo nos costaba imaginar que el gobierno fascista de Estados Unidos terminara por utilizar una última fase de asedio medieval a la fortaleza.
No hablaremos de heroísmo por parte de los asediados porque, seguramente, el heroísmo no nace de la necesidad.
Vergüenza debería darle al mundo ver sin hacer nada cómo los grandes gerifaltes del tablero atropellan aquí igual que en Palestina, o en Venezuela, o en Ucrania. 
Dignidad y resistencia hasta donde se pueda.



sábado, 9 de agosto de 2025

Angélica


Angélica ha cumplido quince años durante su estancia en nuestra casa. Viene de Cuba, pero se va a quedar en España durante una temporada probablemente larga, porque las cosas en su país de origen se están poniendo más feas de lo habitual. Sus padres también están al llegar. Ella vino antes por la necesidad de matricularla en un instituto con cierto tiempo de antelación.

Tiene maneras de señorita bien educada. A veces demasiado bien educada. Sus deseos están en la danza, que ya practicaba en La Habana. Hay que ver de qué modo puede continuar con su práctica, pero mientras tanto a mí me gusta conversar. Hay una distancia inmensa entre ella y yo, entre sus costumbres y las mías. Tanto culturales y geográficas como por edad. Pero aprendo de ella. Tal vez ella también aprenda algo de nosotros.

Hay ratos en los que me gusta bromear, sorprenderla, observar su gesto ante una respuesta inusual. Hoy, mientras desayunaba, le he dicho, “me tengo que ausentar un rato, espero que no te vaya a comer el coco”.

“Nunca creí en eso”, me responde. “Si no apareció nunca durante los apagones…”

Y sí. Esta vez el sorprendido he sido yo.

miércoles, 16 de octubre de 2024

La melancolía


Era 1994 y era también la primera vez que cruzaba el Atlántico. En la isla de Cuba atravesaban lo que llamaron el "periodo especial", que de especial lo único que tenía era la falta de casi todo, una vez que el muro había caído y con él la Unión Soviética -principal aliado económico del país- y todos los demás estados satélites, como en un juego terrible de fichas de dominó.
Nosotros entonces, animados por el comité de solidaridad en el que entonces militábamos y por una fe poco menos que inquebrantable y romántica, llevábamos a un hospital de La Habana reactivos de laboratorio para paliar, como quien aporta un grano de arroz a una olla comunitaria, aquel descenso a los infiernos.
Una vez cumplida la encomienda nos aplicamos durante unos días en recorrer aquella geografía con forma de caimán. Nuestro propósito era llegar a Santiago (igual que Federico) y luego volver a la capital, pero las cosas sucedieron de otra manera (como suele ser habitual por aquellos lares). Solamente llegamos hasta Camagüey, pero aquellos días nos enseñaron más de la isla que cualquier atardecer tomando en el Malecón.
La fotografía está hecha en un pueblo a las afueras de La Habana (de cuyo nombre no me acuerdo), donde tuvimos que detenernos por la primera avería, de las muchas (benditas averías, que nos permitieron conocer y hablar con la gente real) que nos dio el coche de alquiler. Probablemente se trate de un austero y humilde local del Poder Popular al que entramos para curiosear y para preguntar por algún taller.
Ya cuando salíamos miré hacia atrás y vi a la muchacha observando tras la ventana algo que yo no podría ver jamás. El infinito quizá. La melancolía tal vez.  

domingo, 21 de julio de 2019

RFR


SE VA A ACABAR EL MUNDO

                                                     "Un cierto instinto pitagórico hace que
                                                      se consideren los números redondos
                                                      como cifras fatídicas. Así fue el año 
                                                      del Mil, así será el de Dos Mil: 
                                                      se va a acabar el mundo."

                                                                                        Alfonso Reyes


Con tanta mierda, bien valdría la pena que lo hiciera.
Con tanto niño condenado a reventar por enfermedad o por hambre,
con tanto cabrón, con tanto golpe de pecho, con tanto cobarde,
con tantos pobres cuya multiplicación sería la especialidad de Dios
si no fuera la especialidad de algunos hombres sin Dios.
Con tanta tantez bien valdría la pena.

Pero de pronto se sonríe uno de mis nietos,
pasa y quizá hasta se queda una lunarada muchacha lila,
amanece con sonidos de pájaros,
encuentro a un nuevo amigo, algo
increíble a mis años,
leo el poema aquel, oigo el concierto del alma,
un mísero parte su mendrugo
y da la mitad a otro mísero.
Al carajo el instinto pitagórico, los números redondos.
Todavía podemos hacer cosas por las que vale la pena vivir
y morir como Dios manda.

                                                                 Roberto Fernández Retamar.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Librería 81

                    Santiago de Cuba.

