Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

sábado, 9 de mayo de 2026

El pajarito


Luis Feria.
No existen jerarquías.
Antología de poemas sobre flores, plantas y animales.
Poesía Hiperión.


viernes, 8 de mayo de 2026

La piedra seca










Por muchas razones me he sentido a gusto en mi reciente viaje a los Arribes del Duero y a la comarca de Sayago, pero si algo ha llamado mi atención sobremanera  han sido los muros de separación de los prados. Una técnica antiquísima que perimetra con grandes moles de granito, cada cierto espacio, los terrenos a cerrar para luego unirlas con piedras relativamente más pequeñas, conformando de este modo un paisaje peculiar.
Entiendo que los naturales de la comarca nunca se debieron plantear este tipo de construcciones como algo bello, sino como una necesidad que les exigía su forma de vida; y sin embargo lo es. La hermosura de la piedra seca y la inteligencia del ser humano.

  

 

miércoles, 6 de mayo de 2026

Un jilguero jovencillo (como yo)


 Jilguero que me huyes
y que me alegras el día
con tus vuelos
y con tu canto.
Jilguero, jilguerillo,
habitante del aire
y de los árboles,
en esta jornada 
de minúscula fiesta
dame el don de volar,
como tú y los tuyos,
sobre las guerras diarias
de los hombres,
y concédeme también 
 la facultad
de entristecerme
por ellas
y por todos aquellos
a los que las guerras
 atormentan.
Pero no olvides
 nunca jamás nunca
el inviolable regalo 
y el consuelo
de la santa indignación.
Amén

lunes, 4 de mayo de 2026

Enorme

Estoy leyendo un libro enorme. Enorme en todos los sentidos. También terrible, pero no a la manera del agente naranja cuando se refiere a España.
Muy recomendable. El libro, no el agente naranja, que podría ser perfectamente un personaje más (siniestro) de la trama.



El asunto es este, dice Jaime Saenz: los empresarios y los antropólogos fueron los motores de ese boom, que acabó con millares, no exagero, decenas de millares, no exagero, de seres humanos encerrados en parques turísticos abiertos a la mirada del flâneur metropolita, del voyeur metropolita, que pagaba un ticket a cualquier precio para ver, en jaulas o arrumados en campamentos precarios, a poblaciones enteras secuestradas en Samoa, en Egipto, en Sudán, en la gran llanura americana, en Guam, en las Filipinas, en Surinam, en la India, en el Ártico, en Nueva Guinea, en las misiones de Labrador, en el Congo, en el Himalaya. Hablo de masas de secuestrados y de masas de secuestradores y curiosos: antropólogos y empresarios, mezcla mortal. La ciencia y el capital, el capital, el capital, dice Jaime Saenz, aunque lo dice sonriendo: negros encerrados en celdas con orangutanes bajo letreros didácticos que preguntaban a la audiencia si lo que tenían enfrente no era, acaso, el eslabón perdido entre el hombre y la bestia.
Y todo eso había comenzado con Carl Hagenbeck en su zoológico de Hamburgo, en Alemania, Carl Hagenbeck, que nació apenas diez años después de la muerte de Goethe; que cazó a su primer animal el año en que murió Heinrich Heine; que secuestró a sus primeros sudaneses y a sus primeros nubios el año en que nació Thomas Mann; que anunció su exposición de esquimales el año en que nació Franz Kafka; y que, sin embargo, el año en que nació Adolf Hitler (que también fue el año en que nació Ludwig Wittgenstein), decidió no volver a exhibir seres humanos enjaulados, y no exhibir en jaulas ni siquiera a las fieras salvajes, y transformó su Tierpark Hagenbeck en un zoológico al aire libre: debió atravesar una crisis moral, sintió que su trabajo era cruel, decidió resarcirse. En el Tierpark Hagenbeck, desde el año en que nació Hitler, los animales no estaban enjaulados sino en escenarios que reproducían sus condiciones normales de vida, dispuestos de tal manera que el público, al caminar por el parque, atravesaba mares y continentes: viajar por el Tierpark Hagenbeck era como dar la vuelta al mundo, un mundo habitado por seres en libertad, o en aparente libertad, al menos, es decir, un mundo como el mundo, solo que sin personas enjauladas, a diferencia del mundo.
Pero oh, dice, pero oh, sin embargo, oh paradoja, oh ironía, en los años siguientes, dice, la Alemania nazi recuperó el modelo de los antiguos zoológicos para construir campos de concentración y campos de exterminio, donde las bestias recluidas eran seres humanos, organizados por especies y subespecies, es decir, por razas.

