Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

martes, 24 de mayo de 2022

Sciascia


Una guerra civil no es estúpida como una guerra entre naciones: los italianos en guerra contra los ingleses o los alemanes contra los rusos y yo, un minero siciliano, mato al minero inglés y el campesino ruso dispara contra el campesino alemán; una guerra civil es algo más lógico: un hombre se pone a disparar por las personas y las cosas que ama, por las cosas que desea y contra las personas que odia.

Leonardo Sciascia.
El Antimonio.

jueves, 19 de mayo de 2022

La ventana



De repente la ventana se abre 
y dejamos de mirarnos a nosotros mismos 
aunque solo sea por un segundo.
Aunque solo sea por un segundo
se abre un pequeño horizonte,
una hendidura en nuestras cabezas de piedra. 
Un paisaje luminoso en el que no caben 
las estúpidas confrontaciones de todos los días
ni la mezquina y fatua consideración 
de que alguna vez fuimos 
los dueños de la tierra y del aire.
Y de repente la ventana se abre.

 

martes, 17 de mayo de 2022

Ser o no ser


La vida, que ya de por sí es una incógnita, te abre otras incógnitas a cada paso que das. Hice esta fotografía en Liébana la semana pasada y luego me fui a consultar la aplicación que me cuenta de qué podría yo empezar a conocer a ciertos individuos. El caso es que no me decido: esta maravilla podría ser una Iphiclides feisthamellii o bien una Iphiclides podalirius. O sea una mariposa chupaleches o una mariposa podalirios. Pero no me decido.

Para saber más me he ido al enlace siguiente, que añado por si alguien siente la misma curiosidad que yo: https://www.vozpopuli.com/.../ultravioleta-revela-nueva...

lunes, 16 de mayo de 2022

La Bajamar


Pero por la frontera, por más que decían, aparte del miedo, no entró nada ni nadie. En realidad, venían del sur y venían del mar y de pronto empezaron a venir de todas partes. Todos nosotros éramos como un solo enemigo. Con sus viejos, sus niños y sus mujeres también. Entonces pasó que un barco de guerra se instaló fuera de la bahía. Lo llamaban "el chulo del Cantábrico". Veíamos acercarse su silueta por la costa y empezaba a soltar cañonazos. Sin parar. Pasó varias veces que alguno daba la voz. Venía del oeste contra los puertos y los pueblos con sus cañones. A lo mejor soltaba cien cada vez que se ponía a disparar. Habían mandado ese barco a sembrar el pánico. Eso era una orden. Y sí lo hizo. Y claro que nos daba terror. Si el barco estaba cerca, los arrantzales se daban la vuelta y la gente se metía debajo del puente del tren o todos juntos dentro de los astilleros porque las paredes eran de metal y estaban ya lejos de la bocana. Las sirenas de alarma saltaban en cualquier momento del día y pitaban durante horas. Y entonces a correr. En el verano de 1936, no paró de dispararnos.

La Bajamar.
Aroa Moreno Durán.
Literatura Random House.



lunes, 9 de mayo de 2022

El suelo


Tal vez lo que se ha denominado suelo rústico era la última endeble barrera que existía contra la total especulación de la tierra y la construcción salvaje. Con la crisis inmobiliaria de 2008 se pudo comprobar  que el mundo del ladrillo tenía agotadas las perspectivas y las realidades. Sin embargo en esta "Cantagria" de nuestros pecados, los de siempre, los de las ideas "luminosas" (por no utilizar el término aluminosis),  han dado una vuelta de tuerca, con la colaboración de todo el arco parlamentario, para ejecutar una venta en retales de la tierra agraria de Cantabria, con la intención de armar viviendas unifamiliares, a troche y moche a poder ser.
El objetivo real parece claro. Contentar a la red clientelar que cada uno de estos partidos políticos, tanto el regionalista como el socialista o el popular,  han ido cultivando a lo largo de los años, sobre todo en el mundo rural (ese que se enajena cuando le hablan del lobo). Y así de paso se van deshaciendo de algunas parcelitas que les sobran (porque ya la agricultura ni fu ni fa) y que, mira tú por donde, gracias a esa gente que ama tanto, tantísimo, a Cantabria, le van a sacar pingües beneficios al asunto a costa de madrileños, bilbaínos y pucelanos. Los vendedores contentos, y cuanto más contentos mejor pagan la "contentura" en votos, que también son pasta para el bolsón.
No obstante, de toda esta mierda de la Ley del Suelo, lo que más jode es que argumenten esos lumbreras con boina y pantalón pitillo que legislan para combatir la despoblación de las zonas rurales, cuando es algo que les ha importado un comino desde hace siglos y así estamos.
No, señores. Para combatir la despoblación de las aldeas se crea trabajo, se instalan repetidores para unas buenas telecomunicaciones, se mantienen sucursales bancarias y cajeros, se procuran instalaciones para la atención de los ancianos, se mantienen los servicios de atención médica, se potencia el transporte público y se rehabilitan las casas que ya están construidas y, a veces por culpa de la desidia general, en condiciones precarias.
Pero claro, todo eso exige dinero público, impuestos, inteligencia y visión comunitaria de futuro. Y no el dinero fácil que se persigue con ocurrencias de tres al cuarto. Tanto decir que defienden Cantabria cuando en realidad lo que hacen es comerciar con ella como vendedores expulsados del templo. Vergüenza les debería dar.

