Aún maravillados por el incendio de colores que encontramos al llegar, salimos a pasear a la atardecida por los alrededores del pueblo. Mis ojos y mi cámara no encuentran descanso, y se enardece mi ánimo ante la hermosura que me ofrece la naturaleza alrededor.
Por este antiguo camino se llega a la huerta que tuvo durante un tiempo Valbuena. Y por ahí vamos Sol y yo caminando pausadamente, como si de un momento a otro una jugarreta mágica del tiempo nos adentrara en la Francia de los pintores impresionistas.
Parece que al final del sendero, Monsieur Monet aguarda.

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