Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

jueves, 11 de febrero de 2021

Un baile de fuego

 
Un baile de fuego en los ojos,
montañas de arena
en las que nace el dolor
y se precipita el hielo y todo lo absurdo.
La sangre, el frío,
hijos que asesinan a sus padres,
el horror de las cosas cotidianas,
caballos sin cabeza,
la traición,
la mentira,
el dinero que vale la fidelidad,
esa forma cruenta de ser feliz,
cadáveres calcinados por el tiempo,
el kilogramo de miedo
  que se vende en los mercados.
Y después, despertar
cuando lo imaginado
se torna insoportable.

sábado, 6 de febrero de 2021

De perfil


 

viernes, 5 de febrero de 2021

El Lobby Feroz de nuevo

Me parece a mí que lo de regular los ecosistemas es la última coartada pseudocientífica que se han inventado los del Lobby Feroz para seguir matando lo que se tercie sin que se note mucho. Es una pamplina similar a la del mundo del toreo, según la cual, de no existir ellos (aleluya) se extinguiría la especie del toro bravo.

Hasta ahora a los escopeteros les ha ido bien e incluso se les ha permitido salir con sus vehículos todo terreno de alta gama y sus trajes de camuflaje en épocas de confinamiento, mientras que a otros colectivos, que también suelen salir al monte y pateárselo bastante más, les dejaban bien “perimetraos” en sus domicilios, con sus mochilas, su bicicletas o sus prismáticos criando polvo. Nada como disponer de padrinos en los distintos estamentos autonómicos que sepan comprender, como los de las escopetas, eso de la regulación ecológica a base de plomo. Aunque también comprenden bastante bien aquello de que “la pela es la pela”. Como no.

Por cierto, por si no se ha notado, que me alegro mucho por el lobo y me avergüenzo en la misma medida de la clase de dirigentes (al menos de algunos) que gobiernan en la región en la que vivo.

¡Hala! Y a ver si abren para Semana Santa, que menudo carnaval tienen montado de un año para acá.


jueves, 4 de febrero de 2021

El rayo verde


Llevo varios días detrás de él. Los mismos que este pájaro lleva desternillándose de mí. Con ese vozarrón caballuno que le adorna, que no me extraña que por estos lares le llamen relinchón o picorrelincho.
Le diviso en lontananza y, cuando me acerco, él se confunde con un matorral o se disfraza de corneja aprovechando las sombras. Asoma en un árbol o en un poste telefónico y en cuanto se percata de mis intenciones va girando alrededor hasta que la madera se transforma en un obstáculo visual. Y entonces, cuando ya no lo veo, cuando aquello parece la cara oculta de la luna, va el maldito y desaparece como si tuviera las dotes mágicas y la astucia que a mí me faltan.
Y cuando me voy, con las orejas gachas, por la senda de los elefantes, aparece como un rayo verde volando sobre mi cabeza en un juego de nunca acabar.   

miércoles, 3 de febrero de 2021

Sputnik

No sé si se han percatado ustedes de que hace unos meses todo eran comentarios sarcásticos  e ironías varias, por parte de muchísimos comentaristas y mercachifles de opinión, respecto a la vacuna rusa contra el Corona Virus. Pues bien, hoy la gran noticia del día es que ya no es tan falsa y las dudas de antaño se disipan como el humo. Como el humo que nos venden continuamente. Así que tampoco hagan tanto caso (por si acaso).
Mañana nos dirán otra cosa al albur de los contingentes  y de los tiempos de suministro.
Pero esto puede servir como ejemplo de la manipulación a la que se nos somete de forma habitual, dirigiéndonos a los países simpáticos. Que claro, todos son de orientación inequívocamente occidental y primermundista, aunque a veces disparen con fuego amigo.
Así que, en lo tocante a vacunas, quedamos a la espera de la que venga de Cuba, la Soberana, que esa sí, seguro que es la buena. 

