Por los poetas y sus lunarios, por los alunados, los lunáticos y los alucinados,
por los perros que ladran a la luna y los hermanos selenitas.
Y también por las naves que atraviesan a la deriva el Mar de la Serenidad.
Dejen de vendernos en pedazos un satélite que solo existe en sus números.
Ese es su superávit y nuestro déficit.
No es ningún avance para la humanidad.
No salgan huyendo a la conquista de un nuevo Oeste.
Por Artemisa, diosa de los animales, los bosques y las montañas, no utilicen su nombre en vano y permitan los constructores de infiernos y de zigurats vivir a este mundo esquilmado.
No nos transmitan propaganda y dejen ustedes, por cierto, a la luna en paz.

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