sábado, 1 de mayo de 2021
Reencuentros
jueves, 29 de abril de 2021
Árbol
lunes, 26 de abril de 2021
viernes, 23 de abril de 2021
Un cuento de libro
He de decir que, entonces, siendo un aprendiz de lector, había puntos a favor del libro que me atraían mucho: la fama del autor, el atlántico país del que procedía, el lugar en el que se desarrollaba la novela, las referencias a épocas pasadas y a héroes recién descubiertos…
Pero claro, la dificultad que ya presumía en su lectura me inquietaba sobremanera.
El volumen estaba incluido en una colección humilde de las que se vendían en kiosco en aquella época, con unas cubiertas de quiero y no puedo, un papel malo a rabiar y una letra microscópica que permitía meter toda la novela en menos páginas y, de ese modo, supongo, abaratar costes hasta extremos feroces.
Jamás leí ese ejemplar.
Bastantes años más tarde, en un arrebato que parecía un reto más que un duelo, volví a comprar la novela. Entonces mis posibilidades económicas me permitieron adquirir una edición más cuidada y con una letra algo más grande que se ajustaba de forma adecuada a mi visión de ese momento. Sin embargo, deposité el nuevo libro en la estantería junto a su hermano mayor, que con el tiempo había perdido apresto y brillantez y había ganado en su interior un cierto tono de pergamino y ese aroma indefinible que ofrece la decrepitud del mal papel.
Hasta hace poco no me volví a acordar de ninguno de los dos libros. La novela sigue siendo una incógnita para mí, aunque conozco a grandes rasgos el argumento. Pero eso no basta. Porque mientras tanto Penélope sigue tejiendo.
Hace unos días me propuse, por fin, casi medio siglo después, iniciar el recorrido por un itinerario frenético a través del corazón de una ciudad querida y hermosa; la de la dulce Molly. Abrí el libro de mis veinte años y las páginas se me antojaron, dada la decadencia de mi vista, un trayecto de hormigas. Abrí el libro de mis cuarenta años y pude constatar que mi capacidad de visión era solo un poco más satisfactoria. Es decir, que si nos permitiéramos hacer un símil con la ropa podríamos afirmar, simple y llanamente, que la letra con el paso del tiempo se me ha quedado pequeña.
Así que parto raudo y veloz, en día tan señalado como el de hoy, a adquirir un nuevo ejemplar de esa novela que tanto se me resiste, cosa que yo no voy, desde luego, a permitir. Aunque pediré a mi querida librera de guardia que tenga, al menos, talla XXL y que me siente, eso sí, como un guante.
jueves, 15 de abril de 2021
La poesía y otras cosas
miércoles, 14 de abril de 2021
Genevieve Taggard
A los veteranos de la Brigada Lincoln
martes, 13 de abril de 2021
El árbol
lunes, 12 de abril de 2021
Caminos
jueves, 8 de abril de 2021
Vida Nómada
miércoles, 7 de abril de 2021
La otra pandemia
domingo, 4 de abril de 2021
Frágil
jueves, 1 de abril de 2021
El clavadista
miércoles, 31 de marzo de 2021
Premonición
Para C.G.V.
Una de estas madrugadas me desperté bruscamente preguntándome por el paradero de alguien que hacía mucho que no veía. No suelo permitirme licencias con las premoniciones ni con asuntos inexplicables. Los misterios son para mí solamente cuestiones de las que no tenemos todos los datos. Pero lo cierto es que me desperté sin causa aparente y a una hora en la que todavía debería estar dormido.
No obstante, permanecí aún durante un rato en la cama, con los ojos abiertos, observando cómo las luces del amanecer se desplegaban tímidamente, conquistando poco a poco rincones hasta entonces inexplorados de la habitación.
Ella, o el recuerdo de ella después de tanto tiempo, se había introducido inopinadamente en mi cabeza, así que me levanté y busqué su rastro por internet. Apenas había nada. Solamente una esquela fúnebre de un periódico de la región que decía que era jubilada de la empresa en la que nos conocimos y que había muerto en una ciudad del Mediterráneo ocho meses antes.
Ella fue mi primera jefa cuando yo era aún un joven primerizo e inexperto y he de confesar que nunca después tuve otra como ella.
Ante la imagen desoladora del ordenador no me quedó más remedio que evocar un pasado de treinta años antes. Conversaciones entre tarea y tarea como si fuéramos amigos, como si no hubiera una distancia de edad y de vida entre ambos, con esa cercanía que propicia la mutua simpatía.
La perdí de vista cuando se jubiló o al poco tiempo y la verdad es que no me había vuelto a acordar de ella, salvo en cuestiones muy puntuales o en cada vez conversaciones menos habituales entre compañeros de la época. Hasta la sinrazón de esa madrugada premonitoria. Pero aquí está desde ese momento, paseando por mi cabeza, con sus años y su hermosura de entonces. Con esa voz que ahora rememoro.
Ella, la que me cuidó.
domingo, 21 de marzo de 2021
Día de la Poesía
El poeta se despierta a las 6,52 de la mañana. Sin embargo permanece entre las sábanas, en duermevela, hasta las 7,03. Luego se levanta (es un decir) mientras busca sus calcetines por el suelo, tras lo cual observa el horizonte invernal por la ventana. Su primera imagen (más bien su primer recuerdo) se lo dedica al cine –ese perejil de todas las salsas- en el que estuvo ayer por la tarde tras varios meses de ausencia. A las 7,07 se dirige al excusado con un libro bajo el brazo que habla del lóbrego trastero del Imperio. Lee 10 minutos mientras hace otras cosas. Luego saluda a su perro a las 7,22 al tiempo que dispone su desayuno. El perro, al cabo, desde la puerta le mira con ojos intensos como dardos. A las 7,24 le prepara la comida y las medicinas al can y aprovecha la desatención para tomarse su café mientras en la radio una mujer, que ha escrito un libro sobre acontecimientos ocurridos cuando ambos eran más jóvenes y más rebeldes, habla de una cronología discretamente familiar. En el programa radiofónico dicen que son las 7 y media cuando el poeta está guardando los platos de la cena. A las 7,41 mete al horno unos tomates y unas berenjenas. Luego vuelve a mirar por la ventana. Pasan unas cornejas a las 7,46 y un minuto más tarde se posan dos tórtolas en el árbol del jardín. A las 7,51 un mirlo (tan poético) ocupa su puesto en otra rama y el aire le revuelve las plumas y tal vez el alma. A las 7,58 la primavera recién estrenada continua disfrazada de invierno riguroso. Y a las 8 en punto y clavadas el poeta piensa que es un gran día, el mejor día para no escribir ningún poema.
jueves, 18 de marzo de 2021
Días de destrucción - Días de revuelta
miércoles, 17 de marzo de 2021
Conor Pass
Conor Pass es un puerto de montaña que hay en la península de Dingle, en la costa oeste de Irlanda. La segunda vez que estuve allí, como la vez anterior, paré para contemplar el paisaje, los bosques. Solo que en esta ocasión había un arpista en mitad de la nada haciendo música del aire. Allí nació este poema, que años después se publicó en el libro titulado "Las fronteras del aire" (Amargord).
Nada.
























