Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 4 de mayo de 2020

Esto no es un diario LII


Y de pronto Sol se cubre con la niebla encaramada en los bosques lacandones.
Bien de mañana me sorprende luciendo un regalo que vino de Chiapas hace muchos años y que apenas ha vestido desde entonces.
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Tal vez porque seguimos teniendo nubes en la boca.
Tal vez porque es tiempo otra vez de palabras, de recordar, de memorizar, de atraer a esta penumbra lo que fuimos, lo que pudimos ser y, también, lo que no hemos dejado de ser.

Para no olvidarnos.

Aquí estamos, esto somos.   


domingo, 3 de mayo de 2020

Esto no es un diario LI


De todos los lugares del mundo, 
hoy,
precisamente hoy,
por primera vez,
me quedo con uno solo.
Una playa,
una hora,
una orilla,
un kilómetro.
Emoción hasta la lágrima.

sábado, 2 de mayo de 2020

Esto no es un diario L


Aquí debería ir la fotografía de un buitrón, que es un pájaro mínimo con nombre de ave superlativa. El buitrón suele anunciar la primavera con su vuelo inconexo y saltarín y es, por lo mismo, difícil de fotografiar. Lo normal es que escuches su canto sincopado sobre tu cabeza antes de verlo, y entonces es cuando constatas para tu adentro: "Vaya, si por fin ha llegado la primavera". 
Ayer dos buitrones se me acercaron y uno hasta se posó, balanceándose en una hierba. Debe ser verdad, que está llegando.
Por la tarde apareció en el cielo este otro señor, el de la foto, que sobrevuela los prados tras la siega en busca de ratones y topillos, desprotegidos ya de su escondite natural. También suele decir el milano con su actitud que está cambiando la estación.
Hoy voy a poder pasear con la familia que vive en mi casa. Parece que, como dice la canción, aunque sea un poquito, todo cambia, todo cambia.  
Y sobrevolamos. 

viernes, 1 de mayo de 2020

Esto no es un diario XLIX


En mi primer contrato de trabajo, con veintipocos años y a nada de haber terminado mis estudios universitarios, un organismo regional del más alto vuelo me contrató para realizar, junto a otros pardillos como yo, una encuesta en el ámbito rural. No les voy a explicar de qué iba la encuesta porque me da un poco de grima, a la par que se me escapa la risa, por lo delirante de su propuesta; pero sí les diré que el sueldo era precario, sin seguridad social (apenas un seguro privado) y que los altos funcionarios encargados de la encuesta pretendían que los gastos de desplazamiento (billetes de tren, billetes de autobús, gasolina) y la manduca diaria se detrajera de los exiguos emolumentos a cuenta. Es decir, nada de dietas. Con lo cual pueden calcular sin necesidad de mucha imaginación en qué se quedaba un salario que todavía no teníamos.   

Esa fue la primera vez que acudí a un sindicato.
Por supuesto, existía un apartado en la financiación del trabajo que incluía dietas de desplazamiento y era algo que se había ocultado premeditadamente por parte de la parte contratante (me imagino las razones, aunque no las diga). Por supuesto también eso es algo que no supe hasta que intervino un delegado de ese sindicato con el que me puse en contacto y entiendo que de no haber sido por tal motivo jamás nos habríamos enterado ni yo ni el resto de mis pardillos compañeros.
No obstante, una vez deshecho el entuerto y reanudado el trabajo, todavía tuve que aguantar los intentos de indagación de encargados y esbirros sobre quien de nosotros, los pardillos, había levantado la liebre. Supongo que no tenían la intención de felicitarme, así que me callé como un muerto. 

Años más tarde encontré un trabajo que me ha dado de comer durante el resto de mi vida laboral. Y entonces yo también me convertí en uno de esos delegados sindicales. Algo de lo cual me siento orgulloso y honrado, porque intenté siempre ser leal con mis compañeros y estar a la altura de los que me precedieron. Ha habido de todo, alegrías y sinsabores. Unas veces he estado de acuerdo con las decisiones de la organización sindical a la que pertenezco y otras no. Pero una cosa tengo "meridianamente" clara (va por ti, Rafa, compañero, estés donde estés). Para los trabajadores no hay mejor árbol en el que cobijarse que un sindicato de clase, sea cual sea, cuando amenaza aguacero. Y ahora vuelve a haber negras tormentas agitando los aires (nunca ha dejado de haberlas).
Los fascistas y adláteres lo saben y por eso se ponen extremadamente nerviosos cuando nos nombran.

