Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 26 de junio de 2017

Esto no es el Guggenheim


Escucho en la radio que la gente salía maravillada de las vistas que se podían admirar desde el edificio que inauguraron el sábado en Santander. Unas vistas que, efectivamente, ya estaban antes allí, tal como decía la persona a la que entrevistaban. Lo cual me induce a afirmar que lo único que ha sucedido es que, por arte de birlibirloque, nos han cambiado un paisaje público por un paisaje privado.  
Y encima nos han dejado un regalito.   

sábado, 17 de junio de 2017

Francesca Ancarola

Ayer cerré un bucle que nació en el año 2007 en el hostal El Conventillo de la ciudad de Punta Arenas en Chile. Entonces, el chaval que estaba en la recepción me prestó por media hora el CD que escuchaba, concretamente "Lonquén", un homenaje a las canciones de Víctor Jara interpretado por Francesca Ancarola, que para mí era en aquel momento una completa desconocida. Sin embargo, yo que soy un entusiasta de la música del desaparecido músico chileno tengo que reconocer que me gustó, y mucho, el aire novedoso que Francesca le daba a las inmortales canciones de Víctor.
Bueno, el caso es que me fui con aquel CD por las glaciales calles de la ciudad austral en busca de un establecimiento en el que poder "fusilarlo" (algo que prometo que no es mi modo de actuación habitual, pero éste era un caso extremo). Desde entonces, Lonquén y Francesca Ancarola me han acompañado de cuando en cuando hasta ayer, que actuó insólitamente en Torrelavega. A partir de ahora sus canciones me seguirán acompañando, pero ya por lo legal.     

martes, 13 de junio de 2017

La propiedad privada y el amor



Estoy poniendo varas en el sembrado para que se enreden en ellas las judías que van naciendo, aquellas que aún resisten el hambriento ataque de los mirlos. Y mientras observo los tristes restos de las plantas que los pájaros dejaron, escucho sobre mi cabeza el enfurecido canto del miruello que, defendiendo lo que considera suyo, pretende ahuyentarme de mi propio huerto.
Y esa ira enfrentada a la mía me lleva a pensar, sin duda, en lo extremadamente relativas que son en ocasiones las lindes de la propiedad.

domingo, 11 de junio de 2017

El río del olvido

Que el Curueño es el río del olvido ya lo firmó Julio Llamazares hace años, y no voy a ser yo el que enmiende la plana a quien lo transitó de forma tan esforzada desde su desembocadura a su nacimiento. Él sabrá qué asuntos fueron desechándose de su cabeza en el transcurso.
Sin embargo, para mí el Curueño trae siempre recuerdos de una edad en la que yo estaba aún por construirlos. Por sus parajes anduve en brazos de mi madre, probablemente, cuando aún no tenía el que les habla tiempo para caminar. Y con los años las comarcas del Curueño fueron un lugar de predestinación a las que ahora vuelvo regularmente, y aunque generalmente digo que, a falta de patrias, soy de aquel lugar en el que en cada momento estoy, en realidad todo mochuelo necesita siempre algún lugar al que regresar. Y a mí, ya ven, me gusta regresar aquí. Es cuestión de elección y no de nacimiento.
Bueno, y después de tanto preámbulo, lo que quiero decir es que recientemente se ha publicado en León un libro titulado "El Curueño literario" en el que se recogen textos que, de algún modo, hacen bandera de un río tan humilde y en el que me honro en participar junto a gente tan singular que, si no fuera por la emoción, hasta me daría un poco de apuro. Cosas de la timidez.

viernes, 9 de junio de 2017

miércoles, 7 de junio de 2017

Ponerse las pilas

Un adolescente preguntando en el mostrador qué es una pila de petaca.

martes, 6 de junio de 2017

La Isla del Tesoro II


En realidad ésta es la primera, la que inició sin querer lo que podemos llamar una colección de Islas del Tesoro del mundo.
La adquirí como recuerdo en una librería de Alepo (Siria) en abril de 2008 y, ahora, dadas las circunstancias, es aún más querida. Se trata de una edición muy sencilla y muchas de las páginas tienen la tinta decolorada. Digamos que podría pasar por la hermana pobre de todas las Islas si no tuviera tantos valores simbólicos.

sábado, 3 de junio de 2017

Librería 75

Venecia. Italia.

sábado, 27 de mayo de 2017

En volandas

   Un cumple más.



