Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 27 de febrero de 2017

El hijo

"Las flechas no eran distintas. Podía emplearse media jornada en hacer una como es debido -recta, con la longitud y la rigidez adecuadas, todas las plumas alineadas-, aunque en un solo minuto de combate podían hacerte falta dos docenas. Los astiles se palpaban y prensaban, se levantaban a la luz y se enderezaban entre los dientes. Una flecha torcida no era distinta de un cañón de rifle curvado. Los comanches esperaban que sus flechas alcanzaran casi cincuenta metros cuando disparaban deprisa, cientos de metros si se lo tomaban con calma. Un día tranquilo vi a Toshaway matar un antílope a doscientos metros; la primera flecha pasó por encima del lomo del animal (aunque cayó tan silenciosamente que no se dio cuenta), la segunda se quedó corta, también en silencio, y la tercera por fin le acertó entre las costillas.
Las cuerdas eran por lo general de tendón, que en seco disparaban flechas más deprisa que cualesquiera otras pero cuando estaban mojadas no eran fiables. Había quien prefería la crin de caballo, que disparaba más lento pero era digna de confianza fueran cuales fuesen las condiciones, y también había quien prefería la tripa de oso.
Las mejores plumas para flechas eran las de pavo, pero las de búho o buitre ratonero también iban bien. Las plumas de halcón y de águila no se usaban nunca porque se estropeaban con la sangre. Los mejores astiles tenían acanaladuras a lo largo. Nosotros usábamos dos acanaladuras y los lipanes, cuatro. Eso impedía que la flecha restañara la herida que acababa de abrir, pero también evitaba que el astil se combase.
Las puntas de las flechas de caza se fijaban en vertical, puesto que las costillas de los animales quedaban en vertical con respecto al suelo. Las puntas de las flechas de combate se fijaban en paralelo a la tierra, igual que las costillas humanas. Las puntas de caza se hacían sin lengüetas y se ataban bien fuerte al astil para arrancarlas del animal y reutilizarlas. Las flechas de guerra tenían lengüetas y los filos estaban más flojos, de manera que si se sacaba la flecha, la punta quedara alojada en el cuerpo del enemigo. Si te alcanzaban con una flecha de guerra, había que sacarla por el otro lado. Para entonces todos los blancos lo sabían, aunque no estaban al tanto de que utilizábamos flechas distintas para cazar.
Todas las tribus de las praderas usaban flechas con tres plumas, aunque algunos grupos del este usaban solo dos, cosa que desdeñábamos, porque no eran certeras. Naturalmente, los indios del este no le daban tanta importancia, pues vivían gracias a la asignación semanal de carne del hombre blanco y de todos modos pasaban borrachos la mayor parte del tiempo, pensando que ojalá hubieran muerto con sus antepasados".


El hijo.
Philipp Meyer.
Literatura Ramdom House.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Maneras de cocinar la berenjena





Con miel, con limón, con atún, con anchoas, con alcaparras, con cous cous, con arroz, con pasta, con tomate, con queso, con salmón, con pimiento verde, con pimiento rojo, con quinoa, con cebolla, con jamón, con aceitunas, con huevos, con piñones, con gambas, con albahaca, con orégano, con salchichas, con cúrcuma, con pimienta, con calabacín, con zanahorias, con champiñones, con perejil...

En soledad tira a insípida.

martes, 7 de febrero de 2017

Sarri

A veces se echan cosas en falta. A los pájaros viajeros cuando llega la primavera, a los amigos que se han ido lejos a buscarse la vida, a los amigos que se fueron aún más lejos a encontrarse con la muerte. Incluso, en ocasiones, se echa a faltar un libro en la biblioteca o a la poesía caminando por la calle o desayunándose en un bar.
Celebremos entonces que por fin existe una antología de poemas de Joseba Sarrionandia en castellano. Se ha hecho esperar, pero ha merecido la pena. Para los castellano hablantes, por fortuna, su poesía ha dejado de estar en paradero desconocido.  


