Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 14 de enero de 2019

La dignidad rebelde

El pasado 1 de enero se cumplieron 25 años desde que en 1994 los indígenas zapatistas de Chiapas dieron un aldabonazo tomando, entre otras, la ciudad de San Cristobal de las Casas. El Ejército Zapatista de Liberación Nacional puso sobre la mesa las desigualdades y el olvido en el que vivía una multitud de pueblos originarios a lo largo de toda América, y de paso despertaron las conciencias y las esperanzas de muchísima más gente en todo el orbe.
La fotografía está tomada años después durante la Marcha Zapatista del Color de la Tierra (2001). Hoy en día los indígenas zapatistas siguen luchando por sus derechos, y para mí fue una de las experiencias más hermosas y más dignas que he vivido.
Pese a todo, seguimos resistiendo. 
Larga vida a Don Durito de la Lacandona.

jueves, 10 de enero de 2019

Cuando el poema sobrecoge


14º 53' 37.0" N  92º 14' 49.0" W - (TAPACHULA, CHIAPAS)

Perseguidos por el genocida Efraín Ríos Montt
mis padres huyeron de Guatemala el año de 1982
y se refugiaron en un pedazo de selva en Chiapas, México.

Lejos de las montañas del Quiché, nací ixil en tierras mexicanas.

Volvimos después de la firma de los acuerdos de paz,
pero nadie firmó un acuerdo para terminar con el hambre.

No teníamos maíz ni para sembrar.

Cuando me llegó la luna decidí bajar de las montañas a Tapachula
y trabajar de cocinera en una casa.

Prometían buena paga, pero mis primas
me engañaron al llegar y me vendieron como un bulto
a la dueña de un prostíbulo en la frontera.

Me hacían abrir las piernas y cerrar, casi siempre,
la boca; basta decir que todos me golpeaban.

Hasta que hui con Daniel, taxista de Tapachula,
borracho y drogadicto, pero me mató a patadas
nomás saber de mi embarazo.

Tiró mi cuerpo al río, al pútrido Coatán,
donde antes lanzó también al niño.

Enterrada en esta tumba del Panteón Jardín,
sin nombre, estoy perdida, acompañada
por los varios rostros difusos de otras gentes.

Quiero decirles que ni todo el peso de la tierra
me asfixia tanto como el peso de uno solo de los cuerpos
jadeantes y sucios que en vida soportaba.

Sé que mi madre me busca en caravanas,
llevando en el pecho una foto mía,
esa en la que aparezco vestida en día de fiesta.

Mi tía la acompaña, cargando un abanico con tres imágenes más.

Pero mis primas están malditas, porque siguen vivas,
abiertas y partidas por el sudor y los erectos machetes de carne
de los choferes y estibadores del mercado San Juan.

Ojalá que mi madre vuelva a San Gaspar Chajul
y se quede dormida bajo la incandescencia de nuestro sol de maíz,
recién nacido de la muerte, como yo.


Balam Rodrigo.
Libro centroamericano de los muertos.
Fondo de Cultura Económica. 

domingo, 6 de enero de 2019

Hielo




Leer

Leer sobre el cristal
sobre los espejos
leyendo en el hielo
que alguien lee
para leer en tus ojos 


                                        MCH


martes, 1 de enero de 2019

Primer día del año


El calendario es una convención tan caprichosa como las nubes que pasan por la Collada de cuando en cuando. Solo ella se mantiene, desde siempre incólume, cuando la nieve se deshace como se deshace el invierno y aflora el lazo dorado de la hierba y el blanco mineral de las trincheras.
Testigo silencioso donde hubo soldados que un día fueron mineros, pastores y labriegos. Campo de pruebas de buitres y alimoches planeando sobre el tiempo.
El tiempo que transita. La madera que arde.
  

viernes, 21 de diciembre de 2018

Grimau aguarda


 
Dice el gobierno desde Barcelona que se trata de un gesto. Y a mí lo de Lluis Companys me parece bien. Que se condene en Consejo de Ministros el consejo de guerra que permitió su fusilamiento por la dictadura franquista, como paso previo a su anulación y a la justa rehabilitación del aquel presidente de Cataluña no significa otra cosa que el gobierno español, tan renuente hasta ahora, puede hacerlo.
No se trata de hacer regalitos a independentistas irredentos como muestra de buena voluntad, sino que es algo de justicia y de ley.
Julián Grimau y tantos, tantos otros, siguen esperando.

miércoles, 19 de diciembre de 2018

César Vallejo (1938-2018)

 
¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima apesar suyo,
del verdugo apesar suyo
y del indiferente apesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate de tu futuro!...

                                            César Vallejo.

lunes, 17 de diciembre de 2018

La señora Szymborska fumando en la ceremonia de los Nobel



La señora Szymborska es una isla en mitad de un océano de cabezas en fiesta.
De su boca sale una humareda de letras que conforman un verso.
Y cada verso es un poema que vamos a leer obligatoriamente para salvarnos de los continuos temblores de la tierra.

