-Cada isla es un planeta. Quiero decir, con órbita, satélites y leyes propias. Inconfundibles. Si te conviertes en uno de sus habitantes por unos días, o incluso por unas horas, no te queda otro remedio que respetarlas...
De lo contrario, puede que ni logres acercarte a ellas, ni consigas abandonarlas. Porque las islas son mundos celosos de su libertad. Cualquiera puede visitarlas, pero solo pertenecen a los isleños, y a duras penas toleran a los islófilos.
Ernesto Franco.
Historias fantásticas de islas verdaderas.
Gatopardo ediciones.
Traducción: Natalia Zarco.

No hay comentarios:
Publicar un comentario