Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 8 de enero de 2025

Y no pensar en nada


 Y NO PENSAR EN NADA


Bendita eres tú, pereza,
porque estamos por que seas
presos del verso que reza
"Merece lo que deseas".
Eres la piedra de toque
de todo aquello por lo que
vale más que ser estar:
Un crepúsculo, un orgasmo,
o el metódico entusiasmo
con que el mar es siempre el mar.


Francisco Castaño.
Libro de las maldades.
Poesía Hiperión. 

martes, 7 de enero de 2025

El Paréntesis de Gutenberg


Escucho en la radio esta mañana la expresión "Paréntesis de Gutenberg". Es un término nuevo para mi que, de pronto, desata mi curiosidad, ya que un comentarista lo expresa relacionado con la ola de fanatismo de extrema derecha (por decirlo en infumables términos políticamente correctos) que invade el mundo. El periodista lo destaca al hilo de los porcentajes de jóvenes que manifiestan intenciones de voto parafascista. 

Me pongo a leer sobre la significación del concepto y descubro que los iniciadores de la idea consideran que los 500 años aproximados desde la invención de la imprenta hasta nuestros días no dejan de ser eso, un paréntesis, una isla, en el desarrollo (¿desarrollo?) del ser humano. Antes existió la oralidad como forma de comunicación y ahora volvemos a lo mismo con el auge de la tecnología de internet. Parece que el futuro que pintan es el de seres ágrafos e iliterarios con la inmediatez por bandera. O al menos es lo que entresaco. Lo cual no deja de traslucir un paisaje sumamente lúgubre a mi entender.

Que Don Johannes nos pille irredentos a los acumuladores de libros.  

sábado, 4 de enero de 2025

Gerda Taro o la manera de mirar


Tal vez empezaba a darse cuenta de que tenía un arma en la mano, por eso aquellas caminatas se iban convirtiendo, cada vez más, en un punto de fuga personal, una manera propia de asomarse al mundo, un poco asombrada todavía, quizá demasiado contradictoria. La manera de mirar es también la manera de pensar y de encarar la vida. Más que ninguna otra cosa deseaba aprender y cambiar. Era la ocasión perfecta para hacerlo, el instante en el que todo estaba por suceder, en que el rumbo de la vida todavía podía modificarse. Muchos meses después, en la alta madrugada de otro país, bajo el tableteo de las ametralladoras a cinco grados bajo cero, se acordaría de ese momento inicial cuando la felicidad era salir de caza y no matar al pájaro.

Susana Fortes
Esperando a Robert Capa.
Planeta.

lunes, 30 de diciembre de 2024

Certidumbres


Supongo que son las incertidumbres realmente las que nos permiten caminar. Las que nos obligan. El ansia por conocer, por saber qué hay detrás de la oscuridad o del silencio. El final de un año y el comienzo del siguiente no deja de ser una convención de nuestros horizontes humanos. Una de las ficciones que necesitamos para no caer en fosos de dragones, que es lo mismo que el intento de solapar nuestros miedos, pero no nuestros recelos. Vamos caminando con ellos como quien navega solitario por el mar de las dudas.  

Desde tal punto de vista los deseos, y más los que se enumeran en estas fechas de frontera, no son otra cosa, me parece, que pequeños brindis al sol. No obstante, como yo también, por suerte, me veo acuciado por el pecado de incertidumbre, espero que la curiosidad por lo cercano y por lo infinito no nos abandone, que la perplejidad no nos confunda, que descubramos siempre a tiempo la faz de los que nos dañan, y también que no olvidemos nunca la cercanía de quienes nos quieren, los que están y los que se fueron, mientras intentamos encontrarlos en el recuerdo de las risas y los gestos de cuando estaban vivos.

Que aprendamos a perder y que ganar nos sirva de lección para no ser humillados ni humillar.

Y que si los vientos no son buenos...
Sean.
Y mientras tanto, que maese Nicola Matteis nos acompañe.
Y con él dancemos la Ciaccona las jornadas que nos queden.