La señora Szymborska fuma mirando al techo, y observa distraída, feliz y ajena
el devenir caprichoso de la nube, mientras piensa alegremente que todo lo prohibido es la materia humana de los sueños.

En realidad, a la señora Szymborska seguramente le importan un bledo los homenajes
y los premios, porque entiende mejor que nadie que no son más que humo pasajero.

Y cuando no,  fatua dinamita para el fuego.
                                        
                                                                        MCH

domingo, 16 de diciembre de 2018

De memoria

Los poetas trabajan con la memoria. La ponen a escurrir hasta que ya no cae una gota. Rara vez la planchan. La guardan sin doblar en armarios para los demás invisibles. Algunos se pasan de rosca y la llaman potencia inferior de los sentimientos, como el cernícalo de Aristóteles. Los más pragmáticos la desarman como un mecano y esperan el momento más oportuno para hacer con ella algo oportuno en el lugar menos inoportuno.

  (Fragmento)

                                      Juan Carlos Mestre.

Dedicatoria

No suelo pedir dedicatorias de los autores en los libros, me da un poco de grima y bastante de vergüenza, aunque alguna tengo (dedicatorias, digo, y vergüenza también).
Hace muchos años se la pedí a José Hierro, por persona interpuesta, para su "Cuaderno de Nueva York", porque yo estaba en Irlanda gastándome el dinero del Premio Alegría. Me dibujó un autorretrato "de calvo a Calvo", y yo le agradecí el esbozo y la humorada.
Y esta noche se la he solicitado a Juan Carlos Mestre (uno de los mejores poetas que he leído) para su "Museo de la clase obrera".
Y me encanta el dibujo y también la bandera (para qué nos vamos a engañar). 

viernes, 14 de diciembre de 2018

jueves, 13 de diciembre de 2018

Desmemoriados en La Vorágine

Desmemoriados también se ha mudado. Ha recogido sus bártulos y con la memoria a cuestas ha caminado por la calle arriba hasta el nuevo centro de operaciones. Entre libros y entre la gente hermana de La Vorágine.
Continuamos.

viernes, 7 de diciembre de 2018

jueves, 6 de diciembre de 2018

Perdición




Tienen mala suerte, en verdad,
los pájaros enjaulados, tienen mala suerte
en su intrépido alboroto.

Olvidaron cómo desplegar sus alas
y ya no saben que es aire el aire
que hay más allá
de su malogrado atrevimiento.

Tienen mala suerte los pájaros enjaulados.

Trocaron en estupor sus atributos
y entonan, sempiternos,
una romanza hermosa y desesperada
que, como nudo corredizo,
aún les apresa más
cuando quieren pedir auxilio.

                               MCH

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Punto y seguido.


Debía ser abril de algún año atrás (no recuerdo exactamente). Entonces asistí al primer evento que se celebró en La Vorágine, una charla con una líder indígena centroamericana. Entonces Hugo y Gi, que me hablaban y me hablaban de tan rara librería, aún no se habían marchado al otro lado del océano y yo no imaginaba que habría de volver muchas veces más a ese lugar.
Hoy he querido estar en el último acto de un espacio pequeño, acogedor y, por lo mismo, extrañamente familiar. Una poeta asturiana, que a veces desearía tener otros nombres, leía sus versos (luego ya se cerrará la puerta del cuento). 
Cuando se tranque la cancela, el lugar donde hubo un humilde y sorprendente torbellino, inimaginable antes en la ciudad, vivirá del silencio y dormirá entre los ecos.
En unos días habrá una nueva Vorágine, más grande y con más luz. Y los libros padecerán un poco menos del mal de los relentes. Pero eso, compañeros, será otra historia.

lunes, 3 de diciembre de 2018

La partida inconclusa


                                                                                  Isla Quiriquina, octubre 1973


                                  Blancas: Danilo González (Alcalde de Lota) 
                                  Negras: Floridor Pérez (Profesor de Mortandad)


1. P4R, P3AD
2. P4D, P4D
3. CD3A, PxP
4. CxP, A4A
5. C3C, A3C
6. C3A, C2D
7. ...

Mientras reflexionaba su séptima jugada
un cabo gritó su nombre desde la guardia
-¡Voy! -dijo-
pasándome el pequeño ajedrez magnético.
Como no regresara en un plazo prudente,
anoté, en broma: abandona
Sólo cuando el Diario El Sur,
la semana siguiente, publicó en grandes letras la noticia
de su fusilamiento
en el Estadio Regional de Concepción,
comprendí toda la magnitud de su abandono.

Se había formado en las minas del carbón
pero no fue el peón oscuro que parecía
condenado a ser, y habrá muerto
con señoríos de rey en su enroque.

Años después le cuento esto a un poeta.
Sólo dice:
¿Y si te hubieran tocado las blancas?


