Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

jueves, 4 de junio de 2026

Marjane


Me dicen que dicen que se ha muerto Marjane Satrapi. Y cuentan también que ha sido de pena, o de tristeza, o de melancolía. La misma que nos deja a todos aquellos que pensábamos que estaba bien que alguien como ella estuviera por el mundo.
Ya he dicho en otras ocasiones que hace diez años estuve en Irán. Desde entonces, mi mente siempre está en Irán. También en otros lugares, pero también en Irán. No conozco la razón. Imagino que hay lugares que te alcanzan si saber por qué.
Para aquel momento ya había leído "Persépolis" de Marjane Satrapi, también "El reflejo de las palabras" y "La casa de la mezquita" de Kader Abdolah, otro exiliado, había devorado "El Sha o la desmesura del poder" de Kapuscinski, había visto la película francesa "O los tres o ninguno" del director iraní Manouchehr Tabib, conocido por Kheiron, también exiliado.

Tanto la obra de Marjane Satrapi, como las otras que he nombrado y algunas más lo único que pretenden es quitarnos el velo del desconocimiento a nosotros, los que todo lo ignoramos sobre un hermoso país sufriente y acosado desde dentro y desde afuera, que no termina de escapar del dolor de un siglo que lo tiene amordazado y lejos de toda esperanza. 
 
Cuando bajé del avión en el aeropuerto de Isfahán, con las historias de Marjane aún recientes en mi memoria, mi imaginación me hacía verla, a ella, a la protagonista de "Persépolis", en todas partes, como si su perfil fuera un espejismo que no tenía visos de querer abandonarme.
La veía en la mujer velada de hábitos negros que cruzaba la calle; en la que nos pedía fotografiarse con nosotros frente a la mezquita de la ciudad; en la que curioseaba entre los volúmenes de la pequeña librería donde yo compraba "La isla del tesoro"; en la que sonreía a Sol, colocándose su pañuelo como un reto en la parte de atrás de la cabeza, cuando nos cruzábamos; en la que se despojaba totalmente del mismo en el interior del autobús tras comprobar que no había denunciantes en los alrededores; en la que se pegó completamente a mi espalda en una de las calles principales de Qazvin mientras se reía, con una alegría y un desparpajo difícil de ignorar, de su atrevimiento y de mi turbación; en la que soportaba la bronca de una estricta policía de la moral a las puertas del aeropuerto de Shiraz, por el terrible delito de estar fumándose un cigarrillo con nosotros...
La veía, la veía.
Todavía hace unos meses, en una de mis últimas visitas a París para acudir a un concierto de Pallett Band, un grupo iraní del que me compré un disco en el aeropuerto de Teherán a mi regreso, y del que me declaro ferviente admirador, pensé que ella podía estar. 
El salón de conciertos, un emblemático lugar con aspecto de garaje grande y oscuro, repleto de una inmensa mayoría de persas expatriados y una insignificante minoría de europeos, era el lugar idóneo para una última entelequia.
Ahora sé que la amargura es un camino difícil de recorrer, y que en el caso de Marjane desemboca lastimosamente en este punto. Donde hay caminos que jamás se cruzan.

Socaire


Paramos aquí, al socaire, a nuestro regreso de los géiseres del Tatio. Entonces aún encontraba tiempo (tiempo que espero volver a encontrar) para detenerme un rato y sacar a trabajar al lápiz y las acuarelas. Un entretenimiento que iba marcando los tiempos del viaje y señalando los momentos para la memoria futura. Esta que aparece hoy, tanto tiempo después, y que me devuelve a aquel lugar, a aquel día y a aquella pequeña iglesia. 

miércoles, 3 de junio de 2026

El lector


Es 2008 y estamos en algún lugar de Siria. No recuerdo el lugar en el que se encontraban esas ruinas romanas. Tal vez la ciudad de Bosra. Tampoco recuerdo quien de mis compañeros de viaje tomó la fotografía. Lo que es seguro es que el protagonista de la imagen no era el sujeto que parece a punto de escapar ensimismado por el margen de la izquierda y que va leyendo quien sabe qué. Quizá la guía del país o tal vez una historia de las Cruzadas contada por los árabes. Es posible que fuera un poema de Forough Farrokhzad. Pero también podría ser cualquier capítulo no escrito de sus andanzas de caballero loco y sin espada. 