Donde el paso es tranquilo
y la calma decidida,
ella me lleva en volandas,
donde posa la corriente
o el pulso se atenúa,
donde se demora la vida
y el viento se detiene,
me lleva en volandas.
Ella me lleva en volandas
a cualquier batalla
que tengamos que librar
y también al amparo
donde convoca los sueños.

martes, 23 de mayo de 2017

La Isla del Tesoro I


Voy a iniciar aquí un repaso a la multitud de ejemplares que voy reuniendo de La Isla del Tesoro y que hacen que esta misteriosa isla corra el peligro de convertirse en un imenso archipiélago.

Ya hace tiempo en este mismo blog comenté someramente la "extraña" razón que me ha llevado a acumular a lo largo de los años tantos volúmenes de la iniciatica novela del querido Stevenson. Se puede leer pinchando aquí: http://lanubeenlaboca.blogspot.com.es/2012/04/los-inutiles-libros-de-mi-vida.html

En los últimos días me han llegado dos ejemplares más por razones onomásticas. El primero de ellos, éste en castellano, editado por "Libros del zorro rojo" (http://librosdelzorrorojo.blogspot.com.es/), una maravilla que incluye unas hermosísimas e inquietantes ilustraciones de Ralph Steadman, además de una cita de Jorge Luis Borges en la contraportada que comparto completamente.


Leer La Isla del Tesoro es una de las formas de la felicidad.

                           Jorge Luis Borges

Aula Poética José Luis Hidalgo


Sábado, 20 de mayo de 2017. Torrelavega.
Raquel me remite alguna fotografía del recital poético que celebramos el pasado sábado en Torrelavega.
Un disfrute.
Siempre es agradable para mí recalar en la ciudad del Besaya y además en buena compañía.

lunes, 22 de mayo de 2017

Devolver el golpe

Lo más entretenido ha sido la cara de pasmo, o de haberse tragado un sable, de Susana. Y también imaginarme la de los supertacañones, esos que están en el Olimpo de las promesas incumplidas por el PSOE y que desde su posición se entregan a la intriga a poco que el muñeco se desvíe. Tampoco ha estado mal la dimisión del portavoz parlamentario, ese muchacho que puede decir “digo” o “diego” según la mano negra que le dé la cuerda. Roma, ya se sabe, no paga traidores. Y mentiría si dijera que no me gustaría haber visto la reacción de ese triste que preside la querida Asturias, pero eso ya habría sido demasiado regocijo para un día. Y luego está lo del amigo Patxi, un tipo que hasta el momento me caía relativamente bien y aún no sé a qué carta quedarme, pero que me da en la nariz que jugaba el papel del tapado que le iba a quitar votos en el norte, donde no llega aún el “encantamiento” de la lideresa del sur, al sorprendente ganador. Y qué decir de él, el príncipe destronado, P.S. oeeee, oeeee, oeeee... Pero si han cantado La Internacional, y hasta he visto una tricolor. Joder, he estado a punto de emocionarme. Me encanta la alegría de los militantes, la verdad. Pero lo cierto es que es lo mismo que cuando ves a los hinchas de un equipo de fútbol que no tiene tus simpatías. Por ejemplo, ése que acaba de ganar la liga. Y dices, pero qué contentos están, y te alegras de que estén contentos, pero así como algo ajeno. Como que esa fiesta no va contigo.

domingo, 21 de mayo de 2017

José Luis Hidalgo

Ayer tuve la oportunidad de participar en un recital poético en Torrelavega, dentro de las jornadas que se realizan en el Aula Poetica José Luis Hidalgo. Un placer volver a recitar con Raquel Serdio y con Vicente Gutiérrez. Y mi agradecimiento a Rafael Fombellida y Carlos Alcorta, encargados del acto, por acordarse de mí para este evento.
Esta circunstancia me permitió volver sobre los versos de un poeta que desapareció demasiado joven, pero que sorprende vivamente por su hondura y su madurez. En estos casos no queda más remedio que pensar hasta dónde habría llegado en su quehacer poético sin su muerte tan prematura.

Añado mi pequeña intervención  de ayer  a este respecto.

