Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

jueves, 16 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXIII


Cuando quiero ponerle algo de bravura y, al mismo tiempo, de templanza a esta cosa rara que nos está pasando pienso en mi vecino - el buen vecino-, en sus noventa y tantos y en esa manera de contemplar la vida, con la sorna y el optimismo de quien ha pasado por mil y una y, mal que bien, de todo se ha ido saliendo.
Antes del confinamiento a veces le veía andar carretera adelante, con sus muletas, camino de la tertulia que tiene montada en un banco de la plaza del barrio. Siempre se paraba un rato a saludar a Mayo, que en días de tormenta, si no estábamos, se le solía meter en la cocina como perro por su casa.
Ahora cumple respetuosamente y no se mueve del banco al lado de su puerta y, entonces, la tertulia ha de venir a él, si es que viene. Por si acaso, yo me paro a charlar un rato cada vez que Mayo me lleva de paseo, salvo que él esté en la sala de la casa, mirando la vida hacia dentro.    

miércoles, 15 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXII


Si en algo nos vamos a hacer expertos en estos días será en mascarillas varias y en aditamentos faciales protectores de todo tipo.
Ayer me tocó compra semanal e hice cola a la puerta del establecimiento más cercano a la espera de su apertura. Y juro que lo hice. En los diez minutos de plantón me fijé en todas las mascarillas. Las había muy cuquis y otras de alto diseño. Las había tipo 600 y también modelo Maserati. Quirúrgicas y de las que utiliza el chapista que me arregla el coche. Artesanales y manufacturadas. Modernas y vintage. De las que te hacen atractivo y de las que te quedan como el culo. De todo. De verdad.
Claro que cuando volví a casa, escuché un rato las noticias y me enteré de que unas mascarillas que antes, en los tiempos libres y felices, costaban como mucho uno o dos euritos de vellón han pasado a valer nueve o diez, y eso con suerte, porque hablaban de precios más escandalosos. 
Perdonénme el chiste fácil, pero con la pandemia se ve que algunas palabras han alcanzado su verdadera dimensión. Ahora son mas carillas.
Y hablando de dimensiones, sería bueno que no se nos olvidara, entre tanto alboroto, que en tiempos de dificultad la oferta y la demanda del puñetero capitalismo crea señuelos y juega con nuestras vidas.                                                                                

martes, 14 de abril de 2020

Esto no es un diario XXXI


A uno le gustaría proclamar en estos días la pequeña república de la campana de cristal, aun sabiendo que cualquier forma de gobierno pasa por el tamiz humano de lo erróneo. 
Qué le vamos a hacer, tengo querencia. Primero nos quitamos de encima todas las coronas, confinamos el absurdo egoísmo de los poderosos y luego ya vamos organizándonos.
Tal vez así haya manera de evitar que la pobreza sea una enfermedad.

Mientras tanto, y por si acaso es menester: ¡Viva la República!


lunes, 13 de abril de 2020

Esto no es un diario XXX


Desde hace días no presto apenas atención a las noticias, a los telediarios, a los partes. Tampoco leo los periódicos, más allá de comprobar si el bicho coronado se acerca a los aledaños de mi vida o me pisa los talones. No escucho a militares, a policías, a guardias civiles en sus ruedas de prensa. No pienso que esto sea una guerra y, por tanto, sigo sin sentirme parte de su bando. No aplaudo en el balcón. No tengo. No sé tocar un instrumento y canto como un cuervo. Aparte de que solo serían mis testigos los gorriones.
Ya sé que soy un tipo insolidario, pero odio las muestras de moral desvencijada, las patrias de banderín y tentetieso, el falso optimismo de "quitacomopuedasesespanto", la fraternidad sobrevenida, el egoísmo arrojadizo, la normalidad con la que llegamos y esa otra normalidad con la que saldremos.
Sí, ya sé. Me duele el hombro, tengo insomnio y llevo más de un mes que no fumo. Y de cuando en cuando vuelvo a leer a Celso Emilio Ferreiro y ahuyento el miedo con sus poemas.   

Viaxeiro, que vés de lonxe
e vas de paso.

