Asisto en Burdeos a una exposición de fotografías, objetos e instalaciones de Médicos sin Fronteras y, mientras contemplo las imágenes de la Palestina atrapada entre aterrorizado y desolado, recuerdo haber leído un par de días antes un titular de prensa en el que los agresores se auto nombran por diferenciación como los buenos.
Y es que lo han vuelto a hacer. Con esa semántica de Jardín de Infancia que les caracteriza piden ayuda a un dios que solo conocen ellos y denominan como "los malos" a todos los que ellos matan.
Siguen teniendo ese complejo de "Séptimo de Caballería" con indumentaria de "atrezzo" y "catering" de hamburguesas que siempre hace la guerra más allá de sus fronteras para imponer la misma basura que tienen dentro y que además no les manche.
Por tanto, los demás siempre son los malos.
Los vietnamitas, malos. Los palestinos, malos. Los inmigrantes, malos. Los iraníes, malos. Los rusos, malos. Salvador Allende, malo. Patrice Lumumba, malo. Mosadegh, malo. Arbenz, malo. Chávez, malo. Los cubanos, malos. El Che, por supuesto, malo. La ONU, mala. MSF, malo. El que se opone a sus caprichos, terrible y malo. Tú, malo. Yo, malo.
Su infierno está repleto de "buenos".
































