Los parques son para pasear, para leer y para enamorarse.
Cuando les vengan ganas de invadir un país, lanzar bombas a una tienda de campaña o a una escuela, insultar a los prójimos o expulsarlos de donde ustedes están con la excusa barata de que cualquier tierra no es su tierra, no lo duden, acudan a un parque. Y sonrían.
La humanidad entera se lo agradecerá.
Y si al final les entra la tentación de hacerse dueños, también, del parque, se van ustedes al infierno. Y en paz.

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