Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

martes, 14 de noviembre de 2017

El banco de Wislawa


Aquí estoy, sentada bajo un árbol,
a orillas de un río,
una mañana soleada.
Es un hecho anodino
que no pasará a la historia.
No es una batalla ni un tratado,
cuyas causas se investigan,
ni el memorable asesinato de un tirano.

Sin embargo estoy sentada a orillas del río.
Y si estoy aquí,
forzoso es haber llegado de alguna parte,
y antes
forzoso fue haber recorrido otros lugares
como los conquistadores de nuevas tierras
antes de haber subido a bordo de sus navíos.

Incluso un instante fugaz tiene un turbulento pasado,
un viernes anterior a sábado,
un mayo que a junio precede,
y horizontes no menos reales
que los dibujados en los prismáticos de los mariscales.

El árbol es un álamo hace años arraigado.
El río es el Raba que no empezó a fluir ayer.
La senda no anteayer
se abrió entre matorrales.  
Antes de disipar las nubes, el viento
hasta aquí las arrastró.

Aunque nada importante sucede en torno a mí,
no es el mundo por eso más pobre en matices,
menos justificable, menos definido
que cuando dependía de las grandes migraciones.

El silencio no sólo envuelve conspiraciones.
Y el séquito de causas no sólo acompaña a subidas a tronos.
No sólo los aniversarios de las revoluciones caen,
también las piedras arrojadas al río.

Intrincado y denso es el bordado de las circunstancias.
El pespunte de la hormiga en la hierba.
La hierba cosida a la tierra.
El diseño de la hoja enhebrada a un palito.

Así, por obra del azar, soy y miro.
Una mariposa blanca aletea en el aire
con alas que sólo a ella pertenecen,
y una sombra sobrevuela mi mano,
la suya, no otra, no de cualquiera.

Ante hechos semejantes me abandona la certeza
de que lo importante
es más importante que lo que no importa.



sábado, 11 de noviembre de 2017

La Varsoviana fugaz

Cuando un servidor cultivaba el proyecto de montar una librería siempre pensó que había de llamarse La Varsoviana. No sé por qué. Supongo que por el viejo himno anarquista de las negras tormentas.
Así que el primer día que pisé Varsovia, en un arranque nostálgico, me dediqué a buscar a mi varsoviana, la dama de los sueños incumplidos. Y hete aquí que mientras yo fijaba el objetivo en aquella que se va acercando, atenta sólo a la pantalla de su móvil, me pasa por delante la de verdad. Mi varsoviana, la hermosa, la fugaz.

viernes, 3 de noviembre de 2017

La primera noche

La primera noche
ellos se acercan y cogen una flor
de nuestro jardín,
y no decimos nada.
La segunda noche
ya no se esconden,
pisan las flores, matan nuestro perro
y no decimos nada.
Hasta que un día
el más frágil de ellos
entra solo en nuestra casa,
nos roba la luna, y
conociendo nuestro miedo
nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada
ya no podemos decir nada.


                        Maikowski

viernes, 27 de octubre de 2017

Las líneas y las rayas

Varsovia, 2017.

Esta es una esquina de lo que fue el Ghetto de Varsovia. Justo ahí se alzaba el muro que señalaba las diferencias y las prepotencias.
Y ahí seguimos, como tontos, marcando las líneas y las rayas.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Caminos y veredas

                                                                                                          Torices, 198...?


 Todos los caminos son nuestros.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Aparecidos

    Los Corros. Asturias. 1987.          

Sigo digitalizando diapositivas antiguas. Del escaner salen aparecidos.

martes, 17 de octubre de 2017

Cuerda de presos

Es curioso que los gobernantes de este país, cada vez, niegan tozudamente la existencia de presos políticos aquí, pero siempre juran y perjuran que los presos políticos están en otros lugares, en los que habitualmente los gobernantes son de otro signo y, por tanto, les caen mal.
Los presos políticos de allá son presos políticos porque sí. Jamás hicieron nada para acabar en el “trullo” salvo disponer de una conciencia levantisca. A los “No presos políticos” de acá la conciencia ni se les supone, y siempre llevan detrás un historial de acciones punibles que les convierten definitivamente en comunes.
El eterno enfrentamiento entre propaganda y credulidad.

El cartel rojo

En Transilvania, cuando los obreros tenían un problema con la dirección de la mina, confiaban al más viejo, al más silicótico de entre ellos, un cartucho de dinamita, con la orden de ir a casa del director. Se desarrollaba entonces un ritual más o menos inmutable. El minero leía al director una reivindicación escrita en un papelito. El director, como dictaba la costumbre, rechazaba todo en bloque. El minero reemplazaba entonces el cigarrillo que tenía en la boca, por el cartucho de dinamita; encendía y esperaba. Nueve de cada diez veces, todo saltaba por los aires. El humor no tenía ningún lugar en el ceremonial.