MEDITACIÓN CON EL PRETEXTO DE UNAS MARIONETAS

Siempre estamos atados a algún hilo, hilos nos sujetan por la espalda,
hilos dirigen nuestros pies, hilos nos sostienen la cabeza,
hilos de los recuerdos, hilos de la realidad, hilos de los deseos,
hilos que a veces se rompen, hilos que se enmarañan y se lían,
hilos, y nosotros que tropezamos en los hilos enredados.

Sin embargo -si me permitís ponerme serio y citar al filósofo francés-
la cuestión no es lo que nos hacen sino lo que hacemos con lo que nos hacen.


                                                                                         Joseba Sarrionandia.

lunes, 30 de enero de 2017

Patrick Galvin


Descubro al poeta irlandés Patrick Galvín viendo nuevamente la película "Los niños de San Judas", historia basada en un libro de memorias que escribió recordando su infancia. La película, a pesar de transcurrir en un reformatorio de Irlanda, está íntimamente ligada con la historia de España, y en ella aparece el siguiente poema.



RECUERDA ESPAÑA


Las legiones marchan  
a través de los campos de olivos de España.
Sus pies son armas,
sus ojos son balas en mis pulmones.
Recuerda España.
Lloré por ti
cuando la primera llama apareció
en Andalucía.
Ahora esa llama es fuego
que quema los Pirineos.
Recuerda España.

No me doblegaré,
no sucumbiré,
tragaré dinamita
y un día explotaré
como un volcán.

Recuerda España.
Escucha:
Están bombardeando Guernica,
las flechas caen de los cielos,
las bayonetas crecen en los campos,
los niños sangran.
No lloraré.
Recuerda España.
Recuerda España.


                               Patrick Galvin

viernes, 27 de enero de 2017

La ventana indiscreta


(No hay suspense al estilo de Don Alfredo. 
Y tampoco yo me parezco en nada a James Stewart).

Pasan las horas sin misterio.

Más allá de la ventana saltan de rama en rama petirrojos y mosquiteros. Y algunas veces me visita, con el cristal de por medio, la sombra negra y hermosa de un miruello. Amenaza con sigilo el gato del vecino.

Tiemblan los árboles.
Y las nubes vuelan mientras suceden las noches a los días.

jueves, 19 de enero de 2017

Patente de corsario

Semana dedicada a desfacer tuertos en entidades bancarias. Finalmente consigo cancelar la cuenta que un familiar impedido tenía en el banco del logotipo de la mierda humeante. En la cuenta apenas había movimientos salvo aquellos que el propio banco cargaba concienzudamente como comisión de mantenimiento (en realidad, por no hacer nada). Ya eran una barbaridad los 10 euros semestrales, pero completamente descabellados los 24 trimestrales del último año.
Con la cancelación aún me cobran 16 más a beneficio de su patente de corsario. Indignante.

Pongo rumbo a otros mares más pacíficos. Por fin puedo empezar a mentalizarme y a pensar en el remiendo que mañana me harán en el tobillo. Si la marea no lo impide.

martes, 17 de enero de 2017

Komunyakaa

NUNCA SE SABE

Se tambaleó por un momento
entre la hierba alta, como si estuviese bailando
con una mujer. Nuestros cañones
se pusieron al rojo vivo.
Cuando me acerqué,
un halo azul de moscas volaba sobre él.
Cogí de sus dedos
la foto deteriorada.
No hay otra manera 
de decirlo: Me enamoré.
La mañana empezaba a clarear,
menos para un mortero lejano
y para algunos helicópteros que despegaban en alguna parte.
Le metí la cartera en el bolsillo
y le di la vuelta para que no siguiera
besando el suelo.

                                               Yusef Komunyakaa

jueves, 12 de enero de 2017

Elegía pura


Aquí no pasa nada, 
salvo el tiempo:
irrepetible
música que resuena,
ya extinguida,
en un corazón hueco, abandonado,
que alguien toma un momento,
escucha 
y tira.