Gustavo Faverón Patriau.
Vivir abajo.
Ed. Candaya.

domingo, 3 de mayo de 2026

El solitario


Estaba lejos y lo vi de casualidad, o porque uno va ejercitando poco a poco la capacidad de observación. Un punto azul sobre una roca. Inmóvil y solitario el roquero. Hay imágenes mejores, seguro, del roquero solitario (monticola solitarius) pero quizá muy pocas ejemplifiquen con tanta verosimilitud un nombre.

viernes, 1 de mayo de 2026

Entra mayo


Y aquí estamos y aquí seguimos, apostados como jilgueros en la espesura, contemplando el devenir, viendo sin ser vistos, o eso pensamos con la ingenuidad que da el creernos inocentes de todo mal.

Si hay que volar, volamos. Si hay que agazaparse, nos escondemos. Nunca fue deshonroso esperar al buen tiempo y a la ausencia de tormentas.

Mientras tanto, aprendemos mirándonos a nosotros y mirando alrededor.

Somos flores y comienza mayo.

viernes, 24 de abril de 2026

Y que Shakespeare me perdone


¡Dormir... tal vez soñar!
Sentir que está de más
esa perversa prole
de mil y pico padres.

Si es tal vez el egoísmo
la energía que nutre
el más ruin de sus desvelos
y precisa servir
como azote mismo
 de lo más decente
a costa de la vergüenza.

Si nace como adalid
de la triste muerte
y se atiborra
de falacias y de odios,
dadle su justo merecido
en el más profundo infierno.

¡Dormir… tal vez soñar!
¡Dormir… tal vez soñar!
Y  mientras tanto
que empitonen
por su orto maligno
a todos ellos, 
a sus miserables escuadras
y a su Prioridad Nacional.



martes, 21 de abril de 2026

Ale hop


Ale hop es una interjección que ha sido habitualmente utilizada por los magos en sus espectáculos cuando, por ejemplo, sacan un conejo de la chistera (aquí, el sin igual mago Juan Tamariz prefería el "tachaaaaán" y yo también). 
Proviene del idioma francés (allez hop) y comenzó siendo una expresión de ánimo o de sorpresa ante la ejecución de un número circense de domadores o de equilibristas.
Aquí vemos a una hermosísima garza imperial en medio de un ale hop saliendo de la charca con gracia y tronío. Otro día, si quieren, hablamos de este término tan racial también.   
¡Tachaaaaaán! 

lunes, 20 de abril de 2026

Woodman

 







Leyendo el libro titulado "Ojos llenos de árboles", de Pablo Gallo (Editorial La Felguera) me tropiezo con la figura de Francesca Woodman, una fotógrafa estadounidense, que inmediatamente llama poderosamente mi atención y me hace buscar con prontitud sus imágenes en Internet.
Que se suicidara con solo veintidós años, aparte del lógico choque mental, nos lleva a valorar sus trabajos con la sensación terrible que produce lo inacabado, lo interrumpido. 

   

domingo, 19 de abril de 2026

Theorbe



La teorba o tiorba es un instrumento extraño, poco conocido. A simple vista, para los profanos, un laúd que padeciera elefantiasis. Pero qué hermoso sonido. 
Lo descubrí por primera vez en manos de Christina Pluhar, la insuperable directora de L'Arpeggiata, el grupo especializado en música barroca que tanto me gusta escuchar.
Ayer tarde tuve la oportunidad de asistir a un concierto de teorba en manos de Daniel Zapico, músico al que ya había tenido la oportunidad de escuchar en otra ocasión en un grupo junto a sus hermanos. Maravilloso concierto a cargo de un músico sin igual. 


sábado, 18 de abril de 2026

Mirar alrededor


Es una fotografía tomada en Bruselas dentro del museo dedicado a René Magritte. En apariencia se trata de una imagen que podríamos calificar como de cierta irrelevancia, sin demasiada historia, cotidiana. Una maestra acompañada de sus alumnos frente a unos cuadros del pintor. Ni siquiera de los más conocidos. La maestra explica, parece preguntar algo. La mayoría de los escolares están atentos, incluso uno de ellos levanta el brazo, ansioso por contestar. Podría ser el ejemplo vivo del que va a triunfar. ¿Pero qué me dicen del que aparece a la derecha, ajeno totalmente a sus compañeros, a la explicación, a Magritte? Observando alrededor.