Coa palabra máis viva
do meu linguaxe, falo.

Repudio as inxusticias
i a liberdá procramo.

Digo a miña verdade
e no pobo descanso.

Viaxeiro, que vés de lonxe
e vas de paso.

Teño a luz dos abrentes
i as estrelas reparto.

Estóu cos sofridores
vivo cos desherdados.

Pelexo contra a noite
e non creo nos anxos.

Viaxeiro, que vés de lonxe
e vas de paso:

Dilles aos irmáus da Terra
que é moi triste o País dos Ananos.


Viajero, que vienes de lejos/ y vas de paso./ Con la palabra más viva/ de mi lenguaje, hablo./ Repudio las injusticias/ y la libertad proclamo./ Digo mi verdad/ y en el pueblo descanso./ Viajero, que vienes de lejos/ y vas de paso./ Tengo la luz de los amaneceres/ y las estrellas reparto./ Estoy con los sufridores,/ vivo con los desheredados./ Peleo contra la noche/ y no creo en los ángeles./ Viajero, que vienes de lejos/ y vas de paso./ Diles a los hermanos de la Tierra/ que es muy triste el País de los Enanos.
 

domingo, 12 de abril de 2020

Esto no es un diario XXIX


Todo transcurre como en las páginas de los libros que leímos, pero también probablemente como en los que vamos a leer.
Un jinete recorre la estepa llevando un mensaje primordial. Hay un coronel que no tiene a nadie que le escriba y en ocasiones hablamos con muertos que no saben todavía que lo están. La Maga camina por París como quien recorre el mundo, con la misma alegría y con la misma melancolía a la vez. Un mestizo, mitad blanco, mitad lakota, conserva durante años en el sótano de su casa los cadáveres momificados de cuatro soldados de caballería, de igual manera que nosotros guardamos en lo más profundo aquello que nos avergüenza o lo que tememos. Y sabemos del valor inmenso de una bicicleta con la que pedaleamos por las pistas de tierra roja en cualquier lugar de África, antes de sentarnos a la sombra del árbol de la aldea o en la casa de la palabra. Un maestro nos enseña la razón de la lengua de la mariposa o advertimos que hay sombras que no son las que vemos al calor de la hoguera en la pequeña caverna que nos acoge.
Todo ocurre en los libros. Todos los destinos de la brújula están ahí, como si el papel en el que están escritos fuera el otro lado de nuestra claraboya o un faro señalando a la aurora boreal que soñamos un día.  

sábado, 11 de abril de 2020

Esto no es un diario XXVIII


Es una obviedad decir que las gentes del teatro, del cine, de la danza, de la magia, de la música y tantas más no viven de los aplausos, no viven de las buenas críticas, no viven de un ego satisfecho.
Eso ayuda, pero como todos los demás pagan facturas, pagan hipotecas, pagan créditos y la lista de la compra.
Cuando regalan lo que hacen lo regalan porque quieren y no están obligados a más. Es decir, son soberanos igual, igual que el resto de los mortales.
En tiempos de amargura y diques secos se les pide que contribuyan al alzamiento de la moral del pueblo, pero lo que no se les puede pedir es que sobrevivan del aire y de la esperanza, porque lo más probable es que se vean obligados a bajar el telón y poner rumbo a la desaparición. Y si esto ocurre, prueben los demás a levantarse de la ruina sin medicinas para el alma.
Todo lo anterior es una obviedad, pero lo digo.

viernes, 10 de abril de 2020

Esto no es un diario XXVII


De un tiempo a esta parte Mayo, el perro que me saca de paseo, anda un poco medroso. Entiendo que algo tendrá que ver que ya está viejo y que sus fuerzas no son como las de antaño. Supongo que esa decadencia le tiene algo desmoralizado. Los 250 metros de ida y los 250 metros de vuelta de nuestro confinamiento los camina casi siempre detrás de mí, como protegiéndose. Se detiene cada poco y vuelve la cabeza desconfiando. Luego me mira interrogante con sus ojos de agua y óxido. 
Me imagino que en su comportamiento puede haber algo más. No sé. Los silencios y las ausencias, esa niebla que se ha alzado.
A veces le pregunto. Y tú, de qué tienes miedo si no eres grupo de riesgo y además tienes donde guardarte con debidas garantías. Y él, ya ven, se demora en contestar, mientras observa de nuevo alrededor y alza las orejas, como si hubiera un misterioso susurro de pasos en la maleza. Se demora en contestar, pero al fin contesta: "No tengo miedo ni al dolor ni a la muerte. Tengo miedo a la casualidad".  

jueves, 9 de abril de 2020

Esto no es un diario XXVI



Uno tras otro
los días se suceden
en el silencio.

