Por ese soportal hemos pasado ya unos cuantos; y supongo que antes de nosotros pasaron más que desconocemos o que ya no están en la memoria de nadie. Es así de implacable el transcurso del tiempo y el olvido, pero esta fotografía, que quizá algún día también se perderá entre nubes y vapores, ahora atestigua la presencia de la Neka ahí, ajena a vicisitudes y aconteceres. Dejémosla en su mocedad, a resguardo por un rato de pesadumbres.

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