Visité hace unos días la Basílica de Saint Denis, en un barrio en el extrarradio de París. En ese templo se encuentran las tumbas marmóreas, convertidos en cascarones vacíos, de los reyes de Francia. Muchos, pero no todos. Una verdadera concatenación de monarcas, no obstante.
En 1793, fruto de la revolución, las tumbas fueron profanadas y algunos cuerpos expuestos al público. Con posterioridad acabaron todos en una fosa común dentro de la propia iglesia.
Destino insólito, sin duda, para tanta realeza.

No hay comentarios:
Publicar un comentario