"Hacía tiempo que no regresaba a la poesía de José Luis Hidalgo, enfrascado en otros poetas cotidianos, pero en estos días he vuelto, cosa que tengo que agradecer, y mucho, a esta cita de hoy. Y al detenerme en sus poemas, para seleccionar alguno de ellos como lectura en esta jornada, he vuelto también a su corta vida y a su temprana muerte.

Según leo fue maestro, fue pintor, soldado censor de muertos y poeta.

Y con todo ello, se diría que José Luis Hidalgo, sobre todo, fue en sí mismo una obra sin terminar o un hermoso boceto. O tal vez un poema inacabado, una suerte de versos que se deben añadir a ése, su último libro. Una desgraciada muerte entre los muertos que en su libro se suceden.

Si Cesar Vallejo auguraba en un poema que “un día (del que ya tengo el recuerdo) me moriré en París con aguacero”, José Luis Hidalgo, en una pavorosa carambola, iba más allá y se convertía en el último poema de su libro “Los muertos”. Con ello, y desde luego junto a la alta calidad de su verso, se encumbró en ese parnaso especial de los poetas que murieron demasiado pronto. A ellos la muerte les cercenó la obra que no nos pudieron legar y a nosotros nos abandonó en  la nostalgia".

jueves, 18 de mayo de 2017

El ruido de la noche



Era el sonido alado
que despedía la luna.
Era la alarma de los perros
en el trance de perder los sueños.
Era el vértigo
con el que se desplomaba la luz.
Era el mar,
el rumor del aire,
un parpadeo,
el lastre abandonado de las nubes.
Era todo eso,
y era el silencio
que no recuerdo.
El ruido de la noche
y el sigilo
con el que me despertabas
para morirme un poco
en tus brazos.

sábado, 13 de mayo de 2017

Calma



Y en el reposo mirar el mar,
detener los ojos en el reverso de la ola,
seguir el vuelo del cormorán,
la falsa calma de las gaviotas,
dejar pasar el tiempo
mientras escucho crecer la hierba
o el rítmico corazón de las mareas.

viernes, 12 de mayo de 2017

Vacas



No sé la razón por la que me vienen a la memoria los días en los que acompañábamos al abuelo en la procesión que suponía llevar y traer a las vacas desde los prados a la cuadra o al bebedero. Armados íbamos con nuestro palo de avellano como arma disuasoria contra unos animales para los que, de puro nobles, era extraño cualquier desmande. A veces nos miraban con sus ojos acuosos, en los que bailaban un vals las moscas, y luego proseguían el camino mientras meneaban el rabo espantador o dejaban caer una plasta al suelo, que intentábamos evitar con esa aprensión tan tonta que, para general carcajada de los chavales del pueblo, lucíamos los niños de ciudad.

martes, 9 de mayo de 2017

Gatos y cebras

Acabo de ceder la vez a un gato que cruzaba tranquilamente por un paso de cebra.
El conductor que venía de frente un rato me miraba a mí y otro miraba al gato.

sábado, 6 de mayo de 2017

Añicos

Ahí sigo. Un tipo resistente. 
Hoy hago "añicos".
Y tal cual.

sábado, 29 de abril de 2017

Viajar con la memoria

Abrir un cajón y encontrar un cuaderno olvidado.
 

jueves, 27 de abril de 2017

Ferreiro


JUAN VIVE MUY BIEN EN CARACAS

La sociedad del bienestar ha venido 
por los laberintos de las computadoras.
Un mundo feliz, querido Aldous,
sin pájaros al amanecer, ha llegado.

Juan trabaja en una fábrica de automóviles,
Juan trabaja en una fábrica de tocadiscos,
Juan trabaja en una fábrica de neveras,
Juan trabaja en una fábrica de televisores.

Juan trabaja y ahorra infatigable
para ingresar su dinero en un banco
que es el dueño de la fábrica de automóviles,
que es el dueño de la fábrica de tocadiscos,
que es el dueño de la fábrica de neveras,
que es el dueño de la fábrica de televisores
y de la publicidad que brota en sus pantallas.

Trabaje, produzca, ahorre,
que lo demás es cuenta nuestra.
Usted ponga el dinero
y nosotros pondremos lo demás.

