Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

miércoles, 24 de febrero de 2021

El color de la tierra


Tal día como hoy, hace veinte años, comenzaba la Marcha Zapatista del Color de la Tierra en San Cristóbal de las Casas. Quince días después, el 11 de marzo de 2001, llegaba a la capital de México. Decía la canción que veinte años no es nada y nosotros, aunque más viejos, tal vez continuamos siendo los mismos y el mundo, como dice otro tango, sigue siendo una porquería. Palabras como "globalización" o "neoliberalismo", tan usadas entonces para mostrar lo que no queríamos, han sido lavadas, centrifugadas y puestas a secar. Y aún así no han cambiado un ápice y son, tal como eran, una amenaza para la dignidad de los de abajo.  
Hace veinte años tuvimos la oportunidad de asistir a un acontecimiento por el cual había merecido la pena llegar hasta allí. Y aunque ya apuntábamos maneras, desde entonces la pigmentación de nuestro corazón fue transformándose hasta tomar el preciso color de la tierra, que como todo el mundo sabe está hecho de todos los colores. 

lunes, 22 de febrero de 2021

Facebook

De pronto entras en un juego imparable, una especie de carrusel sin control, y te conviertes en un "voyeur" de las vidas de los demás, de las opiniones de los demás, de las alegrías y de las miserias de los demás. Y de alguna manera tú te sientes obligado a corresponder y enciendes la luz sobre tu vida, sobre tus opiniones, sobre tus alegrías y tus miserias. Y acabas siendo algo demasiado parecido a un exhibicionista. Y puedes tachar y borrar o añadir a otros como tú como si fueras un pequeño dios. Y así eres el objeto de su diversión y ellos son tu entretenimiento. Y todos somos, a la vez, diosecillos y víctimas en una entelequia. Seres humanos desnudos que han perdido la vergüenza.

domingo, 21 de febrero de 2021

Límites


 Límites

Vi a un hombre que daba un volantazo
e intentaba atropellar a un perro callejero,
pero el veloz chucho se metió
entre dos coches aparcados

y consiguió escapar.
Dios mío, pensé, ¿acabo de ver 
lo que creo haber visto?
En el siguiente semáforo en rojo,

me puse a la altura del hombre
y lo miré fijamente.
Él sabía que yo había visto
su intento de asesinato,

pero no le importó.
Sonrió y gritó lo bastante
alto como para que lo oyese
a través de nuestras ventanillas cerradas.

"No pongas esa cara
a menos que vayas a hacer
algo para arreglarlo.
Vamos, tipo duro,

¿qué vas a hacer?"
No hice nada.
Giré a la derecha cuando se puso verde.
Él giró a la izquierda en dirección prohibida.

No sé qué les pasó
a ese hombre o a ese perro.
Pero conduje hasta casa
y escribí este poema.

¿Por qué creen los poetas
que pueden cambiar el mundo?
La única vida que puedo salvar 
es la mía.
                                                                      
                                                  Sherman Alexie

Danzas de guerra.
Xordica.

 
 


jueves, 18 de febrero de 2021

Unos versos para un holandés errante

Algún día, que aún no está escrito,
nos tomaremos un coñac en cualquier otro  puerto
que no sea Gualaquiza y al que no haya que llegar
en autobuses destartalados
tras horas eternas de polvo, sudor y selva.
Nos aguantaremos las ganas de estar tristes
y tal vez entonemos una canción para el destierro 
y para esa gente sin patria que guarda en los bolsillos
corazones magullados, pero también
 las palabras que los curan,
junto a la arena de todas las costas
y el barro de todos los caminos.
Algún día, que aún no está escrito,
brindaremos las veces que hagan falta
por habernos conocido
en algún intervalo de mareas
o en el cruce de dos ríos.
Y entonces reuniremos el valor
para ser insensatos cuando sea inexcusable
y para mandar al cuerno a la parca felona,
a la casa de Alba y a todos los restos del Imperio.


miércoles, 17 de febrero de 2021

Estación de Francia


Volviste de la guerra con un gorro
pequeño, militar, de tela caqui:
por el derecho de soldado raso
y el revés con galones de oficial.
Huías hacia Francia cuando Líster 
batía, fusilando desertores,
los campos y los pueblos fronterizos;
te salvó simular que eras teniente
de voladuras en la retirada.
Cumplí tres años cuando regresaste 
del penal de Santoña.
La ternura te había abandonado:
como el país entero,
te ibas convirtiendo en un fascista.

