Dentro, las chimeneas,
como guardianes, como soldados,
como un ejército estático y durmiente
formado en la mitad de ningún sitio.
Alrededor, antes de las alambradas,
y también más allá, un encantador paseo
por un bosque de árboles frondosos.
Como un jardín inglés, pero sin aves que canten
anunciando tu llegada.
Y en la espesura, todo verdor,
ogros desnudos y grises
que regresan del pasado
y te devoran.
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