Hoy es primero de mayo. El más raro de los primeros de mayo que tengamos que vivir, probablemente. Estamos en casa, pero tengan por seguro que no nos estamos quietos.

jueves, 30 de abril de 2020

Esto no es un diario XLVIII


Tiempo después de recibir el premio Cervantes, el escritor uruguayo Juan Carlos Onetti inició el periodo de los doce últimos años de su vida confinado voluntariamente en la cama de su casa de Madrid. Desde allí manejaba el timón de su vida: recibía, escribía, comía, leía la prensa, hacía el amor... Nunca más salió hasta el día de su muerte.
Leo en un reportaje que su viuda dijo en alguna ocasión que no fue ni por enfermedad, ni por miedo a  mirar la realidad de frente, sino más bien por pereza.
Pero, qué le voy a hacer, a mí me cuesta creer que alguien llegue a ese abandono sin más.
Cómo sería lo que intuía para tomar tal decisión.

Finaliza un abril que nunca empezó, y como diría el recordado Aute, "hace mucho frío afuera".

miércoles, 29 de abril de 2020

Esto no es un diario XLVII


Cada vez necesito menos. Mi exiguo fondo de armario está convirtiéndose con los días en algo  más y más superfluo. No como, no duermo, no leo. Mi perro cada día recuerda más a una alfombra. Yo, cada día recuerdo más a una alfombra. Dicen que hay una luz al final de un túnel, pero yo solo imagino un resplandor crepuscular que nadie se molesta en explicar, ni qué va a tener de novedoso ni qué va a tener de restrictivo.
Mientras tanto, hacia allí vamos, galopando por pasillos cibernéticos, entretenidos, entre aplausos y cacerolas.

martes, 28 de abril de 2020

Una crítica a "La madera que arde"


https://www.elfaradio.com/2020/04/28/a-vuelo-de-verso/?fbclid=IwAR2vVAOJpyrUEmNSBJNsE9uqHfrN2nmb7W_Brei19c0FKs5_2tUvVDvoT0E

Esto no es un diario XLVI


Otra palabrita la mar de entretenida en estos días es "desescalar", que viene a ser algo así como hacer rappel sin necesidad de subir, como Mahoma, a la montaña para luego tener que volver y, además, en plan endémico-social. Vamos, como si fuéramos una unidad de destino en lo uniprovincial o en lo interespacial, o lo uno o lo otro, no sé muy bien (seguro que a los fachitas, que son muy dados al palabrero tonto, les suena más la expresión).
¡Con lo fácil que se dice "bajar" o  "descender", rediós!

(Por cierto, cuando rappelas, si no atemperas bien el braguero, las criadillas pueden sufrir una barbaridad. O sea, algo parecido a este "desescale" como se nos vaya la mano de la inoportunidad)  

lunes, 27 de abril de 2020

Esto no es un diario XLV


Confieso que ayer por la mañana, cuando vi pasar por delante de mi ventana a un niño pequeño montado en un artefacto de plástico con ruedas, me emocioné.
Pensé: ¡Por fin! ¡Algo está cambiando en la rutina de la confinación!
Aunque luego, no sé por qué, me dio por pensar en algunas expresiones que se están poniendo de moda en los últimos días y me volvió la intranquilidad.
De todas ellas la que más me aterra es una que están empezando a utilizar a diario las huestes del gobierno en sus ruedas de prensa. ¿Qué será la "nueva normalidad"?
Por si acaso, a la "nueva normalidad" le tengo más miedo que a un "nublao". Y no sé si llega a bordo de una motocicleta de juguete, la verdad. O como un caramelo envenenado.

domingo, 26 de abril de 2020

Esto no es un diario XLIV

     Fotografía: Sol Valbuena

Al hilo de la particular festividad de ayer, la de los claveles de Portugal, me vino a la memoria la conversación que una vez, hace bastantes años, mantuvimos en un pequeño restaurante del Barrio Alto de Lisboa con un camarero que nos tomó confianza. Supongo que por la pinta nos sacó. No sé.
Él, entre plato y plato y café, nos contó su trayectoria, sus múltiples trabajos y sus años de emigración. En un momento de la charla comentó que pertenecía o había pertenecido al Partido Comunista portugués. Y fue después, cuando dijo una frase relacionada con el momento político que entonces vivía Portugal, Europa o el mundo, quien sabe. Una frase que aún hoy recuerdo, porque en muchas ocasiones la hago mía, cuando los abanderados, los profetas o, ahora, los corredores de bulos nos quieren poner en algún lugar en el que, aunque no tenemos demasiado clara la razón, no estamos muy convencidos.
Y es en ese momento cuando sale al exterior esa parte de nosotros que llama indefectiblemente a la rebelión.