Juan pudo por fin comprarse un automóvil,
Juan pudo por fin comprarse un tocadiscos,
Juan pudo por fin comprarse una nevera,
Juan pudo por fin comprarse un televisor
para ver en su pantalla
la publicidad que su banco desarrolla.
Juan ha conseguido por fin electrodomesticarse,
electroconvencerse de que es mejor estar tranquilo
y electroconducirse como un muchacho bueno
al que nada humano le es ajeno cuando es cómodo.

Los beneméritos, filantrópicos industriales,
con sus aliados mercantiles en comandita
han llenado sus bolsas, porque el dinero
de enero a enero es siempre del banquero,
según dice un refrán
que en otro tiempo hizo el pueblo Juan.

                                           Celso Emilio Ferreiro.

martes, 25 de abril de 2017

Las tumbas del mar




Acostada junto al mar
navega la memoria 
en bajeles de ventisca.
Sola
vuela
con alas de amargura
 y de rocío. 

lunes, 24 de abril de 2017

Pasión Barroca


Razón inicial de nuestro viaje a Madrid. Por fin pudimos disfrutar en directo de la calidez de L'Arpeggiata.
De pronto el aire se hizo líquido y buceamos entre olas.
Aguanté la respiración durante todo el concierto.

viernes, 21 de abril de 2017

Caravana

En el año 96 participé, desde Interpueblos, en los trabajos previos de lo que fue la II Caravana de Solidaridad con el pueblo saharaui. Han pasado casi 21 años y si todo no está igual, todo está peor. Hoy las fotografías que hice del cargamento de productos y materiales necesarios para la supervivencia de un pueblo se convierten en un pequeño documento de solidaridad y resistencia.

jueves, 20 de abril de 2017

Tres

Una foto rara sí que es. Vaya usted a saber que están haciendo estos tres. ¿Se trata de un momento antes de un posado clásico? ¿O es de después?
¿Qué señalan esas manos?
Para tratarse de un campo despejado hay mucho lío ahí.
Sí, sí, sí.

martes, 18 de abril de 2017

Dinero

Cada vez que voy a León, los sábados por la mañana suelo dedicarlos a visitar alguna que otra librería. Y a veces me acerco también a un pequeño mercadillo de objetos más viejos que antiguos, que se celebra en una calle adyacente a la Plaza del Grano. Me suele llevar la curiosidad por artilugios desconocidos, que en algún momento fueron necesarios para la vida cotidiana. Me conformo con mirar y solamente en un par de ocasiones me he decidido a comprar alguna cosa.
En esta ocasión, y por motivos sentimentales, adquirí el billete que se ve en las fotografías, emitido en Santander el 1 de noviembre de 1936, cuando ya se llevaban tres meses y medio de Guerra Civil.
El papel es bastante malo y el billete está deteriorado, aunque era el mejor de los dos que me mostró el paisano que me lo vendió (también tenía algún otro emitido en Bilbao, aunque me decía que estos de Santander son más difíciles de encontrar).

Así que aquí están: cien "pelas" republicanas del año 36. Veinte duros de vellón.
Toda una fortuna.

martes, 11 de abril de 2017

La ventana de la cocina

En la ventana de la cocina, como si de una alineación deportiva se tratara, está presente el perejil y otras hierbas. A veces, con displicencia, el cocinero abre los postigos y toma el aire. Otras, tijera en mano, se hace con las hojas que necesita para la ocasión y para el puchero.
Señoras y señores, con ustedes y de izquierda a derecha: Ruda, Salvia, Orégano, Albahaca, Cebollino y el mentado Perejil. Para servirles.

lunes, 10 de abril de 2017

Historias de la Jaya Cruzá


Entre los rumores del bosque se cruzan las historias, nacen las conversaciones, se fundan los encuentros, se acuerdan los proyectos.
Y más allá del ramaje la cúpula de niebla nos hace afortunados.
La Jaya Cruzá me recuerda la verdadera naturaleza de mi apellido.

lunes, 3 de abril de 2017

Ispahan: Seis historias y un poema persa

Todos los viajes, a poco que estés atento, tienen mil historias por contar. El de Irán no podía ser menos. Muchas de ellas quedan guardadas en el bosque de la memoria hasta que por fin un día decides internarte entre el ramaje.

La revista digital Amberes ha tenido a bien publicarme una pequeña parte de esas historias que transcurrían en la primera ciudad a la que llegamos: La legendaria Ispahan de los mil y un cuentos.

