Aún debes andar por algún sitio,
por alguna ruta alternativa,
alérgico a las brújulas,
atado a tu mochila,
a tus papelitos
y a tu goma de pegar.
Por algún sitio, sí,
espejeando mundos con palabras,
bebiendo vientos,
sorteando tempestades.
En 1793, fruto de la revolución, las tumbas fueron profanadas y algunos cuerpos expuestos al público. Con posterioridad acabaron todos en una fosa común dentro de la propia iglesia.
Destino insólito, sin duda, para tanta realeza.
De atrapar los sucesos que transcurren alrededor.
No se trata solo de ser el dueño del tiempo.
De modelarlo a tu solemne o tu estrafalaria imagen.
No es el intento vano de detener la vida.
Es el más ilusorio aún de cancelar la muerte.