                                     Ángel González

lunes, 9 de enero de 2017

Ponerse las botas

Sierra de Peña Sagra, El Cuernón, El Dornaco, Cueto Cucón, El Agero, La Ventosa, Los Tornos de Liordes, La Vega de Liordes, La Padiorna, Peña Remoña, Torre Salinas, El Llambrión, Colladina de las Nieves, Collada Bonita, Peña Vieja, La Vueltona, Cabaña Verónica, Tesorero, Mancondiú, Bejes, Tielve, Tresviso, Castro Valnera...
Haciendo limpieza aparecen ellas, acartonadas, endurecidas por el paso del tiempo y la oscuridad, con huellas y cicatrices que son historias por contar. Botas de caballero andante.  

sábado, 7 de enero de 2017

Librería 74

            Venecia. Italia.

martes, 3 de enero de 2017

Visión personal de una película de Jim Jarmusch




Salgo del cine a la niebla mientras pienso si es verdad
que se pueden escribir palabras en el agua.

Creo que, tal vez, pueda hacerse de igual modo en el que hoy,
en esta noche,
se podría grabar un verso con estilete de hielo en esa misma niebla
al lado de un río que no se llama Passaic.

El chofer del autobús municipal escribe en su cuaderno
mientras recuerda conversaciones pasajeras.

Paterson nació en Paterson como libro de poemas,
después de que un médico pediatra
ilustrara el envés de las recetas
como quien escribe en un fluído.
Rubin “Hurricane” Carter nació en Paterson
para luego enterrarse en vida
contemplando cómo un futuro Premio Nobel
lo transformaba en una balada.
La Questione Soziale, periódico anarquista, nació en Paterson
mucho antes de que Gaetano Bresci, su fundador,
terminara con el rey de Italia.
Hasta Allen Ginsberg nació en Paterson y luego exhaló un aullido.

Todos escriben, desde entonces, en el agua. 




John Berger

Luego, JR y yo hemos tenido encuentros y desencuentros. En La Habana y lejos de La Habana. En Riobamba. En Gualaquiza. En Hoi An o en Saint Louis de Senegal.
Y también aquí  hubo veces que medíamos las espadas de la soberbia o la desconfianza. 

Pero en el principio de las cosas estuvo John Berger: Conversaciones lentas, ahora antiguas, con unas cuantas cervezas y unos cuantos libros por el medio.

En el principio de las cosas estuvo John Berger.
"Una vez en Europa".

Prestar un libro es una muestra de confianza cuando antes no había nada.

Y ya se sabe. A veces un gesto puede ser el comienzo de una gran amistad. O a veces (aunque en este caso no ocurrió) pierdes el libro.
Por si acaso:  "Puerca tierra". Y que ésta te sea leve, John Berger.
  

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Retornos

    Para los amigos que regresan (aunque sólo sea por un rato)



Tenemos amplios horizontes.
Tenemos caminos que aún no hemos transitado.
Tenemos ciudades que no hemos visto y rincones que queremos volver a ver.
Tenemos rostros que sólo conocemos en sueños.
Tenemos montañas.
Tenemos ríos y mares incalculables.
Tenemos nubes que forman palabras que siempre quisimos decir.
Tenemos pájaros que nos cantan desde otras ramas.
Tenemos espejos que cruzar.
Tenemos añoranzas, nostalgias, melancolías, morriñas y saudades.
Tenemos sombras que perseguir.
Tenemos unos tragos pendientes
y la mitad de algunas conversaciones
que aún laten enteras
como un corazón.




martes, 20 de diciembre de 2016

Final de viaje



No sé dónde están.
Sólo sé que entonces éramos jóvenes
y nos fumábamos el cielo y el infierno.
A veces nos bebíamos la luz y el futuro
hasta quedar extenuados
y deambulábamos por las calles,
sin comprender el extravío,
como fantasmas sonrientes,
ajenos al orden y a las balizas.
No sé dónde están porque no aprendimos nada.
No supimos ver y ni siquiera tuvimos miedo.
No sé dónde están.
Únicamente sé que un día nos paramos
sobre un campo de amigos muertos
y nos sentimos solos,  sin espejismos
que introducir en nuestra sangre .
Silenciosamente vivos, lúcidamente ciegos
en un porvenir desperdiciado.

sábado, 17 de diciembre de 2016

Después

   Apamea. Siria.

Después

Hoy llueve en el recuerdo de mis ojos,
en la creciente insensatez de las horas marcadas en rojo,
donde apenas se adivina
que mirar a las estrellas
es, hoy, mientras llueve,
 una labor de incrédulos
y de locos.
Hoy llueve mientras las columnas de almas devastadas
cruzan la pantalla en silencio,
mudas, como lluvia lenta,
como animales sin morada,
como versos del olvido.