    

sábado, 28 de diciembre de 2024

Sublevación


He de decir que me gustó veros. Ha pasado tanto tiempo que ya no somos los que fuimos, pero me gustó veros, hablar unos minutos, comprobar que todavía estamos, compartir un abrazo, un beso. Adentrarnos en la niebla y recuperar de algún modo, por unos instantes, los años en los que todavía éramos jóvenes y nos traspasaban las inquietudes y la extrañeza de lo que nos depararía ese tiempo que ya está aquí.
Me gustó veros, comprobar que la memoria, ese candil travieso y fugaz que a veces nos alumbra, todavía os distingue, aunque sea entre los pliegues del ahora, tal como erais entonces. Me gustó pensaros en ese escenario común que aúna de pronto, mágicamente, pasados y presentes.
Incluso me gustó en un primer momento el documental que nos concitaba. La emoción a la que es imposible ser inmune. La emoción con la que se tejen las leyendas. Luego ya no. Luego, mientras me alejaba de mi barrio y de mi juventud, todo empezó a ser tristeza de costuras desgarradas.
No, no es culpable el propósito bienintencionado de quienes construyeron la película porque los recuerdos no son suyos. Simplemente son recuerdos prestados.

Pero la memoria tiene esas cosas. Puede ser moneda de prestamista y también puede ser efímera, tenue, transitoria. O maleable y sumisa. A veces, muchas veces, se esconde detrás del miedo o del desdén. Puede incluso ser, en ocasiones, mezquina e inescrutable. La memoria tiene esas cosas, se traiciona a sí misma, aunque pueda, en algún trance, escribirse con renglones torcidos, descubrirse, filtrar lo hermoso con el cedazo de lo evidente. 

Así que solamente puedo deciros que os vi en carne y hueso de mis recuerdos. Entrando o saliendo del salón y del tiempo donde se proyectaba el documental, pero en el documental no estábamos. En el medio del mismo había una gran sima en la que se hundían generaciones y en la que tenazmente habitaba el olvido.     

viernes, 27 de diciembre de 2024

Aguafuertes


El suelo de la habitación empezó a temblar y las paredes se movieron como si estuvieran vivas y el retrato del rey de España se cayó de su sitio y se arrinconó con media majestad incólume entre dos tablones recién reventados y el caballo andaluz soltó un relincho de desesperación y saltó la cerca y se alejó al galope camino del desierto y las gallinas volaron enloquecidas hasta las ramas últimas del limonar y su criado Francisco cruzó la cocina revolviendo sartenes y gritando que había vuelto a llegar el fin del mundo. La estatua en escayola del Apolo  de Belvedere se rompió en tres pedazos y dejó al dios con el cuerpo cortado a medio muslo y el reloj francés de madera de nogal se terminó de desquiciar como un loco que se declara incurable y dio las siete horas tres veces seguidas y los papeles del escritorio salieron volando por la ventana y entonces Cristóbal Albricias soltó un suspiro de desconfianza, miró a Amparo Siroco a los ojos y le dijo siempre te he querido. Estaban desnudos bajo la manta blanca y ella le dijo yo a ti no siempre, pero las últimas dos semanas no pensé más que en ti cuando me toqué en mis pelos. Y renovaron su abrazo, indiferentes a las sacudidas del mundo que se caía de sí mismo, y las escaleras crujieron como pergaminos podridos y la lámpara de siete anillos de bronce y cristales de Venecia se derrumbó con grandeza operística de cachalote moribundo y les cayó a dos palmos de misericordia mientras ellos no dejaban de buscar su placer. Chúpame las tetas, dijo Amparo Siroco. Y se fueron al suelo el biombo japonés, la tabaquera de cedro de Bermuda y el florero de la dinastía Ming. Y ahora déjame que te monte, dijo Amparo Siroco. Ay, Cristóbal de mi vida, qué gloria de sexo tienes. Y se abrió en el suelo de la habitación una grieta con forma de cicatriz, y la cama se escoró como en tormenta de barco y el tazón de cacao que se había mantenido sobre la mesa en un milagro de terquedad sucumbió al desorden, perdió la posición y empapó la habitación entera de un olor cálido de desayuno de domingo. Maldita mi cabeza, dijo Cristóbal Albricias, que olvidé las guacamayas. Y salió de la cama con todo el cuerpo interrumpido y cambió el paso para esquivar las páginas revueltas de las Meditaciones de Marco Aurelio y cruzó los atascos de serrín que apenas le dejaban respirar y entró como mejor pudo en el cuarto de los inventos, pisoteó los mapas de las costas de Brasil y de las islas Filipinas que aún tenían la tinta fresca y sorteó los derrames de las botijas de agua de azahar con yerbas venenosas de las Indias portuguesas y abrió la jaula. Había estado enseñando a las guacamayas a decir maldiciones en español y ahora estaban gritando a la vez todo lo que habían aprendido. Maldecían los silencios del desierto, las putadas de la soledad, la carestía de la vida en el Perú y los sermones del arzobispo de Canterbury. Cuando volvió a su habitación vio a Amparo Siroco de pie ante él, con un cepillo de marfil en la mano. Boscosa y cobriza, le miró con una sonrisa de devastación. Si me va a tragar la tierra en cueros, dijo, que sea bien peinada.

