Ventanas para observar al mundo,
para mirar dentro,
para mirar al perro que pasa sonriente y desocupado,
para mirar lo que fue y lo que no está.
Ventanas oscuras,
ventanas que ocultan,
ventanas que enseñan al que no sabe.
Ventanas a las que se asoman princesas del tercer mundo,
del cuarto estado,
cuando no están, de sol a sol, cosiendo ropas de siete euros
para las tiendas minoristas de tu calle.
Ventanas para el delfín
y el resto de los cetáceos
que se van a morir a las playas.
Ventanas ciegas que te miran
a ti, que te reflejas en ellas
sin verte.


