Ya me dirás qué hacías ahí, en el cruce de caminos más medular de la antigua ciudad de Palermo, donde se entremezclan, si eso es posible, naturales y forasteros sin ton ni son. Si me cuentas que estabas tomándole el pulso a esa metrópoli siciliana, me lo voy a creer, pero la próxima vez no te arriesgues demasiado a poner la oreja tan cerca de las fuerzas del orden y sus cuitas.
Sabes perfectamente que tanta proximidad, muchas veces no es excesivamente buena para la propia integridad, aunque no tenga el tigre un aspecto tan fiero, como es el caso.
Avisada quedas.

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