Amarillean
las hojas de almanaque
y luego caen

entre la niebla.
Y así se van marchando
por la ventana

de la existencia
el amor, tu mirada,
la luz, el verso

y la canción.
Todo lo que quisimos
vivir ayer.

miércoles, 8 de abril de 2020

Esto no es un diario XXV


Desde antes de ayer Mayo no me dice nada y yo tampoco hablo conmigo.
De cuando en cuando, por curiosidad, por nostalgia y por matar las horas, me acerco a la ventana para ver si se ha posado algún pájaro en el cable al otro lado. En ocasiones, un pardal y yo nos miramos.
Los dos compartimos una ventana a la que asomarnos. Mi afuera es su adentro y viceversa.
Lo normal es que al verme se asuste y salga volando, pero a veces confía. Se queda quieto y me  observa.
Entonces yo, con voz muy suave para que no se espante le recito unos versos de Alberto Caeiro. O lo que es lo mismo, de Pessoa:


Hay solo una ventana cerrada, y todo el mundo afuera;
y un sueño de lo que se podría ver si la ventana se abriese,
que nunca es lo que se ve cuando se abre la ventana.



martes, 7 de abril de 2020

Esto no es un diario XXIV


El domingo por la noche, en el vigésimo segundo día desde la proclamación de la emergencia sanitaria en la que sobrevivimos, me recordaba Pedro, el hombre que yo haya conocido que más y mejor sonríe con los ojos, otra emergencia sanitaria que le afectó hace unos años  exclusivamente, aunque de rebote le tocara por supuesto a su familia, a sus amigos y en definitiva a todos los que le queremos y nos preocupamos por él. El caso es que un grupo de los que menciono le hicimos llegar, con el deseo de su recuperación y si no me tiembla la memoria, unos claveles de abril y un poema. 
El poema es el que podéis leer en la fotografía. Yo ya no lo recordaba, pero al volver a leerlo y hacerse presente la conjunción entre las circunstancias en que fue escrito y las actuales me he emocionado una miaja. Supongo que tiene que ver también con que en estos días estoy presto a la lágrima. Da igual. Aquellos que hace casi veinte años resistíamos, seguimos resistiendo. Con lágrimas en los ojos o con el puño en alto. Es nuestro sino.  

lunes, 6 de abril de 2020

Esto no es un diario XXIII


La fotografía es tan irreal, tan insólita, como esta vida que vivimos. Nos la envían nuestros amigos de Chile y nos dicen que está tomada muy cerca de su casa en Santiago. Al tiempo nos remiten un pequeño vídeo en el que aparecen unos cóndores posados en un balcón (¡qué imagen para días de tribulación!) y sobrevolando una ciudad que, efectivamente, recuerda a la capital chilena con la cordillera al fondo. 

Precisamente en la cordillera de los Andes, al sur, en la Laguna Amarga y frente a las Torres del Paine, me aposté una vez para contemplar a los pumas. Un paso natural, nos dijeron los trabajadores del albergue, por el que se les veía pasar muy a menudo. Sin embargo, no hubo fortuna y pumas no vimos.
Tuve más suerte en otra ocasión, esta vez con los cóndores, cruzando los Andes en autobús desde Argentina a Chile, muy cerca de donde se podía vislumbrar a lo lejos la cumbre del Aconcagua. Entonces contemplaba yo un tremendo paisaje a través de la ventanilla cuando, a pocos metros, se puso a la par del bus un cóndor con sus inmensas alas desplegadas. Supongo que en mi imaginación nos miramos y hasta nos saludamos. -¡Buen viaje, condorito, que tengas una serena travesía! -Buen viaje, compañero. Y tú un tranquilo despertar.

