Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 11 de marzo de 2026

El bodegón y el que recoge el bodegón



Esto no es más que una simulación
o, más bien, una sucesión de dos fotografías
de las que estoy más o menos satisfecho
pero a la vez, o más allá, son dos imágenes
que me inducen a pensar en lo que existe,
probablemente, detrás de cualquier manifestación
con intenciones o aspiraciones artísticas
o, tal vez, con vocación únicamente
 de fosforescencias transcendentes. 
En la sombra y alejado
 del resplandor de lo hermoso
siempre está, fuera de foco, 
anónima clase obrera, 
aquel que recoge el bodegón.

Leviatán


Las ballenas existen desde antes que el hombre, pero solo las conocemos desde hace dos o tres generaciones: hasta la invención de la fotografía submarina apenas sabíamos qué aspecto tenían. Pudimos ver antes qué aspecto tenía la Tierra desde naves espaciales orbitales que disfrutar de la fotografía de una ballena nadando bajo el agua en libertad. La primera película de cachalotes bajo el agua, rodada frente a la costa de Sri Lanka, no se tomó hasta 1984; nuestras imágenes de estas enormes y plácidas criaturas moviéndose elegante y silenciosamente a través del océano son más recientes que los ordenadores personales. Antes conocimos el aspecto del mundo que el de la ballena. Incluso hoy hay zifios, también llamados ballenas de pico, que se conocen solo por huesos hallados en playas remotas; esotéricos animales de las profundidades con extrañas marcas que los biólogos jamás han visto ni vivos ni muertos, tan poco estudiados que su estado actual es "faltan datos". Todavía en el siglo XXI se siguen identificando nuevos cetáceos y haríamos bien en recordar que el mundo alberga animales mayores que nosotros mismos que aún no conocemos, y que no todo está descubierto, catalogado y digitalizado. Que en los océanos nadan grandes ballenas que el hombre todavía  no ha bautizado.  

Philip Hoare.
Leviatán o la ballena.
Ático de los libros.
Traducción: Joan Eloi Roca.

martes, 10 de marzo de 2026

Tumba de rey


Visité hace unos días la Basílica de Saint Denis, en un barrio en el extrarradio de París. En ese templo se encuentran las tumbas marmóreas, convertidas en cascarones vacíos, de los reyes de Francia. Muchos, pero no todos. Una verdadera concatenación de monarcas, no obstante.

En 1793, fruto de la revolución, las tumbas fueron profanadas y algunos cuerpos expuestos al público. Con posterioridad acabaron todos en una fosa común dentro de la propia iglesia. 

Destino insólito, sin duda, para tanta realeza.   

lunes, 9 de marzo de 2026

jueves, 5 de marzo de 2026

La garza y su circunstancia


Evidentemente yo soy yo
y al mismo tiempo una ilusión,
el sueño de un gigante dormido
que nunca llegó a existir.
Evidentemente
el tiempo es
 excéntrico
y
yo
tal
vez
no
soy
yo.


martes, 3 de marzo de 2026

Yolanda




Me encuentro en el madrileño barrio de Aluche con una estatua dedicada a Yolanda González, junto a la estación de metro. De allí, de ese barrio, del piso en el que vivía su vida de estudiante y de militante de izquierdas en la sinuosa calle Tembleque, la sacó en febrero de 1980 una banda de pistoleros de extrema derecha para asesinarla en un solitario paraje de las afueras con unos tempranos 19 años.
Tenía la misma edad que yo.
Siempre he manifestado que, hasta el día de hoy, su muerte nos sigue causando una honda impresión a sus contemporáneos, porque supimos de pronto entonces que vivir y mantener ciertas ideas había dejado de ser un juego y que todos éramos vulnerables.  
Lo seguimos siendo.  

domingo, 1 de marzo de 2026

Allí siguen


Están juntos los dos trozos, bajo una piedra, en un lugar secreto de un camino de montaña. Son fragmentos de proyectiles disparados en las cercanías, donde se ubicó el Frente Norte. El primero de ellos lo colocó allí un chaval de aproximadamente nueve años, pastor en aquellos días, que hoy tiene más de noventa. El otro lo dejó su hija muchos años después. De cuando en cuando, al subir a La Collada, los buscamos por el simple hecho de recordar y como un nexo familiar entre generaciones. Después volvemos a colocar la piedra encima.
La hija cuando va a visitar a su padre le cuenta que allí siguen.


 

viernes, 27 de febrero de 2026

Incendios

                                                                        Fotografía: Sol Valbuena.

