Hace poco me he reencontrado con un pequeño cuaderno de viajes que dormía en el fondo de un cajón. En él aparecen algunas notas y algunos dibujos hechos en el año 2008.
En 2008 visitamos Laos, pero la llegada a su capital, Vientiane, se convirtió en una peripecia. La aproximación a Laos implicaba, inicialmente, una escala de un par de horas en Amsterdam, otra escala en Bangkok y un vuelo relativamente corto hasta Vientiane.
Sin embargo, la falta de previsión, o la desorganización, de la compañía aérea con la que volábamos (no voy a mencionarla) hizo que perdiéramos el vuelo intermedio hasta Tailandia. Tras unas cuantas horas de pelea con varios miembros de su personal de tierra, dado que se atrincheraban en que la pérdida del vuelo era culpa nuestra, conseguimos que nos dieran alojamiento en un hotel y nos procuraran unos nuevos pasajes para el día siguiente.
Lo que no esperábamos es que esos nuevos pasajes se ampliaran con una escala más: Amsterdam - Seúl. Seúl - Bangkok. Bangkok - Vientiane. Con varias horas de espera en el aeropuerto coreano y con noche en la capital de Tailandia. Y además con la inquietud de desconocer el paradero de nuestras mochilas, que habían viajado el día anterior en el avión que perdimos. Total, que un viaje por avión de muchas horas se transformó, en realidad, en una aventura de varios días.
El tiempo de las esperas lo cruzamos con dibujos y paciencia.
Los equipajes, por mor del misterio que nos dispensa el mundo aeroportuario, llegaron al mismo tiempo que nosotros, Seúl mediante.
























