Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago
jueves, 3 de octubre de 2019
Paisajes de la memoria
Para leer mi (por el momento) última publicación en la Revista Cultural Amberes:
http://amberesrevista.com/paisajes-de-la-memoria/
martes, 1 de octubre de 2019
lunes, 30 de septiembre de 2019
Dos ciudades
La música ha sido creada para la gente sin hogar porque es el arte que menos unido está a un lugar concreto. Es sospechosamente cosmopolita. ¿Por qué las partes de una composición musical llevan nombres italianos? ¿Por qué Beethoven nació en Bonn y murió en Viena? ¿Por qué dedicó tres de sus cuartetos de cuerda a un aristócrata ruso? ¿Por qué los chinos tocan los nocturnos de Chopin? ¿Por qué Haendel viajó a Londres y Rossini a París?
La pintura es el arte de los sedentarios que se complacen en la contemplación de la tierra natal. Los retratos afianzan a los sedentarios en la convicción de que sólo si pueden ser vistos viven de veras. Únicamente los bodegones, y no todos, dejan al descubierto la indiferencia total y absoluta de las cosas, su cinismo y su falta de patriotismo provinciano. Los jarros pintados por Morandi no tienen nada que ver con Bolonia: son frágiles, esbeltos y llenos de aire. En los cuadros de Vermeer, los interiores pertenecen a Delft, pero las ventanas se abren hacia la nada, es decir, hacia la luz.
En cambio, la poesía encaja con los emigrantes, aquellos desdichados que, con un patrimonio ridículo, se balancean al borde del abismo, a caballo entre generaciones, a caballo entre continentes. A veces, mueven los labios. Algunos mascullan los peores reniegos, y otros, estrofas de una poesía.
Adam Zagajewski.
Dos ciudades.
Acantilado.
domingo, 22 de septiembre de 2019
Postureo
Museo del Louvre. París. Septiembre de 2019.
Si ustedes despojan de ornamentos,
aditamentos y distracciones varias
al comportamiento humano,
entonces queda lo ridículo.
miércoles, 4 de septiembre de 2019
Camarada Sol
EL TIEMPO PERDIDO
Ante la puerta de la fábrica
el obrero se para de repente
el buen tiempo le ha tirado
de la chaqueta
y cuando se vuelve
y mira al sol
bien rojo
bien redondo
sonriendo en su cielo de plomo
que le guiña el ojo
familiarmente
Di camarada Sol
¿no te parece
una estupidez
regalarle al patrón
una mañana como ésta?
Jacques Prevert
martes, 27 de agosto de 2019
domingo, 25 de agosto de 2019
viernes, 23 de agosto de 2019
Trincheras del Cueto de Castiltejón
Ayer por fin subí al Cueto de Castiltejón. Cada vez que iba al puerto de San Isidro desde Puebla de Lillo, bien para visitar el Lago de Isoba, bien para acercarme al fortín de la Alboleya, lo veía allí, una solitaria peña entre montañas desplomándose hacia la gran pradería en la que a veces, muchas veces, pastan las vacas.
Ayer, por fin, subí para visitar las trincheras en las que tropas republicanas en 1937 resistieron lo que pudieron el avance del enemigo.
Aún quedan huellas: las trincheras son inmensas cicatrices en la loma y el búnker doble asemeja ya, hoy lo sabemos, los ojos ciegos de la derrota.
Mayo subió conmigo, el pobre ya está un poco viejo, y cuando llegó a la cumbre se tumbó en el pozo de tirador como quien ha cumplido con su destino.
En el camino vimos un raposo cruzando la carretera, perdices espantadizas y a un escribano montesino. Desde el vértice, a unos metros de nosotros, dos corzos corrieron como tales más allá de los parapetos. La mirada nostálgica de Mayo los siguió, a falta de más fuerzas, desde su atalaya hasta que se perdieron.
Ayer, por fin, subí para visitar las trincheras en las que tropas republicanas en 1937 resistieron lo que pudieron el avance del enemigo.
Aún quedan huellas: las trincheras son inmensas cicatrices en la loma y el búnker doble asemeja ya, hoy lo sabemos, los ojos ciegos de la derrota.
Mayo subió conmigo, el pobre ya está un poco viejo, y cuando llegó a la cumbre se tumbó en el pozo de tirador como quien ha cumplido con su destino.
En el camino vimos un raposo cruzando la carretera, perdices espantadizas y a un escribano montesino. Desde el vértice, a unos metros de nosotros, dos corzos corrieron como tales más allá de los parapetos. La mirada nostálgica de Mayo los siguió, a falta de más fuerzas, desde su atalaya hasta que se perdieron.
miércoles, 14 de agosto de 2019
Aprendices de ornitólogo
Esta fotografía me encanta. Está hecha hace un mes aproximadamente al norte de Uzbekistán. Estamos en el inmenso patio de una fortaleza de planta cuadrangular del siglo V o VI.
Allí nos encontramos con estos dos niños que, con un arco rudimentario (el de amarillo lo lleva entre sus brazos) jugaban a cazar pájaros.