Aguafuertes.
Jesús del Campo.
Ed. Acantilado.    

martes, 17 de diciembre de 2024

No pasarán


 

En Madrid, al comienzo de la Calle Toledo desde la Plaza Mayor, esta pancarta lucía con ánimo retador en los años duros del acoso a la ciudad por parte de las fuerzas golpistas.
En estos días la Calle Toledo era  solamente la antesala a un mercado navideño infestado de turistas y policías a caballo.
El "No Pasarán" servía entonces como aviso y admonición a los que querían hacerse con el poder derribando la democracia y, también, como fuerza moral para la población resistente.
Hoy ya no existe porque, evidentemente, pasaron.   

domingo, 15 de diciembre de 2024

Mariposas negras


Habrá que convenir que las mariposas negras tienen mayor capacidad que nosotros para discernir cuando toca tomar las de Villadiego ante la catástrofe.
Ayer por la noche pude ver una película diferente. De dibujos animados, pero con héroes de carne y hueso. O mejor dicho, de heroínas. 
Tres periplos que se entremezclan para conformar uno solo, el de la deriva de nuestra historia. Existencias engarzadas por el vuelo de las mariposas negras.
Lo que sucede en el metraje lo suponíamos, lo presentíamos, se encuentra en el corazón de lo que sabemos y de lo que desearíamos ignorar. Es el peregrinaje de tres mujeres desplazadas por el desastre del cambio climático en sus lugares de origen. Un factor que no existe en las justificaciones legales para la inmigración y las actas de refugiados y que, por tanto, se convierte en un limbo laberíntico para aquellos que se ven obligados a abandonar sus casas en contra de sus deseos, para acabar malamente, en el caso de la película, en París, en Nairobi y en Dubai. Tres historias que nos traen el reciente recuerdo de la Dana de Valencia y de los valencianos convertidos en refugiados en sus propias casas.
Yo sé que contemplar una película de estas características no va a transformar el alma de piedra de los que atosigan, amenazan y persiguen con sus prejuicios y su egoísmo sempiterno a las víctimas de nuestra incapacidad como especie. Pero es que la película no es para ellos. No les sirve.
Y una cuestión aparte. Hace unos pocos meses visité Omán, al sur de la Península Arábiga. En todo momento, durante la estancia, me preguntaba cuál sería la historia de tanta gente de Bangla Desh, de Pakistán y de la India que había por allí, cómo sería su vida en un país petrolífero y enormemente rico, qué les había empujado a desplazarse allí. Cada vida tiene su aliento y es imposible conocer las circunstancias de cada cual. Las preguntas siguen ahí, como mariposas negras revoloteando, pero ahora alguna de las respuestas ya la sé.   

sábado, 14 de diciembre de 2024

Humano


Que el ser humano tiene un alto concepto de sí mismo lo demuestra sin duda alguna el léxico.
Busco en el ordenador un sinónimo de la palabra "humano" para un texto en el que me encuentro enredado, y no deja de sorprenderme el resultante.
Vean:
Compasivo, caritativo, humanitario, misericordioso, piadoso, bienhechor, pío, sensible, tierno, sentimental, benigno, benévolo, bondadoso, bueno, generoso, magnánimo, afable, amable, obsequioso, agradable, indulgente, comprensivo, condescendiente y sensato.
Y seguro que habrá más, dada la capacidad de benevolencia (por utilizar uno de los términos) que tiene para ocultarse su ferocidad aquel capaz de aniquilar todo lo que tiene alrededor, incluyéndose a él (o ella) también. 