 

martes, 2 de junio de 2026

Un transporte de gorrinos


Volver a mirar de cuando en cuando las fotografías de antaño trae recuerdos e imágenes olvidadas. Si no de qué vamos a rememorar escenas como ésta, que parece sacada de otra vida.
¿Qué demonios hacía yo a la orilla de una carretera solitaria de Laos, viendo pasar a semejantes transportistas con su delicado equilibrio de lechoncillos?
Señor, señor, las cosas que hemos visto. 

lunes, 1 de junio de 2026

Palestina en un mapa

Hace unos días visité en Polanco (Cantabria) el CRIEME que, para los que no lo sepan (como yo hasta hace poco), es el Centro de Recursos, Interpretación y Estudios en Materia Educativa, dependiente de la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria. Y, abundando en ello, recomiendo a curiosos y profesionales su visita, aunque sea solo para ver cómo ha ido evolucionando el paisaje escolar en este país desde principios del siglo XX hasta el advenimiento de nuestra singular democracia.

Al bajar la escalera principal del edificio, cuando ya nos marchábamos, me topé con una pared en la que estaba colgado este mapa del año 1943, tan familiar para nosotros en su forma, aunque no en su fondo, que explica la vida de Jesús de Nazaret.

Como pueden ver pone Palestina. Palestina. Ni Israel, ni Sión land, ni nada que recuerde a la ocupación posterior a 1948 por deseo y capricho colonial de la Gran Bretaña, ni, por supuesto, al abuso criminal que desde entonces padece la gran mayoría de los realmente originarios de esa tierra.      

 

 

sábado, 30 de mayo de 2026

El noventa y tres


Cuando aquellas sentencias caían de aquellos labios severos y una tras otra se dispersaban por la Historia, en las tribunas, mujeres escotadas y lujosamente ataviadas contaban los votos con una lista en la mano y picaban con alfileres debajo de cada nombre. Donde se verificó la tragedia quedan siempre el horror y la indulgencia.
Observar la Convención en cualquiera de sus periodos es revisar el juicio del último Capeto; la leyenda del 21 de enero parecía que se mezclaba en todos sus actos; la temible Asamblea estaba llena de los hábitos fatales que soplaron a la antigua antorcha monárquica, deslumbrante por espacio de dieciocho siglos y que la habían apagado; el proceso decisivo de todos los reyes en un rey era como la base de la guerra declarada a lo pasado; a cualquier sesión de la Convención que se asistiese se veía proyectar en ella la sombra del patíbulo de Luis XVI; los espectadores referían unos a otros la dimisión de Kersaint, la dimisión de Roland, el acto de Duchatel, que enfermo se hizo conducir en su lecho a la Asamblea y moribundo votó por la vida del rey, lo que hizo sonreír a Marat, y buscaban con la vista al representante, cuyo nombre no recuerda la Historia, que después de la sesión célebre de treinta y siete horas, tendido en su banco de cansancio y de sueño, fue despertado por el portero cuando le llegó el turno de votar, y entreabriendo los ojos, exclamó: "Voto por la muerte", y se volvió a dormir. Cuando la Convención condenó a muerte a Luis XVI, restaban a Robespierre dieciocho meses de vida; a Dantón, quince; a Vergniaud, nueve; a Marat, cinco y tres semanas, y a Lepelletier-Saint- Fargeau, un día.