martes, 2 de febrero de 2021

Las flores del carbón


Lo más desolador de este tiempo en el que estamos son las personas buenas que nos van dejando; así, como quien se descuelga fortuitamente de este cable oscilante en que se ha convertido la vida. A lo largo de estos meses de inquietud, raro ha sido el día en el que las malas noticias no nos dieran un revés. 
He sentido profundamente la desaparición de personas a las que por diversos motivos he admirado. Personas más o menos conocidas que me han emocionado y me han transportado con sus libros a territorios deseados, con sus pinturas a abrazos hoy quiméricos, con sus canciones a la orilla de mares que aún ahora me gustaría regalar, con sus ideas a mundos de libertad y de justicia más allá de las paredes que nos encierran y de las ventanas que nos hacen anhelar, hoy más que nunca, otros mundos posibles.
Cada muerte, un aldabonazo. Como campanas tañendo a lo lejos. 
Pero más cerca, rozándonos la piel, ha habido otras gentes, anónimas para el común, que nos han dolido. Cada cual tendrá su parte de quebrantos y de daño.
Ayer asistí a un funeral por una mujer para la que la muerte ya no era un arañazo en su conciencia. Probablemente porque hacía  mucho que olvidó su significado. Pero antes fue una persona decidida y solidaria que no se merecía ser víctima de estos tiempos tan lóbregos.
Y hoy nos llegan noticias de que unos pulmones nuevos no fueron suficientes para un minero del carbón que vino a entregarse aquí, junto al mar, en tierra extraña, cuando todo, hasta la prudencia, hacía suponer que durante unos años más iba a vencer en su duelo con la flaca.
Estamos doloridos de ausencias y de desdichas, pero nuestras penas, ya ven, son hoy como flores entre el carbón.


Fotografía de Cecilia Orueta del libro titulado "The End" sobre el final de la minería en el norte de Palencia y de León. Eolas Ediciones.


miércoles, 27 de enero de 2021

Birkenau


Dentro, las chimeneas,
como guardianes, como soldados,
como un ejército estático y durmiente
formado en la mitad de ningún sitio.
Alrededor, antes de las alambradas,
y también más allá, un  encantador paseo
por un bosque de árboles frondosos.
Como un jardín inglés, pero sin aves que canten
anunciando tu llegada.
Y en la espesura, todo verdor,
 ogros desnudos y grises
que regresan del pasado
y te devoran.


 

martes, 26 de enero de 2021

No hay dos sin tres


"El jadear de los dos amantes atrajo a uno de los habitantes de la casa, que acudió agitando el puño. No se sabe si lo hacía porque estaba excitado también, porque quería imponer respeto a las buenas costumbres o porque estaba escandalizado de que se hiciera aquello en un día tan solemne. En el primer caso habría sido un envidioso; en el segundo, un mojigato, y en el tercero, un monárquico.
Léo, que estaba próximo al arrebato, encontró odiosas las tres hipótesis y, sin dejar de arremeter contra Colette, impidió que el canalla se acercara asestándole en el pecho el bastón de Scaramouche.
-¡Quieto o te muelo a palos!
Refunfuñando y quejándose, el hombre dio tres pasos atrás y desapareció en la oscuridad del zaguán.
El grito de gozo de Colette lo ahogó en un clamor más potente que una salva de cañones. El pueblo expresaba su alegría. Léo no quiso ser menos y acompañó su orgasmo gritando a pleno pulmón:
-¡Viva la República!"


El Ejército de los Sonámbulos.
Wu Ming.
Anagrama.

domingo, 24 de enero de 2021

La casa

 La casa 

Ahora no soy nada. Nada. O tal vez, una cáscara vacía
o un refugio de fantasmas y de voces viejas  aventadas como trigo,
unas risas flotando incandescentes, que quizá no son más que llantos.
Esplendor de pobres tras las puertas cerradas. 

Ahora no soy nada. O nada más que una película muda de otro siglo,
imágenes de ceniza construidas con el aire polvoriento
que se sostiene  en la luz y se filtra en las cortinas.  

Ahora no soy lo que tú recuerdas, 
mientras vas atrancando por última vez,
los postigos  de mi corazón desierto. 