jueves, 12 de diciembre de 2024

Ai Weiwei










Había oído hablar de Ai Weiwei debido a su disidencia con el régimen chino, pero nunca había visto ningún trabajo de este polifacético artista. En estos días, en la muestra habilitada en el MUSAC de León, he tenido la oportunidad de cumplir con ello y de comprobar que su rebeldía quijotesca parece ir mucho más allá de lo que aparece de cuando en cuando en los medios de comunicación.
La turbadora y excelente exposición estará vigente hasta el 18 de mayo del próximo año. Si pasan por la ciudad de León antes de esa fecha no duden en acompañar su estancia con una visita a este inefable artista. No se arrepentirán.


lunes, 2 de diciembre de 2024

Santander


¿Cómo reconocerme, desde los altos cobijos obreros de la niñez, en una ciudad demediada, ajena, a ratos inhóspita?
¿Cómo descender por sus calles estrechas, entonces, hacia una mar avasallada e indefensa?
¿Cómo responder a lo que está oculto, a lo que se olvida, a la apariencia?
¿Cómo volver con ojos nuevos a lo que nunca existió? 

  

viernes, 29 de noviembre de 2024

Sonrisa de Sabines



Poema de Jaime Sabines.
Los cinco primeros versos de este poema los encontré hace muchos años estampados en una camiseta en el escaparate de una tienda en la Real de Guadalupe de San Cristóbal de las Casas.
No tengo la camiseta, pero el poema no lo he olvidado nunca. 
 

jueves, 21 de noviembre de 2024

Casa tomada


Existe una novela de Manuel Mujica Laínez titulada "La casa" y un cuento de Julio Cortázar, "Casa tomada", que, a pesar de sus diferencias de tratamiento, confluyen en la concesión de un protagonismo absoluto a sendas antiguas casonas coloniales. Ambas viviendas se sitúan en la ciudad de Buenos Aires y ambas, además, han tenido tiempos mejores.
En la primera narración es la voz de la propia casa la que relata su devenir, detallando el paso por ella de los diferentes habitantes a lo largo de los tiempos, en un maravilloso juego literario en el que, al menos en esta ocasión, "las paredes hablan", que el autor empleó también en algún otro de sus trabajos, como es el caso de "El escarabajo", una joya egipcia propiedad, creo recordar, de la reina Nefertiti que pasa de mano en mano y de geografía en geografía hasta nuestros días. 
En el relato de Cortázar, el otro argentino, se manifiesta una vuelta de tuerca en el ámbito de la residencia. La evolución, siendo temporal también, aunque en menor medida, registra una transformación fantasmal que afecta a los únicos propietarios, que verán poco a poco reducido su espacio habitacional en virtud de extraños fenómenos espectrales.

Me abstraigo en todo esto mientras doy un paseo matutino, observando cómo van deteriorándose a mi alrededor vetustas viviendas tradicionales y cómo, al tiempo, se levantan en su lugar chalets de todo tipo, más funcionales (probablemente más baratos) y, desde luego, con bastante menos gracia, en una extraña huida hacia adelante que amenaza con desarbolar cualquier vestigio de formas de vida antigua y de una parte de nuestra cultura, ahora despreciada, de la misma manera que desperdiciamos alegremente especies animales y vegetales condenadas a la extinción.
Pienso en ello, mientras observo al pasar las viejas ventanas carcomidas, tomadas las casas por una decrepitud que avanza a marchas forzadas, creyendo ver por un momento, como los personajes de Cortázar, tras sus cristales rotos las sombras de los que alguna vez las habitaron. 