miércoles, 15 de abril de 2026

Reflejos


Somos 
tantas
como 
fulgor
somos


lunes, 13 de abril de 2026

El viajero en la sombra


Era 2005 y estábamos en algún lugar de Senegal haciendo un alto en el camino. Quizá a la búsqueda de un saco de arroz para la familia que íbamos a visitar en una pequeña aldea de la que no recuerdo el nombre. Luego atravesaríamos el Parque Nacional de Niokolo Koba, asustando a nuestro paso a unas cuantas aves grandes y misteriosas que, como nosotros antes, se convertirían en cuestión de segundos en sombra de la sombra dentro de la espesura.

domingo, 12 de abril de 2026

Óxido


Soy lo que altera 
la naturaleza de las cosas, 
el motor de la Historia,
la sal de la vida,
únicamente, el tiempo.


sábado, 11 de abril de 2026

Palermitanas


Ya me dirás qué hacías ahí, en el cruce de caminos más medular de la antigua ciudad de Palermo, donde se entremezclan, si eso es posible, naturales y forasteros sin ton ni son. Si me cuentas que estabas tomándole el pulso a esa metrópoli siciliana, me lo voy a creer, pero la próxima vez no te arriesgues demasiado a poner la oreja tan cerca de las fuerzas del orden y sus cuitas.
Sabes perfectamente que tanta proximidad, muchas veces no es excesivamente buena para la propia integridad, aunque no tenga el tigre un aspecto tan fiero, como es el caso.
Avisada quedas. 



viernes, 10 de abril de 2026

Mujer en su ventana


 Mujer en su ventana


Ella está sumergida en su ventana
contemplando las brasas del anochecer, posible todavía.
Todo fue consumado en su destino, definitivamente inalterable desde ahora
como el mar en un cuadro,
y sin embargo el cielo continúa pasando con sus angelicales procesiones.
Ningún pato salvaje interrumpió su vuelo hacia el oeste;
allá lejos seguirán floreciendo los ciruelos, blancos, como si nada, 
y alguien en cualquier parte levantará su casa
sobre el polvo y el humo de otra casa.
Inhóspito este mundo.
Áspero este lugar de nunca más.
Por una fisura del corazón sale un pájaro negro y es la noche
-¿o acaso será un dios que cae agonizando sobre el mundo?-,
pero nadie lo ha visto, nadie sabe,
ni el que se va creyendo que de los lazos rotos nacen preciosas alas,
los instantáneos nudos del azar, la inmortal aventura,
aunque cada pisada clausure con un sello todos los paraísos prometidos.
Ella oyó en cada paso la condena.
Y ahora ya no es más que una remota, inmóvil mujer en su ventana,
la simple arquitectura de la sombra asilada en su piel,
como si alguna vez una frontera, un muro, un silencio, un adiós,
hubieran sido el verdadero límite,
el abismo final entre una mujer y un hombre.

                                                                    Olga Orozco. 

