En el libro de Fulgencio Argüelles que estoy leyendo (página 196), "El desván de las musas dormidas", el narrador acompaña a su padre, el cual va a dar clases de castellano y de latín a la hija del responsable belga de una fundición, al palacio azul de los ingenieros belgas.
Para los pocos años del chaval que cuenta la historia todo lo que allí se ve es novedad. No en vano procede de una familia humilde y rural. Cuando entra a la frondosa biblioteca dice:
"Allí había un bosque de libros".
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