Al regreso, Mordor es más como se supone que es. No hay nubes gigantescas esta vez, pero nos encontramos con la plaga recurrente. O más bien con la demostración palpable, en humo y fuego, de una plaga recurrente más dañina y mortífera, como es la de quienes se creen únicos dueños del mundo, de la naturaleza, de la tierra y de las cosas. 
 

miércoles, 25 de febrero de 2026

Bares

Benditos sean los bares 
en los que cada cual
es un artista y es un náufrago 
atracado al buen puerto
de una barra como un verso,
amarrado al noray
de los cañeros.
Benditos sean los bares, 
timón y guía 
de locos cuerdos
e insensatos.
Benditos los bares
y la derrota dulce
o la borrasca
que hasta ellos nos ha traído.
 

martes, 17 de febrero de 2026

La Peña


Hace mucho que no me pongo con las acuarelas,
pero de cuando en cuando aparecen entre los papeles y los cuadernos. 
Y entonces...  

domingo, 15 de febrero de 2026

Gwendal


Yo creo que era 1977 cuando escuché por primera vez la inusual y novedosa música de Gwendal en el radiocasette de unos montañeros de Infiesto que, como nosotros, se habían quedado varados en la estación inferior del teleférico de Fuente Dé.
Nosotros estábamos allí para vender a los turistas posters de los Picos de Europa y la primera edición del libro de Isidro Cicero, "Los que se echaron al monte". De ese modo ayudábamos a sacar fondos para sufragar los campamentos del barrio y las labores de nuestra asociación de vecinos.
No fue difícil entablar relación con aquellos asturianos que nos ilustraron con melodías que llamaron rápidamente nuestra atención y que nosotros, en un primer momento, supusimos de su tierra, tan alejados nuestros conocimientos de las músicas bretonas y de las celtas en general.
Después, con los años, escucharíamos a otros músicos de Bretaña y luego a escoceses e irlandeses, y poco a poco iríamos ampliando nuestra base musical con intérpretes de otros mundos, para luego regresar al nuestro. Pero aquel primer disco de Gwendal, titulado Irish Jig, se quedó en nuestro acervo para siempre, siendo una de esas raras grabaciones en las que ningún tema se puede descartar porque todos rozan la excelencia.
Ahora ellos ya no son los que empezaron, salvo excepciones, y nosotros tampoco somos los mismos, sin excepción, pero acceder a su concierto y escucharlos nos retrotrae a otras épocas con cierta melancolía. Nostalgia lo llaman.     

viernes, 13 de febrero de 2026

La ola


Mira la ola.
Amenaza, rompe y se deshace.
Flujo y reflujo
a merced de 1000 lunas.
A veces grita
con el furor de un pequeño gigante egoísta.
Otras, llama a las armas
con la ayuda del viento y las mareas
antes de la tregua
Mira la ola.
No temas ni a dios ni al diablo,
ni a la muerte ni a lo oscuro.
No te aflijas
porque luego
la ola se remansa.
 En paz
con los hombres 
y con las bestias. 

jueves, 12 de febrero de 2026

Mirar

Fotografía: Valentín Andrés




No se trata únicamente de congelar el instante. 

De atrapar los sucesos que transcurren alrededor.

No se trata solo de ser el dueño del tiempo.

De modelarlo a tu solemne o tu estrafalaria imagen.

No es el intento vano de detener la vida. 

Es el más ilusorio aún de cancelar la muerte.

miércoles, 11 de febrero de 2026

Anarcadia


 Al revés los diarios leía mi abuela

Después de habernos enseñado
a enderezarnos y andar, 
la tierra, el aire, el fuego, el agua,
la encina, los rebaños y el adobe,
alimentarnos, vestirnos, colgar de nuestros cuellos
un collar de cuentas milenarias,
el jeito para hablar lengua romance
hecha de huesos de oveja  y migraciones,
te sentabas al sol a escamondar
tu pelo que trenzabas más largo que tú misma,
cogías el periódico de antier, le dabas vueltas
como buscándole sentido
a los ajenos caracteres,
y cuando al fin ya no aguantábamos la risa
decías que leías al revés
porque este mundo está mu  feo,
a ver si así se da la vuelta,
y que los pobres coman pan, y que los ricos coman mierda,
y reías con nosotros de tu hambre atrasada
por cien generaciones
contando, repasando
con los dedos
tus costillas, los siglos de tu infancia.

Casi te puedo imaginar
dándole vueltas a estos versos.
Hoy quisiera, por eso, dejarte unas palabras
en tu idioma
y que las acomodes a tu gusto:
azahar, gurumelo, gañafote,
sol, 
chavea,
bartolina.
Hazme un collar con ellas
                       y me ampare
en este mundo que a veces
tampoco yo comprendo.

                                              Miguel Ángel Feria.
                                              Anarcadia.
                                              Colección 350 gramos.
                                              Árdora Ediciones. 

martes, 10 de febrero de 2026

Asedio


A pesar de los años de bloqueo nos costaba imaginar que el gobierno fascista de Estados Unidos terminara por utilizar una última fase de asedio medieval a la fortaleza.
No hablaremos de heroísmo por parte de los asediados porque, seguramente, el heroísmo no nace de la necesidad.
Vergüenza debería darle al mundo ver sin hacer nada cómo los grandes gerifaltes del tablero atropellan aquí igual que en Palestina, o en Venezuela, o en Ucrania. 
Dignidad y resistencia hasta donde se pueda.



