En una noche como la que vendrá, pero hace al menos cuarenta años, en mi barrio había cabalgata, humilde como es normal en un barrio obrero, pero era una cabalgata, y a nosotros nos daba igual -y supongo que a los críos, fascinados por la llegada de los magos, también- que no hubiera lujos de ningún tipo y que resolviéramos las cosas como siempre lo habíamos hecho. Es decir, con una pizca de atrevimiento y muchísima improvisación (o viceversa). Que los Reyes Magos se presentaran a bordo de Dyane 6 o, sobre todo, de Renault 2CV (Dos caballos), asomados para saludar desde su techo desplegable, no dejaba de ser una burla al destino a falta de dromedarios (al menos hoy nos libraríamos de críticas por maltrato animal), y que la otra parte de la comitiva real viajara en moto o en bicicleta adornada con espumillón era bastante apropiado y familiar para los medios de locomoción del lugar.
También es cierto que entonces nos sobraba ilusión y nos faltaba algún Baltasar originario, por lo que también, si fuera hoy, nos podrían acusar de algo que se llama "blackface" (así, en inglés paladino) y por tanto de racismo, pero nada más lejos de nuestra intención. Como dije antes, solo era cuestión de escasez y de improvisación. Además, en la actualidad, por suerte para nosotros y para este país, sí que habríamos encontrado a alguien apropiado.
Recuerdo que el rey Gaspar tuvo que quitarse las gafas de miope con las que afrontaba la vida, razón por la que le resultaba bastante difícil acertar con los caramelos y hacer algún que otro guiño de complicidad a amigos y familiares.
A día de hoy, de saber entonces como van algunas cosas por el mundo, presumo que habría tenido la tentación de no volver a ponérselas jamás.

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