MCH

lunes, 12 de diciembre de 2016

Una pieza especial



Javi está observando a las aves que sestean indiferentes en la laguna del oasis. Acerca alternativamente a sus ojos los prismáticos y su cámara fotográfica. De cuando en cuando escucho el obturador del objetivo: clic, clic, clic. Un archibebe común: clic. Una cigüeñuela: clic, clic. Un chorlitejo chico: clic.
La jornada transcurre tranquila mientras disfrutamos del paso de los pájaros desde el mirador. De pronto, a mi lado oigo un inusual y abrumador clic-clic-clic-clic-clic-clic-clic-clic-clic….
Javi dispara su cámara frenéticamente mientras me susurra gritos de alegría. Miro, aturdido, hacia el agua en donde las aves siguen con sus quehaceres cotidianos sin mostrar ningún signo de alarma. No veo nada que me indique el motivo de tanta actividad en mi compañero, hasta que en mitad de una ráfaga me señala el paso furtivo de un guión de codornices entre los matorrales. Cuando el animal desaparece en la espesura, Javi comienza una danza de saltos y exclamaciones que demuestran hasta donde llega la alegría en un ornitólogo habitualmente cauto y sereno. Yo, que no soy consciente de la importancia del avistamiento, me quedo mirándolo asombrado e incapaz de utilizar la cámara para cobrar mi primer humano feliz hasta el paroxismo.    

Un control


Cruzamos el río Gambia en un transbordador hacia la orilla norte. Al llegar a tierra, unos hombres ataviados con  ropas de camuflaje nos apartan de la marea humana que desciende de la nave y nos piden los pasaportes. Tras examinarlos sin mucha atención devuelven los de las cuatro mujeres del grupo y retienen los nuestros. A José Ramón y a mí nos señalan un chamizo de madera  y nos obligan a entrar con nuestras mochilas.
El interior es una penumbra vacía con suelo de paja y tierra en la que brillan a mi alrededor siete pares de ojos. Abren los equipajes y revisan concienzudamente la ropa y los objetos. No sabemos lo que buscan exactamente. Miran con curiosidad la caja de acuarelas, pero se detienen más tiempo con los medicamentos y nos preguntan por las cualidades de cada uno de ellos.
Por fin uno de los policías sostiene en su mano la caja de pastillas contra la malaria y nos la pide como regalo. La duda es como un fogonazo compartido, pero José Ramón, arriesgando en la jugada, le contesta que no es posible porque tenemos las justas para nuestra estancia.
El hombre se resigna y nos pide que recojamos los bultos. Luego, nos miramos aliviados y salimos de nuevo a la luz.

lunes, 5 de diciembre de 2016

La vida lenta

Adormecer el vértigo mientras los niños juegan a ser hombres que son niños. 
Y mientras tanto, los niños juegan, rompen los cristales de la tierra, nombran el miedo de los otros, cancelan la alegría en la casa del hombre.
Niños que dimiten de la esperanza de ser niños.
 

viernes, 2 de diciembre de 2016

Funeral


Ya se murió el viejo,
y con él su barba consumida,
sus discursos de 10 horas,
su camisa verde olivo,
su tirana forma, según dicen,
de hacer grande
una isla tan pequeña.
Así que ahora, ustedes,
sus tristes e impotentes enemigos,
los que miran con lentes de aquí
los sucesos de allá,
los que huyeron, cobardes, a Miami,
los que aseguran que mató al Che,
los que mantienen que desapareció a Camilo,
los latifundistas,
los liberales,
los negociantes,
los prietos votantes de Trump,
los recalcitrantes,
los equidistantes,
los arrepentidos,
los hipócritas demócratas
que lavan sus miserias con agua bendita,
anticomunistas todos,
ustedes:
ya pueden,
según prefieran,
bailar, darse golpes de pecho,
volver a sus madrigueras.
Y después, cuando ya pase el peligro,
morirse,
también,
tranquilos.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Librería 73

 Venecia-Italia