Y de pronto se encontraron con tres europeos armados de prismáticos que también fijaban su atención en las aves de la zona. Al primer intento de enarbolar el arco les cayó un resoplido y a partir de ese momento se centraron en nuestro merodeo "pajarístico".
Como veis, seguían al jefe, convertidos también en improvisados ornitólogos.
miércoles, 7 de agosto de 2019
Los nombres del Everest
Incluso el nombre tibetano de la montaña tenía unas cuantas traducciones y significados. [...] los pastores de yaks, que lo llamaban Chomo Uri, lo que tradujo por "Diosa del Pico Turquesa". De vuelta en Londres, Douglas Freshfield, un veterano del Kangchenjunga y antiguo presidente del Alpine Club y de la Real Sociedad Geográfica, tradujo el nombre del Chomolungma como "Diosa Madre del País", lo que pronto metamorfoseó en una expresión todavía más rimbombante, "Diosa Madre del Mundo". Charles Bell, la autoridad académica, afirmaba que el propio nombre tibetano era, en realidad, Kang Chamolung, que significaba "Nieve de la Tierra del Ave". David Macdonald, el protegido de Bell como agente de comercio en Yatung y Gyantse, ofrecía otro nombre todavía más descriptivo que traducido era: "La montaña que puedes ver desde nueve direcciones, la cima que no puedes ver de cerca, la montaña tan alta que los pájaros que sobrevuelan su pico se quedan ciegos".
En el silencio.
Wade Davis.
Editorial Pre-textos.
domingo, 4 de agosto de 2019
Un asunto de crampones
"Todo el arco de la cara Norte es completamente inexpugnable. La cara Oeste-Noroeste es imposible cerca de la cima, y lo mismo, más o menos, aunque con menos certeza, se aplica a las caras Noroeste y Sureste; todo esto ha sido extraído a partir de diferentes avistamientos lejanos. Quedan las aristas. La Oeste termina en rocas muy empinadas -no hemos visto más-; la Noroeste se podría ascender hasta la loma nevada que le comentaba si nos la encontráramos en los Alpes -un asunto de crampones, diría yo-. Por encima de ésta, la larga franja de una cresta nevada conduce a una pendiente empinada de rocas, y hay otra cuesta más allá, pero más corta, donde una de las bandas verticales se encuentra con la cresta; pero en ambas partes las rocas parecen quebradas por barrancos, aunque no creo que sean imposibles de salvar. La verdadera cima es una roca con un ángulo moderadamente sencillo. La arista Norte no baja de la cima, sino de la arista Este, que en comparación es plana y nevada sobre ese lugar. Creo que podría funcionar si alguien logra llegar al collado que hay entre ese punto y el primer pico en dirección norte.
Bueno, pues eso es todo lo que sabemos de la montaña desde el punto de vista del ataque [...] Todas las caras que dan al norte son la mar de empinadas, así que dudo que haya un collado accesible en esa parte cerca del Everest, incluso aunque la arista Oeste fuera una línea de ataque [...] Con eso entenderá que tenemos una tarea tremenda entre manos. Apenas tengo una mínima esperanza de coronar la cima, pero por supuesto hemos de proceder como si fuéramos a llegar".
George Leigh Mallory. Expedición de 1921.
miércoles, 24 de julio de 2019
El habitante de la fortaleza
Al norte de Urgench, en los territorios del antiguo Imperio Corasmio, diseminadas por el desierto, permanecen dormidas y decrépitas varias fortalezas. En una de ellas, de inmensa planta cuadrangular, avistamos a este mochuelo, a cubierto del sol abrasador, que no dejaba de observar a aquellas criaturas inoportunas que interrumpían la paz de su descanso.
domingo, 21 de julio de 2019
Las grandes nubes
Las grandes nubes
Las
grandes nubes de nuevos continentes,
pies cansados
en climas tan misteriosos.
N o bajes hasta la otra parte para
nada.
Jack Kerouac
Miradlas.
Están ahí, poderosas, impenetrables.
Como un torbellino de hielo
en nuestros ojos cansados.
La magnitud sensible que sostienen las montañas,
el velo que oculta todo lo que desearíamos conocer.
Aquello por lo que, tal vez,
abandonaríamos el hogar
o nos dejaríamos cortar un brazo.
La parte de nosotros
que nos está vedada.
El misterio que nos atraviesa.
MCH
RFR
SE VA A ACABAR EL MUNDO
"Un cierto instinto pitagórico hace que
se consideren los números redondos
como cifras fatídicas. Así fue el año
del Mil, así será el de Dos Mil:
se va a acabar el mundo."
Alfonso Reyes
Con tanta mierda, bien valdría la pena que lo hiciera.
Con tanto niño condenado a reventar por enfermedad o por hambre,
con tanto cabrón, con tanto golpe de pecho, con tanto cobarde,
con tantos pobres cuya multiplicación sería la especialidad de Dios
si no fuera la especialidad de algunos hombres sin Dios.