lunes, 18 de noviembre de 2024

Pastores de Siria


Era 2008, a las afueras de Deir ez Zor, en Siria. Al año siguiente volvería al país aunque no a aquella ciudad. Aún no se había iniciado la debacle guerrera que llegaría dos o tres años después, y el puente sobre el río Éufrates, que visitaríamos a la búsqueda del bulbul naranjero (un ave del que hasta entonces jamás había oído hablar), aún estaba intacto.
A este lugar, por el que transitaban ovejas y pastores, y en el que un grupo de niños alborozados por la novedad y por el deseo de poder observar su mundo, como si fuera nuevo, a través de nuestros prismáticos nos llevó un taxista de religión cristiana, del que muchos años después aún me acuerdo. Todavía me pregunto qué destino pudo tener cuando la ciudad fue asolada por la ocupación de los integristas musulmanes. También recuerdo a aquellas chicas, muy jóvenes, hijas de un militar sirio, que nos abordaron la noche anterior en la terraza del hotel, mientras acabábamos la cena, con la intención de practicar un idioma inglés que nosotros farfullábamos de forma bastante ramplona para desgracia suya y nuestra.
No sé si algún día regresaré a Siria, pero aún conservo entre mis añoranzas la evocación de aquellas dos visitas mágicas.  

 

viernes, 15 de noviembre de 2024

La tigresa


Siguió mirando las negras profundidades en busca de movimiento, color o lo que fuera, pero no tenía fuerza suficiente en los ojos o no miraba donde debía, porque, tras un indicio de movimiento cerca de la pared de piedra, cuando volvió la cabeza para verlo, se encontró con la tigresa casi encima de ella.
Sus movimientos eran líquidos, como la miel al gotear de una cuchara. Emergió de las sombras de la jaula como si tuviera bajo su mando una gran porción de la selva, como si pisara el sucio barro del suelo de Florencia con las zarpas. No era un gatito. Parecía que fuera a estallar, vibraba, borboteaba como si ardiera por dentro, la cara lívida, asombrosamente simétrica. Era lo más hermoso que había visto en su vida. La espalda y los lomos brillantes como la boca de un horno, el vientre claro. Vio que las rayas del pelaje no eran tales, no: esa palabra no servía para describirlas. Eran puro encaje oscuro que adornaba, que ocultaba; la definían, la salvaban.
La tigresa se acercó un poco más, y otro poco más, hasta ponerse debajo del triángulo de luz. Miraba a Lucrezia a los ojos, fijamente. Por un momento, la niña tuvo la sensación de que iba a pasar de largo, como la leona. Pero se detuvo justo enfrente de ella. No estaba pensando en otra cosa, como la leona. La había visto, estaba allí con Lucrezia; tenían muchas cosas que decirse la una a la otra. Lucrezia lo sabía... y la tigresa también.
La niña se acercó, se puso de rodillas. Ahí tenía el flanco de la tigresa, a su lado: incisiones y elipsis de negro y ámbar que se repetían. Veía entrar y salir el aire de su cuerpo; veía la parte en la que el torso descendía y se perdía en el blando vientre, las suaves zarpas, el temblor de las patas. Vio que levantaba el lustroso hocico, que olisqueaba el aire y filtraba cuanto pudiera contarle. Lucrezia sintió la tristeza, la soledad que emanaba, el impacto de ser arrancada de su hogar, el horror de las semanas y más semanas en el mar. Percibió los mordiscos de los latigazos que le habían dado, el amargo anhelo del vaporoso y húmedo dosel de la selva y los irresistibles túneles verdes del sotobosque que eran sus dominios; el dolor ardiente en el pecho por los barrotes que ahora la encerraban. ¿No había esperanza?, parecía preguntarle la tigresa. ¿Me quedaré aquí para siempre? ¿Jamás volveré a casa?


Maggie O'Farrell.
El retrato de casada.
Libros del Asteroide.
Traducción de Concha Cardeñoso. 


jueves, 14 de noviembre de 2024

Mar y tierra



Nos fijamos normalmente en las criaturas del aire, pero de cuando en cuando nuestros ojos se desvían a los despojos que deja el mar y a las maravillas de la tierra. Y así, vamos encontrándonos en lo que fuimos y en lo que seremos. Al vaivén de las corrientes y de las fuerzas telúricas, solamente olas.

martes, 12 de noviembre de 2024

Mariposa tigre


A Omán fuimos a ver pájaros y no salimos descontentos de la empresa, pero de cuando en cuando se cruzaban algunas mariposas extrañas en nuestra geografía habitual. Aunque esta, la mariposa tigre (Danaus Chrysippus), según leo aunque jamás la había visto, también está presente en las Españas.
Otras hubo, no muchas, que se colocaron a la vista del objetivo de la cámara, pero la mayoría deambulaban vertiginosas a nuestro alrededor sin mostrarse el tiempo suficiente.
Las que confiaron en este torpe fotógrafo irán apareciendo por aquí. Las otras, vuelan aún ingrávidas y ajenas. Que la Madre Natura las mantenga por los siglos de los siglos en su limbo de aire y de flores.  