domingo, 8 de mayo de 2022

Duendes alados










 Atrapar mariposas en el aire. 
Juego infinito de bailarinas alrededor de ti.
 Duendes alados, versos suspendidos.



viernes, 6 de mayo de 2022

Volver a los diecisiete


 Volver a los diecisiete después de vivir un siglo.

jueves, 5 de mayo de 2022

Alcarrâs


No se la pierdan. 
Donde la encuentren vayan a verla. Una película natural, cotidiana y tremenda. 
Dulce como un melocotón y terriblemente desoladora.

martes, 3 de mayo de 2022

Salaria Kea y John O'Reilly


Cuenta Langston Hughes en sus crónicas sobre España que Salaria Kea y John O'Reilly se casaron el 2 de octubre de 1937 en un hospital de campaña instalado en Villa Paz, dentro de la localidad de Saelices, en la provincia de Cuenca. Ella había llegado desde Harlem como enfermera voluntaria a las Brigadas Internacionales y él, originario del condado de Tipperary en Irlanda, estaba en España desde 1936, inicialmente en un batallón de nombre "La Marsellesa" y posteriormente en el servicio de ambulancias.
Ambos sobrevivieron a la guerra. Salaria volvió a Estados Unidos y John, tras conseguir un visado del gobierno norteamericano, pudo reunirse con su esposa tiempo después.
John participó en la II Guerra Mundial en las filas del ejército de Estados Unidos y a su finalización convivió con su esposa hasta su fallecimiento, el 31 de diciembre de 1986. Salaria Kea murió el 18 de mayo de 1990. Durante su vida matrimonial se vieron obligados a hacer frente a ataques racistas y a los problemas derivados de la caza de brujas del senador McCarthy debido al pasado izquierdista de ambos.

sábado, 30 de abril de 2022

No vayan a pensar...


 Ven aquí, que te quite esa arenilla que tienes en el ojo.

viernes, 29 de abril de 2022

El universo


 Él es él, su entorno y sus circunstancias.

lunes, 25 de abril de 2022

Érase una vez...


Por aquel entonces siempre volvíamos los ojos y el pensamiento a nuestros vecinos del oeste. Hace muchos años que no he vuelto pero en días como el de hoy recordamos lo que ellos fueron capaces de hacer y nosotros no.

sábado, 23 de abril de 2022

La librería fantástica


Sabedor de mi afición, me manda esta imagen mi amigo Tino Andrés de un espectro de librería en la calle Luna de Madrid.
Feliz día del libro. Cuidemos a quien lee y a quien nos suministra lo que leemos.


viernes, 22 de abril de 2022

La Guerra


Hoy en las noticias de la televisión estatal ya mencionan sin rubor al batallón neonazi integrado en el ejército ucraniano que resiste, según parece, en una fábrica de Mariupol. Y no solo mencionan sino que también se le da micrófono a uno de sus mandos.

Luego en el mismo programa de noticias indican, también sin que a nadie se le abran las carnes, que hay expertos que manifiestan su preocupación respecto al destino final de las armas que se están entregando a Ucrania. Temen que cuando todo esto acabe, esas armas queden en manos de gente que las pueda dedicar a hacer el mal (así más o menos dicen, sin cortarse).

Y creo yo que no se necesita ser muy experto en nada para llegar a esa conclusión, que a un servidor ya le rondaba esa mosca desde que este país se puso generoso con las cosas de matar.