Phiippe Ganier Raymond
El cartel rojo.
Editorial Txalaparta. 

domingo, 15 de octubre de 2017

Clavos



Forzados, doblados, cercenados. Relevados de su función. Los humildes clavos ven la luz tras doscientos o trescientos años empotrados en las recias y resecas maderas de una techumbre ahora derrocada.

Otro será el tejado y otros clavos fijarán vigas más recientes, pero mientras rescato cada uno de estos tachones férreos me descubro en otra mirada, en otro tiempo, con ojos nuevos, observando casi intacto el mismo paisaje de hoy.

miércoles, 11 de octubre de 2017

Las cajas negras del exilio

Hoy he tenido la emocionante oportunidad de asistir a la inauguración en el patio del Parlamento de Cantabria de la exposición de las Cajas Negras del Exilio, dentro de la programación de la Surada Poética de este año. En ella se homenajea a las mujeres y a los hombres del exilio republicano español que, tras la derrota, se vio sometido a las vejaciones y a la humillación de una inexplicable retención en innumerables campos de internamiento dentro de territorio francés.
Mi reconocimiento a los compañeros de La Vorágine por su trabajo y sobre todo a la poeta Manuela Parra, principal artífice del evento, por su dedicación a rescatar del olvido la causa republicana y también por su mención y agradecimiento a la participación en el acto de Desmemoriados, Memoria Colectiva de Cantabria.

lunes, 9 de octubre de 2017

Senegal

   Senegal 2005


Dakar

   Dakar 2005

sábado, 7 de octubre de 2017

jueves, 5 de octubre de 2017

Alegoría

Y que cada cual interprete lo que quiera.

miércoles, 4 de octubre de 2017

Coser Oradour











Oradour sur Glane es una pequeña población a las afueras de Limoges (Francia). No obstante, en su día y a pesar de su tamaño, tuvo hasta un pequeño tranvía que recorría la calle principal. Aún queda rastro de sus vías.
Oradour se conserva tal como el paso de los años la ha dejado a partir del 10 de junio de 1944. Ese día, cuatro después del desembarco de Normandía, un destacamento alemán que se encontraba camino de las playas normandas para agregarse a su defensa rodeó Oradour sur Glane y reunió a toda la población civil en la plaza del pueblo. A los hombres los fue fusilando en grupos en diversas lonjas y locales y a las mujeres y los niños los reunió en el interior de la iglesia. A continuación los soldados alemanes prendieron fuego al templo y dispararon contra toda persona que quiso escapar. Aquel día en Oradour sur Glane murieron asesinadas 642 personas, entre las que se encontraban 25 refugiados españoles de origen republicano.
Caminar por Oradour sur Glane hoy en día es como caminar dentro de una burbuja. Parece que hasta el aire se ha parado. Sin embargo, el tiempo sigue su curso mientras se cosen y descosen los lienzos de la memoria.  

lunes, 2 de octubre de 2017

Concepto de patria




¿Es acaso la patria un campo lleno
de guijarros y maleza?
¿Es acaso una tumba inmensa
donde duermen el olvido los guerreros de antaño?
¿Es, quizá, el orgullo por algo que no es nuestro
y que nunca edificamos?
¿Son, tal vez, los colores aleatorios
de una enseña que solamente sirvió para el combate?
¿Es, por casualidad, nuestra patria la contingencia
que nos alumbró aquí
del mismo modo que nos pudo nacer allá?   


                                                           MCH

domingo, 1 de octubre de 2017

Estado de Depresión

Visto el día de hoy  me declaro formalmente en Estado de Depresión.
Y que viva la República.



A TALL D'EXORDI

Qualsevol de nosaltres, perdedors
irreverents i lucids, i també
qualsevol d'ells, els altres, instal-lats
en castes de poder i privilegi,
un matí qualsevol, des de la trista
permuta del mirall, podem sentir-nos
exiliats sense sortir de casa.
I què farem, llavors? Invocarem
lleis y preceptes? Cridarem a comptes
els descreguts? Renegarem els déus?
Així s'expressa el temps, sense cap llei
d'impietat, i és bo saber-ho i dir-ho
per assajar de viure amb els sentits
i els sentimentes en perpètua vigília.
Mirar la vida cara a cara és un
recomanable i prudent exercici
d'humilitat, una activa i discreta
conspiració que ens apropa a aquell nucli
tan oblidat de nosaltres mateixos
en què a vegades és dur descobrir-se.
Créixer també és saber que la tristesa
i fins i tot l'afront no són, per sort,
exclusiva dels vils, sinó un grotesc
patrimoni de tots, i que pels ulls
dels marginats, dels pobres, del vençuts,
se'ns en va a tots plegats el goig de viure
harmoniosament i amb alegria.