 

lunes, 11 de noviembre de 2024

Un paseo por la luna


En esta luna,
que no es luna, 
el calor hiela
y el frío hierve
en rasguños
de eternidad.
En esta luna
sin luna
son sólidos
como obsidiana
los vientos
y las palabras.
En esta luna
tan rara
alunizan
alcaudones,
perdices, 
cabras 
y pastores
selenitas
que marcan
en sus lunarios
las ausencias 
y los alfanjes 
con  hilos
 de pedernal
y soledades 
de plata. 

                                                                               MCH


jueves, 7 de noviembre de 2024

Elogio de las aves de paso


El gran poeta Novalis solía decir que hay que estar "perpetuamente en estado de poesía" ¿Consiguió hacer que este requerimiento fuera su día a día? Algo así se escribe en un arranque de buenas intenciones y, luego, nos pasamos la vida traicionándonos. Esta frase me obsesiona. Me he jurado no renunciar, mantener el fuego a través de la observación de aves.
La observación de las aves es innegablemente un estado de poesía. La práctica de la ornitología es un placer sencillo, accesible a todos. Para mí fue una forma de iniciación, y luego se convirtió en una necesidad. En los albores  de la cuarentena, se ha transformado en un arte de vivir que combina paciencia, silencio (aptitudes indispensables si se quiere entrar en un bosque y no limitarse a entrar en él como un viajero impasible que atraviesa un vestíbulo de una estación). Exhorta a hacerse olvidar y a fundirse en el paisaje, estimula la observación de los pequeños detalles y aboga por una identificación rigurosa. Valores cada vez más ortogonales a los de nuestro tiempo.

Jean-Noël Rieffel.
Elogio de las aves de paso.
Editorial GG.
Traducción de Cristina Zelich.



sábado, 2 de noviembre de 2024

Isabel en el combate



Isabel en el combate

Este texto fue escrito en el año 2016 con motivo de un ciclo de militancias organizado por la Asociación Desmemoriados.

 

Hay historias que merece la pena comenzarlas al revés. Imagínense a Isabel Tejerina dando un paso hacia delante y luego otro en busca del horizonte y mientras tanto ese horizonte se va alejando un paso y luego otro más, tal como Eduardo Galeano recogió en “El libro de los abrazos”.

Imagínense a Isabel constatando que “tenemos causas (por las que luchar), pero no un modelo social alternativo”. O bien perdiendo los sueños de forma directamente proporcional al alejamiento del horizonte utópico.

Imagínense, por fin, a Isabel caminando. “Perdimos nuestro sueño, pero caminamos”. 

Entonces piensen en Isabel representando la vida en el escenario con “unos cuantos”. Piénsenla de maestra. O de madre, esposa, hermana… Y entonces les vendrán a la memoria palabras que ella misma recuerda. Utopía, idealismo, entusiasmo, militancia. 

Recuérdenla después, con su voz grave, dando el mejor discurso que se haya escuchado, seguro, en el salón de plenos del Ayuntamiento de Santander. Recuérdenla siendo expulsada, como son expulsados los justos, por el impío, por el centurión que, tiempo después, en verdadera muestra de justicia poética, también a hierro muere.

Escúchenla ahora confesándose de esa ingenuidad que los militantes no se pueden permitir y que, sin embargo, les hace más humanos. 

Entonces vendrán las causas de los hombres y de las mujeres. Todas, porque en todas caminó. La causa obrera, la causa estudiantil, la causa vecinal, la causa feminista…Causas que por muchas que fueran se encerraban en una: La justicia social. 

Y entonces, caminando, llegamos a la lucha contra la dictadura. Esa, la permanente, la que sigue imponiendo hoy, con otros disfraces, su criterio. 

Y llegamos al comienzo, como el marino que nunca fue, soltando amarras. E Isabel se pone a caminar.