Lo que tú recuerdas.
El pasillo estrecho
de mamá abandonada. El pasillo estrecho
por el que los niños se marchan cuando se hacen grandes.
El pasillo estrecho, solo, quieto, lleno de silencio.
El pasillo estrecho y al fondo una anciana
en su cárcel de vejez y melancolía. 

Ahora no soy lo que tú recuerdas
porque apenas sabes nada de la muerte,
ni de los nidos de araña,
ni  de la ausencia de golondrinas.

                                                                               MCH

domingo, 17 de enero de 2021

Buenos días, Ojos Tiernos



Hay que reconocer que el petirrojo es un pájaro singularmente sociable en muchas ocasiones y que parece no temerle demasiado al ser humano. Sin embargo hace unos días esta cuestión se extremó de forma insólita y durante un cuarto de hora uno de ellos estuvo posando para nosotros sin dar muestras de querer huir en ningún momento.
A ratos llegué a pensar si no sería al revés y esa cercanía tan extraña no estaría siendo provocada por una parálisis de miedo en el pobre animal.
Sin embargo él parecía jugar ante nosotros  y posaba como un consumado actor mientras le fotografiábamos a placer. Aquello de guardar la distancia prudencial no parecía ir mucho con él.
Hace unos meses me ocurrió algo parecido con un raposo que encontramos a la orilla de una solitaria carretera local. Su curiosidad desarbolada llegó a inquietarme de tal manera que me sorprendí repitiéndome mentalmente: "Huye, pequeño zorro, que el peligro somos nosotros". 

jueves, 14 de enero de 2021

Al Alba


Yo nací en esta ciudad, pero lo cierto es que jamás tuve una relación muy especial. Tal vez solo con algunos lugares. Pocos. Mi barrio, el Paseo del Alta, la Calle Cisneros... Lugares en los que estaban mis amigos y los centros escolares a los que asistí. Quizá también Puerto Chico, cuando Puerto Chico era el espacio en el que amarraban los botes los obreros, como mi padre, con afición al mar. Allí pasé de chaval algunas jornadas pintando y calafateando su barquito. El resto de las calles no las empecé a frecuentar hasta cumplidos los veinte años por aquello de que no era normal habitar desde hacía tanto tiempo en un lugar prácticamente desconocido. Aún hoy, cuando ya no vivo ahí, sigo encontrándome con parajes nuevos a los que voy como un turista.
Hace años regresé de Irlanda en barco y su silueta en la lejanía me recordó a los dientes de un dragón. Y desde entonces para mí es eso: la ciudad de los dientes de dragón.

lunes, 11 de enero de 2021

Armstrong en la luna


El buen hacer del músico Robert Navarro, al que conocí hace un par de años en una emotiva sobremesa con el recordado escritor chileno Luis Sepúlveda, ha permitido que este poema haya pasado a otra categoría. Y ello me satisface plenamente.  


domingo, 10 de enero de 2021

Alternativas para el pan


 


Cuando sobra pan
 hacemos sopas de ajo.
Y cuando el invierno se pone fiero
 compartimos del pan
 lo que va quedando.

lunes, 4 de enero de 2021

La Collada


Por los últimos huertos, cerca ya del cementerio, la ventisca arrecia. Desciende por el monte con un aullido doblando las cabezas de los árboles como animales sagrados que se inclinan ante el dios que pasa.
En sólo unos minutos -los que hemos empleado en llegar desde el molino hasta aquí arriba- la nieve ha comenzado a dejar su impronta blanca en el camino. Un camino de tierra, cercado, que atraviesa los huertos y los prados ribereños y remonta torpemente la cuesta del cementerio antes de convertirse, ya en el monte, en senda tortuosa de rebaños.