Con tanta tantez bien valdría la pena.
Pero de pronto se sonríe uno de mis nietos,
pasa y quizá hasta se queda una lunarada muchacha lila,
amanece con sonidos de pájaros,
encuentro a un nuevo amigo, algo
increíble a mis años,
leo el poema aquel, oigo el concierto del alma,
un mísero parte su mendrugo
y da la mitad a otro mísero.
Al carajo el instinto pitagórico, los números redondos.
Todavía podemos hacer cosas por las que vale la pena vivir
y morir como Dios manda.
Roberto Fernández Retamar.
sábado, 29 de junio de 2019
El dedo sobre el mapa
Partir está al alcance de la mano
y el destino importa poco.
Para dar la vuelta al mundo basta
con poner un dedo sobre el mapa.
Herme G. Donis
jueves, 27 de junio de 2019
Villaeles
Villaeles de Valdavia- Palencia.
Hacía más de cuarenta años que no pasaba por allí, pero todo sigue más o menos igual. Hay otro bar frente a la fonda en la que solíamos pernoctar. Más allá, como entonces, se extienden los campos en los que mi padre, mi tío y mis primos con sus perros y sus escopetas acechaban detrás de perdices, codornices y liebres.
Yo, por mi parte, nunca fui aficionado a la caza, pero ya sentía la pulsión de viajar y caminar por bosques y montes. En aquellos días llegar a Villaeles, tres personas y dos perros en un seiscientos era algo parecido a una odisea.
Recuerdo que yo iba de morralero, siempre detrás de la escopeta de mi padre o de mi primo, por si se escapaba algún tiro.
Por entonces me leí las obras de Miguel Delibes sobre su amor por la caza, pero jamás me llegó suficientemente la parte que hablaba del acto de matar. Me quedaba más bien con las hermosas descripciones de la planicie castellana.
Recuerdo que yo iba de morralero, siempre detrás de la escopeta de mi padre o de mi primo, por si se escapaba algún tiro.
Por entonces me leí las obras de Miguel Delibes sobre su amor por la caza, pero jamás me llegó suficientemente la parte que hablaba del acto de matar. Me quedaba más bien con las hermosas descripciones de la planicie castellana.
Acompañé a mi padre durante dos o tres años y con él viví algunas de las vicisitudes, las conversaciones y las baladronadas de los cazadores, muy dados ellos a contar historias exageradas y hazañas que difícilmente pudieron ocurrir.
Luego me hice mayor y descubrí que había otros mundos y cambié el morral de los bocadillos por mochila en la que no cabían animales muertos ni cartuchos ni cartucheras.
Para entonces mi padre había dejado de cazar.
sábado, 22 de junio de 2019
Caminos cruzados
Apamea (Siria) 2009.
Entonces éramos la vida, caminos que se cruzan,
paralelos y meridianos en un orbe al alcance de nuestra voluntad y de nuestros sueños.
Éramos el abrigo para la lluvia en medio de la ciudad milenaria.
Éramos el espejo en el que mirarnos siempre.
Siempre.
(Para Conchita y Amelia, in memoriam)
Siempre.
(Para Conchita y Amelia, in memoriam)
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Mientras cenan con nosotros los amigos,
Siria
viernes, 14 de junio de 2019
La balada de Mary Burns
Mientras Marx y Engels redactan el Manifiesto Comunista
y un fantasma voraz recorre Europa, la olvidada Mary Burns
camina desde los arrabales hacia la fábrica
por calles oscuras que flanquean edificios de ladrillo rojo
y humo negro.
Sus manos, a los veintitantos años, son grietas de hilos de
algodón,
estigmas tan rotundos como el frío de la madrugada
o la línea de ferrocarril que atraviesa los campos silenciosos
entre Liverpool y Manchester.
Mientras Marx y Engels transforman en palabras visionarias
el hacinamiento y las enfermedades
de aquellos que malviven como Mary Burns,
ella labora quince horas al día al fondo de un barracón
entre telares,
y el estruendo que provoca el hambre,
entre penurias de paños grises,
en el estupor preciso del alcohol,
frente a un horizonte de cadáveres que llegan a la muerte
con la puntualidad de las sirenas que cierran la jornada,
con la rutina de los días incoloros y la miseria entendida
como uno más de los medios de producción.
Mientras Marx y Engels hacen acopio de razones para la
revolución,
Mary Burns como Virgilio conduciendo a Dante de la mano,
es quien les regala las razones, una a una, golpe tras golpe,
cuando muestra a los insignes alemanes,
entre talleres, cuartuchos y vertederos,
la verdadera y única faz de los infiernos.
MCH
jueves, 6 de junio de 2019
Al vent
En 1968 Raimon cantaba Al vent en este mismo lugar ante una infinidad de estudiantes.
viernes, 31 de mayo de 2019
Un paseo por las Montañas Simien
La Revista Amberes me publica una pequeña historia sobre mis andanzas del año pasado por las Montañas Simien en Etiopía. Se puede leer aquí.
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