Yo creo que era 1977 cuando escuché por primera vez la inusual y novedosa música de Gwendal en el radiocasette de unos montañeros de Infiesto que, como nosotros, se habían quedado varados en la estación inferior del teleférico de Fuente Dé.
Nosotros estábamos allí para vender a los turistas posters de los Picos de Europa y la primera edición del libro de Isidro Cicero, "Los que se echaron al monte". De ese modo ayudábamos a sacar fondos para sufragar los campamentos del barrio y las labores de nuestra asociación de vecinos.
No fue difícil entablar relación con aquellos asturianos que nos ilustraron con melodías que llamaron rápidamente nuestra atención y que nosotros, en un primer momento, supusimos de su tierra, tan alejados nuestros conocimientos de las músicas bretonas y de las celtas en general.
Después, con los años, escucharíamos a otros músicos de Bretaña y luego a escoceses e irlandeses, y poco a poco iríamos ampliando nuestra base musical con intérpretes de otros mundos, para luego regresar al nuestro. Pero aquel primer disco de Gwendal, titulado Irish Jig, se quedó en nuestro acervo para siempre, siendo una de esas raras grabaciones en las que ningún tema se puede descartar porque todos rozan la excelencia.
Ahora ellos ya no son los que empezaron, salvo excepciones, y nosotros tampoco somos los mismos, sin excepción, pero acceder a su concierto y escucharlos nos retrotrae a otras épocas con cierta melancolía. Nostalgia lo llaman.

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