Víctor Hugo
El Noventa y Tres.
Ediciones Alonso (1967).

jueves, 28 de mayo de 2026

Lo inacabado


Lo inacabado es lo que no se acaba, lo que nunca termina, lo que no tiene fin. Aquello que nos va conformando como seres vivientes hasta el momento en el que solo seamos memoria.

No es postergar, aplazar, procrastinar. Sinónimos que inducen a la pereza.
Por el contrario, es lo que se siente con vocación de perdurar, de no ser olvidado. Quiere ser amor por los que se fueron, por los que no están físicamente, por aquellos que a pesar de todo te siguen acompañando, aunque tomaran rumbo en algún momento hacia las geografías del silencio o de la distancia, pero también es un reconocimiento para los presentes, para los que quedan y para todo aquello que merece la pena. 

En realidad, lo inacabado es lo inaplazable.

En breve verá la luz este último libro de poemas. El anterior, "La madera que arde", se publicó también con la editorial de León (mi otra tierra), Eolas ediciones, a finales de 2019. Muy poco tiempo después, estupefactos, como si aquello no pudiera estar ocurriéndonos a nosotros, entramos inopinadamente en paréntesis. "Lo inacabado" comienza ahí. Al principio del túnel.

Veremos.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Sol en el camino


Pasan los años pero el paisaje permanece, aunque las formas de las nubes sean efímeras, aunque los prados se cubran de nieve y vuelva más tarde el verdor, aunque la bóveda celeste sea gris o enrojezca con el vaivén de los días y las noches.

El tiempo es un amigo voluble, una eventualidad en el paso por la tierra de los seres que amamos. Avanza inmutable sin embargo, por mucho que nuestra imaginación, contradiciendo a la clepsidra, los vista eternamente con sus primeras galas, con su tersa juventud. 
Tal vez sea porque al salvarlos a ellos de la mordaza del tiempo, ingenuamente, también creemos salvarnos un poco a nosotros.

Nosotros, que estamos a la vera del camino.

martes, 26 de mayo de 2026

Guerra Civil


Alguien dijo:
“el que pueda hacer que haga”.
Y desde la trinchera de enfrente
otro alguien contestó:
“el que pueda hacer que haga también”,
devolviendo de este modo la pelota
al tejado del primero.
Mas, ¡ay!,
ni las frases
eran un juego,
ni aquello era divertido.
Los tejados no eran tejados
 ni abrigaban
ni cubrían.
Pero la pelota
sí, sí, sí,
pero la pelota sí
que
era
un
misil.

lunes, 25 de mayo de 2026

Flores en el aire


Escuché a la oropéndola pero no la vi.
Escuché al torcecuello mas fue una sombra nada más entre ramas y hojas verdes.
Escuché al cuco pero, al igual que el horizonte, se alejaba de árbol en árbol cuanto yo más caminaba.
Escuché al ruiseñor de pecho azul. Solamente lo escuché. No hirió mis ojos el índigo de su plumaje.
Lo que no oí, para mi fortuna, al alzar la mirada de regreso a casa, fue aquel roce de alas o de pétalos contra el viento.
Como flores en el aire. 

 

viernes, 22 de mayo de 2026

Ordalía



Es la prepotencia de los miserables la que confunde la razón con el poder. Son ellos los que realizan continuamente procedimientos salvajes a mayor gloria de una divinidad inexistente y de las ansias de dominación de una muy precisa minoría.
La ordalías eran juicios medievales completamente arbitrarios y sin ningún rigor. Y, aunque en la actualidad las llamen de otro modo, siguen sucediéndose en diferentes ámbitos (algunos muy cercanos).
No obstante me ha llamado la atención en los últimos días el disparate de las imágenes que, provenientes de Israel, mostraban a un ministro sionista, especialmente cruel, en plena sesión ordálica de humillación contra los miembros de la flotilla de ayuda a Gaza secuestrados en aguas internacionales del Mediterráneo. Si hacen esto con cámaras a personas del mal llamado primer mundo, que no harán en la oscuridad de las prisiones y de los centros de detención contra los palestinos.
Una perfecta muestra de la necesidad perentoria de atajar los males del mundo desde la racionalidad internacional. 

