Aquí, en la misma página, la primera entrevista y la última que, por asuntos de poesía, me ha hecho el diario de la región que se publica en papel . Entre una hoja volandera y otra han pasado nada menos que 28 años; y aparte del muy evidente paso del tiempo en mi encarnadura, tengo que decir que, tras repasar nuevamente, después de muchísimo tiempo, la primera de ellas, encuentro que en la actualidad sigo siendo muy fiel a lo que pensaba en aquellos años.
Sin embargo, no me queda más remedio que ser consciente también del grado de ingenuidad que alimentaba entonces mis palabras. Hoy en día es posible que la ingenuidad persista en algún recoveco (no en vano de vez en cuando me pego alguna que otra leche) pero, aparte de hacerme más viejo, me da la impresión de que los años, y supongo que algún que otro sinsabor, me han retorcido un poco el colmillo.
Está visto que no hay candor que no cure la edad. ¡Vayapordios (en román paladino)!


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