No sé si fue real, como tampoco entiendo lo que veo en esta foto del puma transitando entre automóviles. Mucha gente se empeña estos días en decir que los animales salvajes están recuperando territorios ante la clausura, y por tanto la baja actividad imperial, de los humanos. Tal vez. Y estaría bien que así fuera.

Sueño hoy que corro por los prados, libre y salvaje, libre y salvaje, libre y salvaje. 

domingo, 5 de abril de 2020

Esto no es un diario XXII


Reniegos y denuestos

Me cago en este desconsuelo que me vive en la garganta y en la vocación de nube o de torrente  caudaloso con que me atormenta cada uno de mis ojos.
Me cago en los muros que me cercan y en la tentación de los ventanales, en los días repetidos y en los abrazos con amnesia.
Me cago, ya ves, en el cariño que me ejecuta y en el amor con  que te mato.
Me cago en las calles vacías, en la tierra de por medio y en el lacerante distanciamiento social.
Me cago en la pena negra, en los que señalan con el dedo,  en el principio de autoridad y, de paso y por si acaso,  en la propaganda policial.
Y por cagarme, señores, me cago a gusto, además, en los ríos que andan revueltos, en los lucros de pescadores y en  los que, pudiendo remar contigo, reman al lado inverso.
Y por si olvido algún fulano, me defeco, entre tanto, en fachas y mercaderes, en sus púlpitos, en sus trincheras y en sus carpetovetónicos ancestros.
Y para que no quede ninguno sin justa deposición, evacuo, para acabar, en la impúdica y alarmante prepotencia moral que destilan también algunos que se dicen de los nuestros.


sábado, 4 de abril de 2020

Aute


Justo ahora son las cuatro y diez. 

Esto no es un diario XXI


Empiezo a vislumbrar que en los encierros una de las cuestiones más complicadas de superar es la uniformidad de los días. Vale que haya que establecer rutinas que permitan sobrellevar el paso de las horas, como dicen algunos expertos, pero esa rutina, ese experimentar siempre lo mismo hasta la saciedad, se convierte sin remedio en una trampa. Acabas estando pendiente del cielo y de las nubes que pasan, aunque solamente sea por aquello de advertir que algo se mueve.

Y el caso es que se mueven muchas cosas: Se mueven las cifras, unas bien y otras mal. Se mueven inquietas las ovejas (a falta de esquiladores). Se mueven los dueños de los árboles frutales. Se mueven los fascistas en las redes (ojalá que algún día ellas mismas los atrapen) Se mueven infundios e indignidades. Se mueven y se remueven algunos vecinos con alma de policías en los balcones. 
Se mueven los afectos, los deseos y lo sueños. Y las sombras que se alargan en la tarde, ésas también se mueven.

viernes, 3 de abril de 2020

Esto no es un diario XX


no es cosa irreal
ni locura pasajera
que algún día
lleguemos a ver
en este confín
o en otro
a un hombre
ocioso
y enajenado
contendiendo
contra una lámpara

jueves, 2 de abril de 2020

Esto no es un diario XIX


Llueve. Niebla al otro lado de la ría. Todo se repite con constancia digna de otra empresa. Enciendo la radio mientras preparo el desayuno y como todos los días la primera palabra que oigo tiene que ver con aquello que nos mantiene en el encierro. Desconecto la radio y escucho al coro del alba.
Me contengo a duras penas y miro por la ventana.
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Monotonía de lluvia en los cristales, diría Antonio Machado, y de ese modo retrataría este vadear los días sin final, este esquivar a lo invisible, observando a lo lejos el mar desde la melancolía.
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Inmóviles las ramas, inmóviles las hojas. El árbol quieto, conservado en ámbar. 