                                Fotografía que me remite Pedro Rodríguez.

jueves, 15 de marzo de 2018

Caminar por La Habana Vieja


La Revista Cultural Amberes me publica este articulillo: http://amberesrevista.com/pavana-antigua-para-transeuntes/

lunes, 5 de marzo de 2018

Librería 79


Lo que queda de la Librería "El siglo de las luces" en la Calle Neptuno de La Habana.

viernes, 23 de febrero de 2018

Imágenes del Caimán II

   Valle de Viñales. Espectadores. 2018.

martes, 20 de febrero de 2018

Imágenes del Caimán

                   Valle de Viñales. Camino de la fiesta. 2018.

 

lunes, 19 de febrero de 2018

Una mochila cargada de libros (III)





Aves de Cuba (III): Zunzunes y Zunzuncitos





El zunzuncito es el ave más pequeña del mundo conocido. Mide como máximo 6,5 centímetros.

domingo, 18 de febrero de 2018

Aves de Cuba (II)

    Bobito Chico

    Aura Tiñosa

    Paloma Perdiz

    Gavilán Sonso (o Bobo)

sábado, 17 de febrero de 2018

Aves de Cuba (I)

Sijú

Tocororo
 
                                                                      Solibio   

                                                                     Arriero

viernes, 16 de febrero de 2018

De vuelta


Como ocurrió en todas las ocasiones anteriores, allí nos dejamos de nuevo la piel y la paciencia, pero también muchas palabras y todos los pasos que hasta entonces dimos. Y también los que daremos.
Nos dejamos las lágrimas de siempre y la esperanza que nunca se cansa.
Ya no estaba Miguel, pero encontramos a Miguel y también a Martín, y a una niña que imagina, imagina y a otra que nos regalaba hilos mágicos que todo lo pueden y todo lo curan.
Y vimos aves que vuelan igual que candelitas... 
Y después nos quedamos dormidos.
Como gatos felices.

martes, 23 de enero de 2018

La vez anterior

   Camagüey. Cuba. 2006.

 Pasaron doce años con la premura de lo fugaz.
 Pero hete aquí que, aunque no paramos el tiempo, regresamos. 

viernes, 2 de diciembre de 2016

Funeral


Ya se murió el viejo,
y con él su barba consumida,
sus discursos de 10 horas,
su camisa verde olivo,
su tirana forma, según dicen,
de hacer grande
una isla tan pequeña.
Así que ahora, ustedes,
sus tristes e impotentes enemigos,
los que miran con lentes de aquí
los sucesos de allá,
los que huyeron, cobardes, a Miami,
los que aseguran que mató al Che,
los que mantienen que desapareció a Camilo,
los latifundistas,
los liberales,
los negociantes,
los prietos votantes de Trump,
los recalcitrantes,
los equidistantes,
los arrepentidos,
los hipócritas demócratas
que lavan sus miserias con agua bendita,
anticomunistas todos,
ustedes:
ya pueden,
según prefieran,
bailar, darse golpes de pecho,
volver a sus madrigueras.
Y después, cuando ya pase el peligro,
morirse,
también,
tranquilos.

martes, 19 de abril de 2016

Cita con luces


"Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus".

                                                                                  Alejo Carpentier
                                                                               El Siglo de las Luces

viernes, 19 de diciembre de 2014

Bloqueo

Pues ciertamente la noticia sobre el posible calentamiento global de la última guerra fría ha causado entre mis amigos y conocidos unas cuantas conversaciones, esperanzas, pesimismos, elucubraciones...
La mayoría ha tenido y tiene, por diversos motivos, cercanía manifiesta con la isla de Cuba y todas sus opiniones, por suficiente conocimiento de causa, son valiosas y certeras en mayor o menor medida.
Sin embargo, desde que saltó la noticia no dejo de preguntarme que pensaría de todo esto Miguel, y que habría dicho el otro Miguel, y cual será la opinión de Pedro y qué sentirá Felipe, o Coralina y Carrete; y qué décima se habrá inventado Alexis. Tanta y tanta gente de allá que nos acompañó y nos hizo partícipes de su país, tan dolorosamente hermoso.   

miércoles, 5 de marzo de 2014

Ulan Bator

Los otros niños gritan: "Mongol".
Pero él se limita a verme.
Intento la más simple
conversación.
No responde. Me dicen:
"Es inútil. No insista usted.
Pobre niño, no aprendió a hablar.
No sabe hacer nada."
Su función en el mundo es mirar, mirarnos
- Incomprensibles, ruidosos, crueles.

Libre de culpa y miedo, es el Inocente.
No hace ninguna 
pregunta sobre el Mal,
el error de ser, 
la infinita pena
de una vida impuesta por el azar
bajo el signo de cromosomas.

Sus verdugos se alejan.
Lo veo abismarse
en su inmovilidad.
Ya no está aquí con nosotros.
Ya cabalga en su estepa libre.
Ya es todopoderoso en el Otro País,
en aquella Mongolia de hierba y nieve
que los demás nunca invadiremos.


José Emilio Pacheco.


Leí este poema hace años en la inauguración de la exposición que organizamos en Torrelavega con los grabados de nuestros amigos, los chavales con Síndrome de Down  de Pinar del Río (Cuba). Aún me sigue emocionando.