"Yo no sé adonde voy, pero por ahí no voy".

Pues eso. Que los pasillos estrechos son para los cabestros.

sábado, 25 de abril de 2020

Esto no es un diario XLIII


No sé si he dicho que he tenido un pequeño, aunque recurrente, percance que me ha dejado confinado dentro del confinamiento. 
Claro que, tras ahondar en los noticieros, dan ganas de encerrarse de verdad, abominar de la especie y dedicarse a la cría de gamusinos o al cultivo de gladiolos de pascua. Que un tipo como Trump, experto en ocurrencias y gilipolleces varias, se haga con el poder en uno de los países más poderosos de la tierra da la medida exacta (incluso para aquellos que no quieren saber de Hitler) de adonde puede llegar la humanidad.
¿Adónde puede llegar la humanidad? En estos momentos de postración yo también me dedico a recorrer la Avenida de los Misterios Insondables.
Menos mal que hoy es 25 de abril, hay claveles rojos en mi memoria y en la de mis amigos, y ya vamos liquidando por este año este rosario de festividades íntimas que empieza el 17 de marzo, pasa por el 14 y el 25 de abril, para terminar, como no, en el 1 de mayo.
Insisto, menos mal que nos queda Portugal. Si no íbamos a hacer un pan como hostias.  

viernes, 24 de abril de 2020

Esto no es un diario XLII


Long John Silver era un tipo ladino, intrigante, falaz y amigo de embrollos. Había sido cocinero antes que fraile y se conocía todos los trucos de perolas y nudos de marineros. Navegó con el legendario capitán Flint y perdió la pierna no se sabe dónde y tampoco se sabe por qué, lo cual, por aquello de que no hay mal que por bien no venga, le evitó en el consiguiente problemas con el astrágalo de la misma. En algún momento de su vida se amancebó en Madagascar con una dama de dudosa estofa y en otro escapó de La Hispaniola con su loro y un buen montón de piezas de a ocho. Es de suponer que en otras circunstancias estuvo enclaustrado por un quítame allá esa bandera con calavera y si no colgó de una soga habrá que achacarlo a la diosa fortuna que acompaña de cuando en cuando a algunos bucaneros.

No sé si les he dicho que tengo en mis estanterías alrededor de 130 islas del tesoro encontradas por todo el mundo (como otros coleccionan cajas de cerillas o chapas de cerveza). La ilustración que acompaña pertenece a una edición lituana que me trajo hace tiempo mi amigo Javi. Es mi homenaje a los libros y como Silver, con la pierna baldada, me sentí ayer, confinado dentro del confinamiento y a falta de muletas sobaqueras. Es lo que tiene contar con tobillos de cristal. 

jueves, 23 de abril de 2020

Esto no es un diario XLI


Hoy es un día extraño. Un día del libro sin librerías abiertas. Casi lo olvido, como casi olvido que antes de todo esto el que suscribe estaba envuelto en presentaciones de "Relatos de la Memoria Herida" y de "La madera que arde". Espero que sin tardar mucho podamos homenajear de nuevo a nuestra pasión por ellos.
Mientras tanto, incluyo aquí, a modo de celebración, uno de los textos más hermosos (que son muchos) con los que yo me he encontrado navegando en las tranquilas aguas de las páginas impresas.