jueves, 9 de abril de 2026

Ballena


Antes de que llegaran las vías del tren a Pyongdae, la forma de vida de sus habitantes era más vertical que horizontal. No había campos ni arrozales en condiciones, y sus habitantes dependían por completo de las montañas que los rodeaban. Subían y bajaban por valles y laderas para recolectar champiñones, helechos, brotes comestibles y hierbas medicinales como la angélica o el poria. También cazaban liebres y ciervos colocando trampas en los valles. No leas quedaba otra que llevar una vida primitiva, basada en la caza y la recolección. En esas condiciones, lo más ventajoso era tener los ojos pequeños en lugar de grandes, y los pies puntiagudos en vez de planos. Con el tiempo, sus ojos se fueron achicando y sus pies adoptaron forma de pezuña. Al masticar con frecuencia pieles duras para el curtido, sus dientes crecieron. Como el frío llegaba allí antes que a otros lugares, sus narices se alargaron y sus rostros se hicieron más planos. Era la ley de la evolución.
Aquella vida vertical dio un giro completo con la llegada de las vías férreas, lo que implicaba un mundo horizontal, de líneas rectas que se extendían a izquierda y derecha. Los soldados (o eso creían los del pueblo, pues en realidad eran topógrafos), equipados con cascos militares (o eso creían los del pueblo, pues en realidad eran equipos de seguridad) y metralletas (o eso creían los del pueblo, pues en realidad eran herramientas de topografía), iban de colina en colina y perseguían liebres todo el día (o eso creían los del pueblo), aunque se marchaban sin haber atrapado ni una. Poco después, un tanque (o eso creían los del pueblo, pues en realidad era una topadora) apareció en las colinas detrás de la aldea, y comenzó a destruir la montaña sin piedad.
Los habitantes de Pyongdae, aislados por completo del resto del mundo, no solo habían logrado esquivar la terrible guerra reciente, sino que ni siquiera eran conscientes de lo que había pasado. Por eso, temblaban de rabia ante las bruscas acciones de aquellos tipos. Si no hacían nada por impedirlo, terminarían destruyendo por completo la montaña, su fuente de vida. No podían quedarse de brazos cruzados. Se reunieron en la casa de un anciano del pueblo y discutieron la situación hasta altas horas de la noche. A la mañana siguiente, solo pudieron llegar a una conclusión que no agradaba a nadie: antes de que los soldados, enfurecidos por no lograr capturar ninguna liebre, se subieran al tanque, arrasaran el lugar y acabaran con todos los animales, lo mejor sería entregarles parte de lo que ellos mismo cazaban, con la esperanza de apaciguarlos. A primera hora de la mañana, subieron a la montaña para comprobar las trampas y sacaron las capturas que tenían guardadas en los almacenes. En total, reunieron dos jabalíes y dos corzos, cuatro ciervos de agua, siete tejones y más de treinta liebres. Cargaron las presas en portacargas, las dejaron cerca del sitio a medio destrozar por el tanque y se apresuraron a bajar de nuevo al pueblo. Gracias a esto, los obreros de la construcción de las vías disfrutaron de un lujoso banquete que ni siquiera habrían podido imaginar, sin llegar a entender por qué.

Cheon Myeong-kwan.
Ballena.
Edición: Shiro libros.
Traducción: Paola Díez Cidoncha y Han Seoa. 

martes, 7 de abril de 2026

Dejen ustedes a la luna en paz


Por los poetas y sus lunarios, por los alunados, los lunáticos y los alucinados,
por los perros que ladran a la luna y los hermanos selenitas. 
Y también por las naves que atraviesan a la deriva el Mar de la Serenidad. 
Dejen de vendernos en pedazos un satélite que solo existe en sus números. 
Ese es su superávit y nuestro déficit. 
No es ningún avance para la humanidad. 
No salgan huyendo a la conquista de un nuevo Oeste. 
Por Artemisa, diosa de los animales, los bosques y las montañas, no utilicen su nombre en vano y permitan los constructores de infiernos y de zigurats vivir a este mundo esquilmado. 
No nos transmitan propaganda y dejen ustedes, por cierto, a la luna en paz.

lunes, 6 de abril de 2026

Pensador


No sé si el conocimiento o la sabiduría se encuentran entre las páginas de un libro o en las circunvalaciones del cerebro, pero puestos a pensar habrá que discernir con urgencia si se trata de dones humanos cada vez más extraños y dignos de celebración por su extravagancia. Tampoco tengo claro si las capacidades de compasión y de piedad existen ya o están definitivamente en peligro extremo de extinción.
Me sonroja la facilidad con la que algunos hablan de arrasar un país como si fuera nada más la voluntad de un niño tonto que derriba las piezas de un juego de construcción en un ataque de inquina. Como si un país, un estado, un territorio fuera un ente inanimado. Como si en su interior no hubiera nadie. Como si fuera algo así como el eco sonando en el salón vacío al que se asemeja lo recóndito de su mustio cráneo.
Eso está pasando ante nuestros ojos -y lo estamos viendo- aunque deseáramos parecer desprevenidos.
Y mientras tanto pretenden acunarnos con cuentos del espacio exterior. Y miramos como bobos al dedo del patán en lugar de observar fijamente la cara oculta de la luna.    

domingo, 5 de abril de 2026

Erdrich



Mi libro de ayer. 
Hay veces que consigo no equivocarme.