El tema de las ordalías ya fue tratado en este blog en otra ocasión. Para esta lo de entonces también sirve.

jueves, 21 de mayo de 2026

Una conversación de altura

                               París 2026
Cuando vi la imagen, antes de tomar la fotografía, un poco de envidia ya me dio. Seguro que era una conversación de altura. Y no solo por el lugar. También por el sosiego que expanden los que dialogan sin saber que alguien, en medio de una ciudad que nunca descansa, les espía desde el otro lado de la calle.
Algo que debiera ser tan normal y que, sin embargo, en los tiempos actuales se convierte día sí y día también en una "rara avis", empeñada como está tanta gente en comprobar quien la suelta más gorda o más grave. En la discusión y en el estremecimiento.
Pues nada. Que vivan los balcones con encanto.

 

martes, 19 de mayo de 2026

Hacernos la toga

 

Con lo fácil que lo tuvieron
cuando el señor x se apuntó
a esas cosas de la cal viva.

O cuando al otro le dio
por buscar donde no había
trastos de destrucción masiva.

Y no hablemos del misterio
del de la inicial, el punto
y el más común
de los comunes apellidos.

Con lo fácil que lo tuvieron…
y van y empapelan el primero
a erre punto zapatero.

lunes, 18 de mayo de 2026

La pequeña inmensidad


Mis ojos ven hoy por los que vieron antes y verán por mi los que vendrán después.
Somos, pues, una sucesión de miradas que atraviesan el tiempo como agua de rocío que adorna las postreras flores escarlatas del brezo. 
Ojos que se posan en esta pequeña inmensidad. 
Emoción saciada de confines.


viernes, 15 de mayo de 2026

Serzo desaforado










Desaforado y exuberante. Barroco.
Tenía yo ganas de contemplar la exposición de José Luis Serzo en la Biblioteca Central de Cantabria. Impresiona realmente tal despliegue de virtuosismo y de imaginación. Una versión actualizada, tal vez, del expresionismo de Gutiérrez Solana o, yendo más allá, del genio exagerado en algunos de sus dibujos de El Bosco o de Brueghel el viejo. 
Totalmente recomendable.



 

jueves, 14 de mayo de 2026

El alfabeto alado



"POST TENEBRAS, LUX"