miércoles, 1 de abril de 2020

Esto no es un diario XVIII


Desde mi ventana se ven las praderas por las que galopa el caballo desbocado de Gengis Khan.
Desde mi ventana se ve el Mar de los Sargazos y el chorro de agua que respira Moby Dick.
Desde mi ventana se ve un rabo de nube y alguna que otra canción.
Desde mi ventana se ven los mástiles de La Hispaniola y de La Estrella de la Madrugada.
Desde mi ventana se ve el sendero por el que vuelve cada día Gunga Din.
Desde mi ventana se ve la puerta secreta de Brigadoon.
Desde mi ventana se ven en la niebla los acantilados de Moher  y la cumbre del Everest.
Desde mi ventana se ve a un hidalgo caballero y a su Rocinante pasar.
Desde mi ventana se ve...
 

martes, 31 de marzo de 2020

Esto no es un diario XVII


El horizonte no se cotiza mucho en los últimos tiempos. Ni el físico ni el anímico. Camino cada día con mi perro aproximadamente unos 250 metros de ida y otros 250 metros de vuelta. A lo lejos veo nubes, una colina y la ría. Algo más allá, por suerte, vislumbro un poco de mar. Todo eso y lo que me permite la imaginación. 
Después regreso a casa y leo un poema de José Luis Amaro:

Pasos

Pones un pie delante de otro,
un paso y luego otro más,
y ya pierdes la cuenta
de los años, los soles y las lluvias,
hasta que un día te detienes
y miras la distancia que te separa 
del punto de partida,
los kilómetros y edades que llevas encima,
y dices mirándote los zapatos: Dios mío,
cómo he llegado hasta aquí.
En un millón de sentidos
-un paso y luego otro más-
la vida te empuja hacia adelante,
un abismo pequeño y el siguiente,
y ya no sabes
cuándo ni dónde vas a frenar.  

lunes, 30 de marzo de 2020

Esto no es un diario XVI


Y entramos en la tercera semana dentro de la madriguera. Esto va para largo, me temo. Y además, hoy, con lluvia y con frío.
Qué lejano parece el cuento chino de Wuhan. Supongo que ya pocos quieren acordarse de los chistes chuscos sobre chinos de hace cosa de un mes más o menos y de la proverbial displicencia hispánica ante todo aquello que nos queda lejos (en kilómetros y en conocimiento). Pero eso sí, somos más chulos que nadie. Chulos y racistas hasta que nos cae la primera piedra.

En Europa, que también son más chulos que un figurín, están entrando por reconocer titulación a los médicos sirios refugiados o por llamar a brigadas de médicos cubanos, ese denostado país que, a poco que te descuides, te va dando lecciones a diestro y siniestro.

A lo mejor a esta Europa dividida y egoísta, se le caen de una vez por todas los anillos y se le pone cara de tercer mundo.
Por de pronto Portugal (menos mal), que es otro país que últimamente va dando lecciones, ha regularizado a todos sus inmigrantes para protegerlos, según dicen, del bicho. Un bicho por otra parte que, como se ha visto, no distingue ni de colores ni de sabores. Todo le da igual. 

Tal vez por el norte vayan aprendiendo.

domingo, 29 de marzo de 2020

Esto no es un diario XV


Esto de las relaciones sociales en tiempos de pandemia tiene su puntito peligroso. De pronto tu interlocutor está casi siempre dentro de un objeto inanimado y, por tanto, es fácil confundirse y no guardar las elementales normas de cortesía, pese a que, por aquello del aislamiento, uno intenta ser más expansivo para no convertirse en un robinsón.
Por otro lado, tengo ya vistos en estos días más de dos y de tres enfrentamientos a través de redes, de esos que transforman besos, cariños y arrumacos en irreconciliables y sanguinarias enemistades al calor de esta soledad tan tonta en que vivimos. Entre que todos estamos pelín nerviosos, pese a que nos hagamos los valientes, y que triunfan las posiciones maximalistas por aquello de hacer frente al bicho con rigor, no advertimos con claridad que de esto se supone que saldremos algún día, y que probablemente nos crucemos más de una vez con nuestro antiguo objeto de pasión por cualquier esquina. Y tener que vernos con el ceño fruncido y el colmillo enroscado por un ponme allá esas mascarillas o quítame a ese policía de aquella esquina es una santa hostia. Un poco de templanza no vendría mal. ¿No?
Y además nos han vuelto a cambiar la hora, joer.