Cuando contemplo fotografías antiguas de mi familia, en numerosas ocasiones me asaltan dudas al observar los imprecisos rasgos de aquellos que aparecen en ellas. ¿Será o no será? ¿Será en su juventud aquel tío carnal de mi madre que yo alcancé a conocer en los últimos tiempos de su vida?
Mi madre también murió ya hace unos años y echo mucho de menos cantidad de aspectos de mi relación con ella. No los voy a relatar aquí porque pertenecen a mi ámbito privado y solamente a mi me interesan, pero sí diré que ella, con su memoria privilegiada, era la que sostenía parte de la mía, al menos en todo aquello que me unía a su pasado, que de una u otra manera también es el mío. Digamos que desde que falta tengo de algún modo una memoria demediada. Es así, y supongo que no es nada fuera de lo común cuando nos desaparecen referentes que alcanzan unos cuantas décadas más atrás que las habitadas por nosotros.
Por lo que sé o por lo que recuerdo, parte de los hermanos y otros familiares de mi abuelo emigraron a Estados Unidos a principios del siglo XX.
Por lo que sé o por lo que recuerdo, algunos regresaron al cabo de un tiempo, pero otros se establecieron allí para siempre.
Por lo que sé o por lo que recuerdo, cartas y fotografías llegaron a casa de mi madre durante mucho tiempo desde la ciudad de Tampa en Florida. Algunas veces, algunos descendientes volvieron de visita, hijos y nietos de los primeros que se marcharon. Eran los años 60 y comienzos de los 70. Para ellos, con nuestras vidas de subdesarrollo, éramos la demostración palpable de que estaban bien donde estaban, tranquilizados por sus pasajes de regreso a una turbia modernidad.
A lo largo de mi vida habré visto esta imagen en cinco o seis ocasiones. Siempre me trasladó a escenarios cinematográficos de la polvorienta época de la Ley Seca, pero hasta hoy no había advertido que en la propia estampa aparece el lugar exacto: Ybor City.
Según Internet, vecindario histórico situado al noreste del centro de la ciudad de Tampa. Fundado en 1885 por unos empresarios fabricantes de puros dirigidos por un tal Vicente Martínez Ybor, valenciano él. Fue habitado por inmigrantes, sobre todo cubanos, españoles (principalmente de Asturias, según parece) y sicilianos.
Ignoro, como tantas otras cosas, si los parientes de mi abuelo inicialmente se dedicaron a la manufactura del tabaco, y tampoco tengo, creo, posibilidades de descubrirlo porque a lo largo de los años y con la desaparición de las generaciones anteriores a la mía se fueron quebrando los frágiles vínculos.
Además, Estados Unidos no es un país que me llame gran cosa y el concepto de familia, he aprendido a lo largo de los años que es algo cercano a lo etéreo e ilusorio. Pero aún así seguiré intentando adivinar en las viejas fotografías de mi infancia lo que de ellas hay en mi.
Por cierto, si alguien tuviera interés en adentrarse un poco más en la vida del fundador de Ybor City , bastante interesante por lo demás, puede entrar en la Wikipedia y descubrir que uno de sus socios en la empresa fundacional de la barriada se llamaba Ignacio Haya. Lo cual tal vez explique un poco más, aunque nada sé de este Haya, el porqué de la diáspora de mis antepasados.















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