La dama blanca es una figura temible de las leyendas de algunos países del norte de Europa. Suele asociarse con la muerte que se aparece a los viajeros en parajes solitarios, boscosos y entre la niebla.
Es de suponer que este tipo de historias surgieron asociadas al miedo como forma de control social. Algo que, por otra parte, no ha perdido vigencia, tal como atestigua la deriva de Mister Zanahorio y su Gestapo yanqui en estos días.
Y aunque la de la capital francesa no es exactamente una librería, sí parece un espacio libre de mentecatos. No obstante, los lugares como éste también corren peligro de extinción, al igual que las librerías y la paz. Prometo adentrarme en los secretos de esta dama, más halagüeña, tan pronto como pueda volver a París. La música y que ella turbe mis pensamientos es, efectivamente, un regalo.

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