Si es que esto del ardor guerrero y el confiar gratis es como cuando de adolescente le entregabas cartas para tu enamorada o enamorado a ese mejor amigo, que convertías en el correo del zar para  que a continuación dejara de serlo en cuanto,  entre postal y postal, te levantaba al objeto de tus pensamientos.

A lo mejor eso de ser experto en algo tendría más alcance si alguno de ellos, de esos lumbreras, se parara a mirar cómo se acaba con la guerra sin tanta muerte y sin tanta destrucción, que ahí está el nudo gordiano.

Se nos van a quedar a todos caras de gilipollas. Al tiempo.

domingo, 17 de abril de 2022

En casa de Rosario Ibarra



En el año 2001, en el tiempo en que anduvimos por México en la Marcha Zapatista del Color de la Tierra, visitamos a Rosario Ibarra en su casa de Distrito Federal. Hoy, entristecidos, recibimos la noticia de su fallecimiento. El 1 de enero de 2014, veinte años después del alzamiento zapatista en Chiapas, se publicó el libro cuyo título da nombre también a este blog y en el que, a modo de cuaderno de viaje, relaté la experiencia mexicana de los enviados de Interpueblos.
Sirva como homenaje, hoy más que nunca, el poema que dediqué a aquella mujer valiente y luchadora y la fotografía que entonces nos hicimos.


jueves, 14 de abril de 2022

La memoria que nos va quedando

Para Valentín, para Pilar, para Pepe y para todos los demás.

Si de algo estoy seguro es que somos nada más
la memoria que nos va quedando.
Somos, por ejemplo, los supervivientes
de un tiempo más áspero pero a la vez más llano,
un tiempo de claroscuros en el que abundaban
en demasía los tonos grises.
Un tiempo en el que por esa misma razón
se celebraba como una victoria de la alegría
cualquier atisbo de color.
Somos la memoria que nos va quedando
de las tardes de café con los obreros del Cuarto Estado
y de las conversaciones tranquilas y templadas
bajo los claveles de la Lisboa del 74,
de las mañanas compartidas, domingo tras domingo, 
de palas y hormigoneras construyendo dignidad,
de los cuadernos escolares
en los que íbamos escribiendo
la pequeña historia común
que sin saberlo nos hacía grandes.
Si de algo estoy seguro es que somos nada más
la memoria que nos va quedando,
el murmullo cada vez más lejano de sus palabras,
el reflejo indeleble de sus acciones,
la mirada decidida de su decencia.
Y porque ellos fueron antes,
 nosotros somos lo que somos
 y la memoria que nos va quedando.

martes, 12 de abril de 2022

Y así todo


Los caminos son fruto de una de las escasas colaboraciones entre los animales y el ser humano, el proyecto de obras públicas más ambicioso de la prehistoria financiado por varias especies. Igual que de costumbre, los humanos se hicieron con el poder y transformaron los caminos en pistas, las pistas en carreteras y las carreteras en autopistas.

El perro que paseaba a su amo.
John Zeaman.
Leqtor Universal.

viernes, 8 de abril de 2022

Un solo de mirlo


 Con mi agradecimiento para los que se han dolido con nosotros.

El día en que Mayo murió, por la tarde, casi anocheciendo, me asomé a la ventana en un intento vano de que escapara por ella la angustia que me explotaba en el pecho. Todo estaba tranquilo. No había transeúntes andando por la carretera, ni paseadores de perros, ni almas en fuga. Solamente se escuchaba un silencio quebrantado por un pequeño mirlo en lo alto del poste de la luz frente a mí que, durante un tiempo parecido a una vida, entonaba su canción de consuelo para los noctámbulos tristes que no podían ahuyentar la pena y los perros  buenos que descansaban ya de sus dolores en paz.


martes, 5 de abril de 2022

Mayo


No sé cómo, ni por dónde, ni por qué llegaron los días lentos,
ni cuándo se nos estrecharon los caminos y los prados
y con ellos el mapa de nuestro andar.
No sé cuándo nuestras miradas desconocieron
y nos convertimos en gente extrañada.
Debió ser de la noche a la mañana, amaneciendo.
o tras un recodo que te ocultó
mientras yo buscaba infructuosamente pájaros y poemas
y tú, al otro lado, musarañas, o topos o ratones, 
excavando agujeros que llegaran más allá de las antípodas.
No sé qué día fue aquel en el que los dos nos hicimos viejos
y nos creció el frío adentro y también  la barba blanca y gélida
como en un mundo lleno de invierno que se iba aproximando,
así, poco a poco, tenuemente, casi sin que lo advirtiéramos.