Marchabas a Girona a trabajar,
en algún lento tren de la posguerra.
Hiciste aquellas obras sencillas, unos años
en que no había acero, construías,
con muros de ladrillo y bóvedas de fábrica,
casas de pescadores en los pequeños pueblos
sobre los cuales escribía Pla, 
frescos y limpios como aquella pesca
que al alba rebosaba de las barcas.
El tren se retrasaba cada sábado;
oscurecía bajo la estructura
de hierro y de cristal de la Estación de Francia,
con olor a carbón en los andenes
y el mostrador mojado en la cantina.
Ella y yo desde lejos entre el humo,
los trenes y la gente ya te reconocíamos.

Envejecidos ojos infantiles
hoy miran los andenes y vagones.
Donde acaba la bóveda, la noche 
es tan oscura como en la posguerra.
El reloj de las vías señala, amarillento,
la hora de salida de este tren de la muerte
al cual subes con gorro de oficial
para volar los puentes en esta retirada
de un tiempo que jamás vendrá a buscarnos.

                                                               Joan Margarit.      
                                                                


martes, 16 de febrero de 2021

Esto es un cuento

Imagínese que usted tiene mayordomo (o así) y que este fámulo da las órdenes oportunas (bajo cuerda, claro, y presionando con las penas del infierno, porque le sale así y es gente de mal carácter) a un empleadillo de una entidad bancaria, para que en la cuenta de la que usted es titular se añadan fraudulentamente  cantidades económicas que pasan a engrosar su patrimonio, como quien no quiere la cosa y sin que usted se haya enterado, porque bastante tiene con dirigir los rumbos del país, de la región o de su comunidad de vecinos.

Imagínese que tiempo después se descubre el pastel que se ha zampado única y exclusivamente usted y que el que tiene que juzgar si lo ocurrido está bien o está mal decide que usted no se ha enterado de nada, pese a la pesada digestión, y que la mala acción se debe achacar a su mayordomo y al empleadillo del banco, que hacen estas cosas en plan deportivo, porque sí y sin beneficio propio que se conozca. Y dadas las circunstancias o porque no caen de pie, ellos que no se comieron el pastel, se comen el marrón.

Imagínese. 


jueves, 11 de febrero de 2021

Un baile de fuego

 
Un baile de fuego en los ojos,
montañas de arena
en las que nace el dolor
y se precipita el hielo y todo lo absurdo.
La sangre, el frío,
hijos que asesinan a sus padres,
el horror de las cosas cotidianas,
caballos sin cabeza,
la traición,
la mentira,
el dinero que vale la fidelidad,
esa forma cruenta de ser feliz,
cadáveres calcinados por el tiempo,
el kilogramo de miedo
  que se vende en los mercados.
Y después, despertar
cuando lo imaginado
se torna insoportable.

sábado, 6 de febrero de 2021

De perfil


 

viernes, 5 de febrero de 2021

El Lobby Feroz de nuevo

Me parece a mí que lo de regular los ecosistemas es la última coartada pseudocientífica que se han inventado los del Lobby Feroz para seguir matando lo que se tercie sin que se note mucho. Es una pamplina similar a la del mundo del toreo, según la cual, de no existir ellos (aleluya) se extinguiría la especie del toro bravo.

Hasta ahora a los escopeteros les ha ido bien e incluso se les ha permitido salir con sus vehículos todo terreno de alta gama y sus trajes de camuflaje en épocas de confinamiento, mientras que a otros colectivos, que también suelen salir al monte y pateárselo bastante más, les dejaban bien “perimetraos” en sus domicilios, con sus mochilas, su bicicletas o sus prismáticos criando polvo. Nada como disponer de padrinos en los distintos estamentos autonómicos que sepan comprender, como los de las escopetas, eso de la regulación ecológica a base de plomo. Aunque también comprenden bastante bien aquello de que “la pela es la pela”. Como no.

