Al regreso, Mordor es más como se supone que es. No hay nubes gigantescas esta vez, pero nos encontramos con la plaga recurrente. O más bien con la demostración palpable, en humo y fuego, de una plaga recurrente más dañina y mortífera, como es la de quienes se creen únicos dueños del mundo, de la naturaleza, de la tierra y de las cosas.

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