Lo mejor contra la tristeza es aprender algo. Es un remedio que no falla. Puedes hacerte viejo, con temblorosa anatomía; puedes yacer despierto por las noches, escuchando el desordenado rumor de tus arterias; puedes perder el único amor de tu vida, puedes ver el mundo devastado a tu alrededor por locos malvados, o advertir que seres mezquinos hunden tu honor en las cloacas. Solo hay algo que mitigue esos pesares: aprender. Aprender por qué el mundo se mueve, y qué es lo que le impulsa. Estudia, eso es lo que te conviene. Mira todo lo que hay que aprender: la ciencia pura, lo más bello que existe. Puedes aprender astronomía en una vida, historia natural en tres, y literatura en seis. Y luego, una vez que hayas empleado  un millar de vidas en el aprendizaje de la biología, la medicina, la teología, la historia, la geografía y la economía, entonces será el momento en que puedas comenzar a hacer una carreta con la madera adecuada, o podrás pasar cincuenta años aprendiendo a batir a tus adversarios en la esgrima. Luego, a empezar de nuevo con las matemáticas, y después será el tiempo de que aprendas a arar la tierra.

Terence H. White. 
Camelot.

miércoles, 22 de abril de 2020

Esto no es un diario XL


Inescrutables son los caminos que nos llevan al final de la epidemia. Aquellos por donde, como por el ojo de una aguja, desfilarán antes los niños que los elefantes, con el permiso de la ciencia y los palos de ciego de la autoridad. A oscuras avanzamos.
Luz, luz que todo lo señalas, danos fuerza para soportar, por el contrario, el vértigo de los antagónicos, el sendero de la vil adversidad, el que conduce, con naipes marcados y aires flatulentos, desde su patria incontestable a la eternidad de los abismos. Amén.

martes, 21 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXIX


Un día sin novedad. 
Un día que se parece a otro día y a otro día. 
Por mi calle ya no pasa gente, que pasan las nubes, pasan los gorriones y pasan, como no, los días.
Y mientras pasan hacemos planes para después. Para un después que no sabemos cómo vendrá.
Si vendrá para Pascua o para Navidad, dorremí, dorrefá. O para Navidad.
Chispún.

lunes, 20 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXVIII


Territorios de caza 

Me detengo en todas.
Todas me sirven para el placer.
En todas pongo los sentidos, el alma y los colmillos. 
Olfateo como un sabueso, merodeo como un lobo, acecho como un tigre y ataco como una leona en mitad de la sabana.
Cobro la pieza mientras observo de reojo alrededor por si se acerca a reñir un contrincante.

Y luego...
...me despierto echando de menos otra vez...
...las librerías. 
   

domingo, 19 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXVII


Hay puertas que no se deben abrir y líneas que no es prudente cruzar.
Hay confines a los que no hay que llegar, aunque el miedo nos espante y la cobardía nos mate. 
Hay caminos que no es necesario recorrer, porque la realidad se muestra cruda y entera en los espejos inmundos donde nos miramos sin reconocernos, o donde vamos a contemplar las ascuas extinguidas de lo que somos.
Apenas océanos de tinieblas, barcos desarbolados y dragones más allá. 

sábado, 18 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXVI


El insomnio no me deja dormir.
Vale, ya sé que es una ocurrencia de perogrullo. ¿Qué esperan ustedes a estas horas?
Puedo pensar que, en realidad, es debido a ese perro que ladra en algún otro confín cercano, o al ruido que hace el propio silencio. Tal vez al rumor nocturno de la casa, a la madera crujiendo, lo que se asienta. Quizá al vuelo clandestino de algún mochuelo. A las articulaciones doliendo. A los engranajes del mundo que gira.
O a la incertidumbre.
Quien sabe. 

viernes, 17 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXV


De pronto me acuerdo del personaje que da título a la novela de Graham Greene, "El americano impasible" (o "El americano tranquilo" en su origen). Ese botarate convencido de que el futuro de Vietnam pasa por el poder y la influencia de Estados Unidos en la zona, algo que por cierto la Historia demostró erróneo. Alden Pyle, que así se llama el personaje parece que pasa por la vida de puntillas, sin hacer ruido, lo cual no quiere decir que no sea pernicioso, que lo es. Alden Pyle, tan convencido de las ideas sencillas y limitadas que le han sido incrustadas como si de un robot programado se tratara. Alden Pyle, firme y feroz como un poste que sustenta una alambrada, ése.  

jueves, 16 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXIV


El día empezó con un amanecer espectacular, de esos que llenan el fuelle de ánimo para el resto de la jornada, pero luego vino la jodida realidad con sus tentáculos de sombra y lo echó todo a perder.
Así que hoy, a partir de este mismo momento, solamente quiero nadar con ballenas y buscarle la vuelta al horizonte que un día vi desde el mar de Punta Arenas.
Y soñar que sobrevivimos a la tristeza.
Nada más.