Por cierto, por si no se ha notado, que me alegro mucho por el lobo y me avergüenzo en la misma medida de la clase de dirigentes (al menos de algunos) que gobiernan en la región en la que vivo.

¡Hala! Y a ver si abren para Semana Santa, que menudo carnaval tienen montado de un año para acá.


jueves, 4 de febrero de 2021

El rayo verde


Llevo varios días detrás de él. Los mismos que este pájaro lleva desternillándose de mí. Con ese vozarrón caballuno que le adorna, que no me extraña que por estos lares le llamen relinchón o picorrelincho.
Le diviso en lontananza y, cuando me acerco, él se confunde con un matorral o se disfraza de corneja aprovechando las sombras. Asoma en un árbol o en un poste telefónico y en cuanto se percata de mis intenciones va girando alrededor hasta que la madera se transforma en un obstáculo visual. Y entonces, cuando ya no lo veo, cuando aquello parece la cara oculta de la luna, va el maldito y desaparece como si tuviera las dotes mágicas y la astucia que a mí me faltan.
Y cuando me voy, con las orejas gachas, por la senda de los elefantes, aparece como un rayo verde volando sobre mi cabeza en un juego de nunca acabar.   

miércoles, 3 de febrero de 2021

Sputnik

No sé si se han percatado ustedes de que hace unos meses todo eran comentarios sarcásticos  e ironías varias, por parte de muchísimos comentaristas y mercachifles de opinión, respecto a la vacuna rusa contra el Corona Virus. Pues bien, hoy la gran noticia del día es que ya no es tan falsa y las dudas de antaño se disipan como el humo. Como el humo que nos venden continuamente. Así que tampoco hagan tanto caso (por si acaso).
Mañana nos dirán otra cosa al albur de los contingentes  y de los tiempos de suministro.
Pero esto puede servir como ejemplo de la manipulación a la que se nos somete de forma habitual, dirigiéndonos a los países simpáticos. Que claro, todos son de orientación inequívocamente occidental y primermundista, aunque a veces disparen con fuego amigo.
Así que, en lo tocante a vacunas, quedamos a la espera de la que venga de Cuba, la Soberana, que esa sí, seguro que es la buena. 

martes, 2 de febrero de 2021

Las flores del carbón


Lo más desolador de este tiempo en el que estamos son las personas buenas que nos van dejando; así, como quien se descuelga fortuitamente de este cable oscilante en que se ha convertido la vida. A lo largo de estos meses de inquietud, raro ha sido el día en el que las malas noticias no nos dieran un revés. 
He sentido profundamente la desaparición de personas a las que por diversos motivos he admirado. Personas más o menos conocidas que me han emocionado y me han transportado con sus libros a territorios deseados, con sus pinturas a abrazos hoy quiméricos, con sus canciones a la orilla de mares que aún ahora me gustaría regalar, con sus ideas a mundos de libertad y de justicia más allá de las paredes que nos encierran y de las ventanas que nos hacen anhelar, hoy más que nunca, otros mundos posibles.
Cada muerte, un aldabonazo. Como campanas tañendo a lo lejos. 
Pero más cerca, rozándonos la piel, ha habido otras gentes, anónimas para el común, que nos han dolido. Cada cual tendrá su parte de quebrantos y de daño.
Ayer asistí a un funeral por una mujer para la que la muerte ya no era un arañazo en su conciencia. Probablemente porque hacía  mucho que olvidó su significado. Pero antes fue una persona decidida y solidaria que no se merecía ser víctima de estos tiempos tan lóbregos.
Y hoy nos llegan noticias de que unos pulmones nuevos no fueron suficientes para un minero del carbón que vino a entregarse aquí, junto al mar, en tierra extraña, cuando todo, hasta la prudencia, hacía suponer que durante unos años más iba a vencer en su duelo con la flaca.
Estamos doloridos de ausencias y de desdichas, pero nuestras penas, ya ven, son hoy como flores entre el carbón.


Fotografía de Cecilia Orueta del libro titulado "The End" sobre el final de la minería en el norte de Palencia y de León. Eolas Ediciones.