                  Miquel Martí i Pol 



A MODO DE EXORDIO

Cualquiera de nosotros, perdedores
irreverentes y lúcidos, y también
cualquiera de ellos, los otros, instalados
en castas de poder y privilegio,
una mañana cualquiera, desde la triste
permuta del espejo, podemos sentirnos
exiliados sin salir de casa.
¿Y qué haremos entonces? ¿Invocaremos
leyes y preceptos? ¿Pediremos cuentas
a los descreídos? ¿Renegaremos de los dioses?
Así se expresa el tiempo, sin ningún tipo 
de impiedad, y bueno es saberlo y decirlo
para probar de vivir con los sentidos
y los sentimientos en perpetua vigilia.
Mirar a la vida cara a cara es un
recomendable y prudente ejercicio
de humildad, una activa y discreta
conspiración que nos acerca a aquel núcleo
tan olvidado de nosotros mismos
en el que a veces es duro descubrirse.
Crecer es también saber que la tristeza
e incluso la afrenta no son, por suerte,
exclusiva de los viles, sino un grotesco
patrimonio de todos, y que por los ojos
de los marginados, de los pobres, de los vencidos,
se nos va a todos el gozo de vivir
armoniosamente y con alegría.

                         Miquel Martí i Pol


jueves, 28 de septiembre de 2017

Los tejados te miran

Pues nada. Que por fin estoy escaneando antiguas diapositivas y me he encontrado con ésta que me trae grandes recuerdos.
Supongo que hay más lugares así, pero Sighisoara era un lugar tan mágico en 1999 que hasta los tejados te miraban. Y no es broma, como se puede comprobar. 

lunes, 25 de septiembre de 2017

La gente del bosque


                                                                                   Para Yolanda en su cumpleaños.

El perro camina nervioso entre los árboles. Tan pronto alza la cabeza y ventea como pega la nariz al suelo y la entierra entre hojas caídas y bellotas. De vez en cuando le llamo y lo tranquilizo, pero es labor inútil. Sigue sus instintos y se acuerda, sin duda, de sus lobos antepasados. Pero a mi me gusta que esté atento y que corra y que disfrute, aunque a veces sea necesario detener su loca carrera tras los espíritus del bosque.
Nos adentramos entre los pinos y los robles y en algún momento parece que escuchamos un leve roce fantasmal a lo lejos. Pero no hay cuidado. Los espectros y los duendes raras veces se dejan ver.

viernes, 22 de septiembre de 2017

Los grandes cementerios bajo la luna



Lejos ya de Normandia y de las playas del Desembarco, con sus restos arqueológicos, el turismo en oleadas, las exaltaciones patrióticas, el fervor pacifista cuando la guerra es en casa de los otros, no dejo de pensar en el libro de Georges Bernanos. Cierto es que la guerra a la que apuntaba el escritor francés era otra (la nuestra), y sin embargo era la misma. O tal vez el antecedente, o quizá la consecuencia de la anterior. Qué más da, si todas las guerras son la misma guerra y en su singularidad conllevan el mismo horror.
Pienso en el libro de Bernanos mientras miro las cruces blancas y las estrellas de David en el cementerio norteamericano, mientras veo el gentío que se reparte entre las tumbas con su flor en la mano, recién entregada por el correspondiente guía turístico al bajar del autobús.
Pienso en el libro de Bernanos mientras camino por el cementerio, bastante menos visitado, de soldados alemanes (21.000 soldados alemanes) en el pueblo de La Cambe. Voy leyendo sus nombres, en aquellos casos en los que no aparece únicamente la triste señal del anonimato, "Ein Deutscher Soldat", y voy de escalofrío en escalofrío cuando compruebo que muchos de ellos no tenían más de diecisiete años cuando dejaron este mundo muertos de miedo, o así me los imagino.  Y pienso en la indecencia que supone morir con diecisiete años. Y sobre todo en la indecencia que es enviarlos a la muerte sin apenas haber vivido.
Y también pienso en todos aquellos jóvenes que forman parte de mi vida. Y mi deseo es que puedan mirar a la luna todas las noches de sus largas vidas. Y que, mientras tanto, hayan conocido el amor.