lunes, 9 de febrero de 2026

Sencillo como un pequeño rey




Ha tenido que ser en las Islas Azores porque aquí no lo he encontrado nunca, pero por fin pude verlo y hacerle algunas fotos a salto de mata (nunca mejor dicho). Este es el reyezuelo sencillo (regulus regulus), pequeño como su primo el reyezuelo listado y tan nervioso y movedizo como él. Una emoción real.

domingo, 8 de febrero de 2026

Pueblos XVIII

     Mosteiros. Isla de Sao Miguel. Azores.  
 

viernes, 6 de febrero de 2026

Ybor City


Cuando contemplo fotografías antiguas de mi familia, en numerosas ocasiones me asaltan dudas al observar los imprecisos rasgos de aquellos que aparecen en ellas. ¿Será o no será? ¿Será en su juventud aquel tío carnal de mi madre que yo alcancé a conocer en los últimos tiempos de su vida? 
Mi madre también murió ya hace unos años y echo mucho de menos cantidad de aspectos de mi relación con ella. No los voy a relatar aquí porque pertenecen a mi ámbito privado y solamente a mi me interesan, pero sí diré que ella, con su memoria privilegiada, era la que sostenía parte de la mía, al menos en todo aquello que me unía a su pasado, que de una u otra manera también es el mío. Digamos que desde que falta tengo de algún modo una memoria demediada. Es así, y supongo que no es nada fuera de lo común cuando nos desaparecen referentes que alcanzan unos cuantas décadas más atrás que las habitadas por nosotros.

Por lo que sé o por lo que recuerdo, parte de los hermanos y otros familiares de mi abuelo emigraron a Estados Unidos a principios del siglo XX.
Por lo que sé o por lo que recuerdo, algunos regresaron al cabo de un tiempo, pero otros se establecieron allí para siempre.
Por lo que sé o por lo que recuerdo, cartas y fotografías llegaron a casa de mi madre durante mucho tiempo desde la ciudad de Tampa en Florida. Algunas veces, algunos descendientes volvieron de visita, hijos y nietos de los primeros que se marcharon. Eran los años 60 y comienzos de los 70. Para ellos, con nuestras vidas de subdesarrollo, éramos la demostración palpable de que estaban bien donde estaban, tranquilizados por sus pasajes de regreso a una turbia modernidad.

A lo largo de mi vida habré visto esta imagen en cinco o seis ocasiones. Siempre me trasladó a escenarios cinematográficos de la polvorienta época de la Ley Seca, pero hasta hoy no había advertido que en la propia estampa aparece el lugar exacto: Ybor City.
Según Internet, vecindario histórico situado al noreste del centro de la ciudad de Tampa. Fundado en 1885 por unos empresarios fabricantes de puros dirigidos por un tal Vicente Martínez Ybor, valenciano él. Fue habitado por inmigrantes, sobre todo cubanos, españoles (principalmente de Asturias, según parece) y sicilianos.
Ignoro, como tantas otras cosas, si los parientes de mi abuelo inicialmente se dedicaron a la manufactura del tabaco, y tampoco tengo, creo, posibilidades de descubrirlo porque a lo largo de los años y con la desaparición de las generaciones anteriores a la mía se fueron quebrando los frágiles vínculos.
Además, Estados Unidos no es un país que me llame gran cosa y el concepto de familia, he aprendido a lo largo de los años que es algo cercano a lo etéreo e ilusorio. Pero aún así seguiré intentando adivinar en las viejas fotografías de mi infancia lo que de ellas hay en mi.  

Por cierto, si alguien tuviera interés en adentrarse un poco más en la vida del fundador de Ybor City, bastante interesante por lo demás, puede entrar en la Wikipedia y descubrir que uno de sus socios en la empresa fundacional de la barriada se llamaba Ignacio Haya. Lo cual tal vez explique un poco más, aunque nada sé de este Haya, el porqué de la diáspora de mis antepasados.


Los árboles de la noche


Ya. Ya sé que no es con exactitud un bosque, tal como se apresuraba a indicarme alguno de mis compañeros de viaje. Será una plantación y no un bosque pero, en probidad, a mi me da igual. Me encantaba caminar entre ellos, estos cedros japoneses y farsantes, porque a pesar de su nombre, ni eran cedros ni eran japoneses. Árboles son, y en su espesura, muchas veces, desaparecía la luz y nacía la noche. Y entonces yo, pese a ser poco noctámbulo, arborecía con ellos.

jueves, 5 de febrero de 2026

Pico de coral


Una vez, hace bastantes años, me encontré a un ejemplar solitario en unos prados cerca de mi casa, pero lo cierto es que nunca los había vuelto a ver. Estos pertenecían a una bandada que volaba sobre un terreno a las afueras del pueblo de Sete Cidades (Isla de San Miguel, en las Azores), cerca del lago que se formó en el cráter del antiguo volcán. 
Le llaman Pico de Coral (Estrilda astrild) o también Estrilda común, y es una especie originaria de África, introducida en el sur de Europa por sus llamativos colores. Es de suponer que los primeros ejemplares de esta ave escaparon en algún momento de sus jaulas. Quizá.