Luna de lobos.
Julio Llamazares.
Seix Barral.


sábado, 2 de enero de 2021

Huellas


Somos las huellas
que han ido dejando
 los nuestros,
los sembradores.
Somos la simiente.
Rastros de otras vidas.
El tiempo desatado.
La conciencia líquida
cruzando las edades.
La insumisa memoria.

martes, 22 de diciembre de 2020

Doce meses y un día


En enero y en febrero la madera ardió llenando el aire de llamas y pavesas. Nada hacía presagiar que marzo sería un mes raro, anormal, de esos en los que cabeceas pensativo y te dices, estupefacto, que hay cosas que no te pueden estar pasando a ti. Pero lo cierto es que te estaban pasando. A ti y a todos los demás. La calle se quedó de pronto vacía, en una especie de desconsuelo de ventanas vigía en las que se posaban los gorriones mirándote. Mirando para adentro. En abril los días pasaban lentos como la niebla o como los asistentes a un entierro. Y las urracas, junto a los gorriones, miraban para adentro. Mayo ya no era mayo, aunque los buitrones inundaran el cielo con sus salmódicos vuelos. Para junio cerramos ventanas y abrimos las puertas como si el dinosaurio ya no estuviera allí y porque de ilusión también se alimenta el pobre. Julio no nos llevó lejos como a pájaros migrantes y agosto se vistió de tregua. Septiembre, en una lenta deriva, como los continentes o las placas de hielo, volvió a ser marzo. Y en octubre nos hirió el rayo.
Noviembre no supo de sueños y los colores del otoño se habían escapado, sin darnos cuenta, hacia otros territorios en los que no estábamos nosotros. Y sin embargo el milano real miraba para adentro.
Y en diciembre, ya ven, a pesar de todo extendemos las alas, desentumecemos, intrépidos, las plumas y los músculos dormidos y hacemos, como todos los días, prácticas de esperanza.

sábado, 19 de diciembre de 2020

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Martín


A Martín llevo viéndolo en los mismos lugares durante años. Al principio creí que era una centella o una alucinación tornasolada. La mayor parte de las veces lo escucho cantar antes de que se presente ante mi y se convierta en una flecha. Es un sonido que recuerda lejanamente a la melodía de un grillo, aunque más tenue. Luego sí, luego aparece en un visto y no visto, en un juego recurrente de irás y no volverás. Él se burla mientras se aparta hacia otros inescrutables posaderos y yo regreso cabizbajo a mis quehaceres, pensando en que en la siguiente cita se detendrá un momento. Tal vez el tiempo suficiente para que pueda enfocarle y apretar el disparador. Aunque sea, como esta vez, a una distancia que no permite mayores confianzas. 

lunes, 14 de diciembre de 2020

La danza de las aves







No me cuesta nada imaginar, cuando contemplo esta serie de fotografías, una danza en el aire. Ha de ser suave, cadenciosa, alas batiendo en algodón contra las olas de la brisa. Una ingrávida sinfonía sin tiempo.  
Son garcillas bueyeras y gaviotas reidoras marcando el compás del cielo. Pequeñas heridas sobre las nubes.
La vida sosteniéndose.
Nada más que un vuelo.
Una ensoñación.

domingo, 13 de diciembre de 2020

Escalones en el cielo


Nives Meroi: [...] Escalones en el cielo, dice el profeta: el cielo para mí queda lejos, fuera del alcance de las puntas de nuestros piolets. [...]. No es cosa de alpinistas construir escalones en el cielo.
Erri de Luca: ¿El cielo empieza inmediatamente después de la cumbre o entre la cumbre y el cielo hay una línea, una distancia vacía?
Nives Meroi: Mucho más que una línea, hay un abismo que hemos ensuciado, hay un subcielo de satélites que giran de noche más luminosos que cualquier estrella. Está nuestra tos que vuela hacia lo alto porque es más ligera que el aire, están los brazos de alguien que exulta, está nuestro aliento que no sabe a pasta de dientes, están todos los números que cuento mientras voy subiendo, hasta treinta y me detengo, otros treinta y me detengo, está el oso del viento que nos gruñe, la grasa que quemamos, las neuronas que se apagan a millones por la escasez de oxígeno, entre la cumbre y el cielo está nuestro vertedero y nuestra suerte de estar sobre una meta.

Tras las huellas de Nives. 
Erri de Luca.
Siruela.