Se conserva una fotografía en tono sepia de Walt Whitman en la cual el viejo poeta, semiparalizado, entre atónito y sereno, observa una mariposa nocturna que por algún inescrutable rasgo del destino se ha posado en uno de sus brazos como si se tratase del tronco de un árbol muerto. Aquel que cantara a los grandes ríos, el bardo de las muchedumbres democráticas y la vida física, estaba, en el momento en que se tomó la placa, en pleno declive, débil, somnoliento y sin embargo en posesión completa de la mirada azul en la que el océano había dejado el sello de su grandeza. Su pequeño yo estaba sin cuerda, pero el grande continuaba anudado al paisaje americano que incluía, por supuesto, a la oscura mariposa (para algunos se trata de una Composia credula) detenida y abierta en su brazo.
-¿Qué ve en esta inesperada visita, Walt? -le preguntó uno de los visitantes, que asistía a la sesión fotográfica, al percatarse de su expresión.
Whitman no parecía prestar atención a los seres humanos que lo rodeaban. Ya no volvería a pisar las hojas de hierba de sus regiones predilectas, ni miraría ni cantaría a la luna con una ramita de sauce en la mano; ya no escribiría más ni, probablemente, tampoco dictaría a otros lo que le pasaba por la cabeza.
-Veo a la noche - dijo, con un débil suspiro-, que viniendo de lejos ha querido detenerse en mi piel unos momentos. ¡Callada criatura, antiguos destellos en el brazo de un viejo cansado!
El fotógrafo sonrió, Quien le había formulado la pregunta, en cambio, no.
-Cuando trabajaba de enfermero, durante nuestra desgraciada guerra- prosiguió Walt Whitman-, atendí a un muchacho que deliraba a ratos y a ratos me contaba su pasión por las mariposas. Dijo que las había diurnas, vespertinas y nocturnas, y que todas procedían de los velludos ejemplares que vuelan bajo la luna y las estrellas. Dijo también que  Eros, el amor, es hijo de la noche y no del día, y también hermano de Hipnos, el sueño. Todo procede de lo oscuro y vuelve a él. Sangraba mitología, su dolor era una mezcla de saber y no saber que se iba a morir. Le acaricié la frente y le dije, por decir algo, que la primavera estaba cerca. Que los arces soltaban ya su dulce savia y que el aire, más allá de la quemante pólvora, era un concierto de trinos felices.
Un asombro grato dilató las pupilas de quienes oían al viejo poeta. La mariposa seguía allí, en el brazo de Whitman, con su pequeñas alas negras punteadas de blanco. Efectivamente semejante a un trozo de noche, a una partícula cósmica en reposo.
-Es extraño que nos estremezca el infinito espiralado de las galaxias- dijo el bardo con un voz bien modulada-, y que nos consuele de ese estremecimiento algo tan frágil como esta mariposa, que sin duda ha venido para anunciarme un retorno.
-¿Un retorno? -indagó el fotógrafo repasando su trípode.
-Un retorno -repitió el poeta-. El mío, pues pronto volveré a ser viento, y lluvia, y rocío sobre los cerezos salvajes. La apariencia de mi rostro se disolverá en la ruta de las nubes, mi último latido bajará a la más honda vena de agua de la tierra.
-¿Cómo sabe todo eso, Walt? -le preguntó una señora que no cesaba de tomar notas.
-Lo está leyendo ella -respondió el poeta señalando a la mariposa-, en el más diminuto de mis poros. Tan vacío como la bóveda celeste que sostiene nuestra tierra, tan íntimo como la noche inminente.

Mario Satz.
El alfabeto alado.
Ed. Acantilado.         

  


martes, 12 de mayo de 2026

Flores





flores que traigo
flores que llevo
lazos de la memoria
caminos del corazón


sábado, 9 de mayo de 2026

El pajarito


Luis Feria.
No existen jerarquías.
Antología de poemas sobre flores, plantas y animales.
Poesía Hiperión.


viernes, 8 de mayo de 2026

La piedra seca










Por muchas razones me he sentido a gusto en mi reciente viaje a los Arribes del Duero y a la comarca de Sayago, pero si algo ha llamado mi atención sobremanera  han sido los muros de separación de los prados. Una técnica antiquísima que perimetra con grandes moles de granito, cada cierto espacio, los terrenos a cerrar para luego unirlas con piedras relativamente más pequeñas, conformando de este modo un paisaje peculiar.
Entiendo que los naturales de la comarca nunca se debieron plantear este tipo de construcciones como algo bello, sino como una necesidad que les exigía su forma de vida; y sin embargo lo es. La hermosura de la piedra seca y la inteligencia del ser humano.

  

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Un jilguero jovencillo (como yo)


 Jilguero que me huyes
y que me alegras el día
con tus vuelos
y con tu canto.
Jilguero, jilguerillo,
habitante del aire
y de los árboles,
en esta jornada 
de minúscula fiesta
dame el don de volar,
como tú y los tuyos,
sobre las guerras diarias
de los hombres,
y concédeme también 
 la facultad
de entristecerme
por ellas
y por todos aquellos
a los que las guerras
 atormentan.
Pero no olvides
 nunca jamás nunca
el inviolable regalo 
y el consuelo
de la santa indignación.
Amén