Campeones
Vais tan rápido, pero tan rápido,
con vuestras botas de siete leguas y media,
con vuestros banderines de desenganche,
con vuestras malformaciones unigénitas
y anchamente catecúmenas.
Vais tan deprisa, tan deprisa,
que los huracanes se detienen
en su estupor al borde del camino
para veros pasar, necios y hartos de razones,
necios y en olor de laica santidad,
necios y atléticamente necios.
Vais tan apresurados en vuestro afán,
es tan urgente vuestro deseo,
vuestra avidez de terrenales justicias,
vuestra necesidad de llegar los primeros
al borde de los abismos,
hermosamente mártires,
que vais dejando atrás, atrás,
pero muy atrás, a todos aquellos perseguidores
que, pobrísimos de espíritu, malandrines todos,
nunca tuvieron esa mirada de horizontes
ni vuestra clarividencia
ni vuestra beatífica impavidez.
¡Oh, paladines de la tierra,
heterónimos de Lanzarote sin Ginebra,
campeones fervientes del ocaso!
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