Paramos aquí, al socaire, a nuestro regreso de los géiseres del Tatio. Entonces aún encontraba tiempo (tiempo que espero volver a encontrar) para detenerme un rato y sacar a trabajar al lápiz y las acuarelas. Un entretenimiento que iba marcando los tiempos del viaje y señalando los momentos para la memoria futura. Esta que aparece hoy, tanto tiempo después, y que me devuelve a aquel lugar, a aquel día y a aquella pequeña iglesia.

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