                                                                      Floridor Pérez.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Librería 81

                    Santiago de Cuba.

                                Fotografía que me remite Pedro Rodríguez.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

El cementerio inglés




Hace muchos años que no me acercaba por allí; tantos como para que el olvido se hubiera asentado estratégicamente entre mis recuerdos. Es el cementerio protestante de Cazoña. Está allí desde 1864, antes de que el barrio de Cazoña, tal como lo conocemos ahora, existiera.
Hoy se guarda entre edificios, como una isla de otro tiempo, escondido del fárrago urbano, pero a mis doce o trece años, cuando desde el Paseo del Alta caminábamos hasta Peñacastillo en busca de cuevas y de rocas que trepar, se alzaba allí, solitario entre prados y callejos. Era nuestra primera parada en la ruta del misterio y la aventura que nos ha traído hasta aquí.

jueves, 22 de noviembre de 2018

Vagabundear



La canción es de Serrat, sin embargo a mí siempre me gustó más la versión de Nuestro Pequeño Mundo. Un grupo de cuando empezábamos a interesarnos por el folk y de pronto nos sorprendía con música de muy lejos, de lugares que ni soñábamos visitar algún día.
Luego sí que hemos vagabundeado por algunos sitios. Y J.R. y yo la hemos entonado unas cuantas veces por alguna que otra selva y por alguna que otra carretera austral.
Con más o menos fortuna. Pero eso qué más da. Qué más da.

martes, 20 de noviembre de 2018

Acostarse temprano



Es en Érase una vez en América, la gran película de Sergio Leone sobre el mundo de los gangsters, donde Noodles, el personaje que interpreta Robert de Niro, regresa, ya maduro, huraño y decaído, a su barrio, después de 20 años de ausencia, huyendo de su destino. Un amigo de infancia y de juventud, que ahora regenta el bar de su padre, le abre la puerta y con la sorpresa inicial, mientras titubea, le pregunta, ¿qué has hecho durante todos estos años, Noodles?
La lacónica respuesta de Noodles encierra toda una lección de vida y de soledad: “Acostarme temprano”.

Está claro que Noodles es un pelanas, tal como en otra secuencia del largometraje le escupe la protagonista femenina, con la mirada más fría y decepcionada que se haya podido vislumbrar en la Historia del Cine.
Al menos es un pelanas, un chiquilicuatre, un zascandil, para aquellos que saltan como gamos por los vericuetos de cualquier actividad en busca del triunfo y del éxito a costa de lo que sea. Pongamos que en una actividad artística. Pongamos que en la literatura. Pongamos que en la poesía, por ejemplo. 

Si Noodles fuera un poeta en lugar de un gangster retirado, sería un poeta menor, un poeta de provincias, un poeta condenado al aislamiento, al silencio y a la oscuridad, porque los focos y los brillos estarían en otra parte. Tal vez en las camarillas y en los conventillos donde se reúnen en manada aquellos vates que tienen claro el concepto de lo que es prosperar a dentelladas o los que acostumbran a encadenar versos –o lo que sea- con la fluidez de las metralletas que apuntan continuamente contra cualquier rival. Tal vez, si Noodles fuera un poeta de orden estaría a la sombra confortable de un poder abrasivo al que le importa menos un buen poema que el supremo arte –o artificio- de las mentiras, al que adora con delectación y al que se entrega con extrema suficiencia. Ejemplos hay a lo largo de los siglos: De poetas sumisos, digo. El poder siempre es el mismo.
Tal vez, si Noodles fuera un poeta como hay que ser, ya llevaría un currículum de premios, títulos y homenajes tan pesado como su vanidad y casi siempre como su pedantería.

Pero Noodles, que no es un poeta y que pasa de las modas, que pasa de las corrientes – porque al final siempre dan frío-, que pasa de las reatas de poetas que miran siempre por encima de sus hombros, que pasa del falso porvenir y de la vana gloria de los escaparates, es solo alguien que observa con atención alrededor, que lee mucho, que escribe más bien poco o quizá lo justo y que, sobre todo, sobre todo, como un pelanas cualquiera, acostumbra a acostarse temprano.




miércoles, 14 de noviembre de 2018

Matar gorriones



Cuando éramos críos
aguardábamos como sombras en la maleza
a que los gorriones acudieran al gallinero
para compartir el grano con sus primas, las esclavas.

Cuando ya había suficientes,
mi compinche se acercaba con un bastón
y montaba una carnicería de pardales
mientras yo cerraba la puerta. No fuera a ser
que alguno escapara de la tremenda escabechina.

Luego contábamos los muertos
como se cuentan las cabezas de enemigos desconocidos
y más tarde nos marchábamos
a la orilla de la marisma cercana
para aliviarnos desnudos en el barro
de nuestras almas negras e insensatas.

Hoy, tantos años después, mientras observo en el jardín
el aleteo de otras aves con más suerte
aún vuela sobre mí
la parda agitación de su inocencia.

                            MCH