Puedes, si te place, leerlas pinchando aquí: 


domingo, 2 de abril de 2017

Volver a los dieciseis


Hoy, el diario.es en su edición de Cantabria, ha publicado una nueva entrega de los trabajos que desde el grupo Desmemoriados estamos realizando en pos de la recuperación de la memoria colectiva de esta región.

En esta ocasión nos hemos detenido en el aniversario (40 años ya) de la ocupación por los vecinos del Barrio San Francisco de unos locales del constructor para la Escuela Popular 11 de abril. 
Junto a la narración aparece una pequeña película de super8 del momento en el que las fuerzas vivas (juez y policías, grises muy grises) vinieron a mi barrio para desalojar.
Y de pronto me veo junto a mis amigos y mis vecinos. Un sorpresivo regreso a mis dieciseis años. Y sobre todo, un emotivo encuentro con mi pasado. 
No sé cuantas veces he vislumbrado las imágenes con un nudo en la garganta posando la mirada sobre rostros que ya no están o que hace mucho se adentraron en las nieblas de los desencuentros. Pero ahí estamos todos, un desfile de sombras, protagonistas por esta vez de nuestra propia historia. Conscientes de que ya no somos lo que éramos, pero sabedores también de que somos lo que somos en gran medida porque entonces fuimos.   

Juan Bañuelos: Contra el tiempo


 Contra el tiempo

No distraigas tus ojos en cosas pasajeras,
no digas que es el mar si sólo ves espuma.
Ignora si es de noche; si es de día, no quieras
un solsticio de bruma.


Si aún estás a mi lado, escúchame de veras,
que me sale este amor por la herida que agruma
días, pasos, recuerdos (mis penas son terneras
con zarpazos de puma).


Buscarnos. Sorprender. Amar en este día
como instantáneo broche en una ardiente espada
que el gozo hizo de labios en su vasta herrería.


¡Tristísimo  tarea de luchar contra todo
lo que intenta apartarnos! Amantes de alborada
sobre un crepúsculo de yodo.


Yo a nada he respondido. Ni al tiempo, que al pasar
me empujó tantas veces contra aquella alambrada
que le dicen olvido, y por costumbre, mar.

                                              Juan Bañuelos

miércoles, 29 de marzo de 2017

Lo real

En este país
 ni chistes de curas, ni chistes de fascistas. 
Pronto estaremos escuchando Radio Pirenaica.

martes, 28 de marzo de 2017

Nosotros



Nosotros

Aquí edificaré mi casa,
alzaré las vigas frente al arroyo
en el que un día jugarán mis vástagos,
y mis ojos medirán, luego, la distancia
entre el horizonte y su ausencia.
Aquí edificaré mi casa,
junto al arroyo unos árboles
endulzarán en mis oídos
el vago peregrinar del aire.
Aquí edificaré mi casa,
y un bermejo sendero
anunciará el recodo
por el que se acercarán
los amigos algunas tardes.

viernes, 24 de marzo de 2017

Yolanda en el país de los estudiantes

Ayer tuve la oportunidad de ver el documental sobre Yolanda González, estudiante vasca y militante del Partido Socialista de los Trabajadores, asesinada en Madrid por pistoleros de Fuerza Nueva en febrero de 1980.
Yolanda tenía 19 años entonces. Los mismos que yo. Y su temprana muerte fue un aldabonazo para mi generación. En realidad, para aquellos que a finales de los años 70 comenzábamos a militar en la izquierda de este país.
Quizá sin querer, hasta entonces, éramos niños jugando a ser hombres. Pero en aquella época mataron a los abogados de Atocha, la policía disparando al aire mataba estudiantes que apenas volaban, Y también mataron a Yolanda.
Entonces supimos con dolor que pensar en rojo no era ningún juego.
Muchas gracias emocionadas, donde esté, a Isa Rodríguez por hacer posible este documental. Y también a Marianella y Miguel por difundir la memoria y la verdad. 

jueves, 23 de marzo de 2017

La Matinada




"Que volem aquesta gent...?". ¿Quién es esta gente que llama de madrugada?
Esta mañana en el centro de rehabilitación en el que me tratan la lesión de tobillo sonó esta canción como música de ambiente, y uno de los profesionales le preguntó a un aprendiz de 20 años, como mucho, si sabía quién era la intérprete. Por supuesto el chaval no tenía ni idea de quien era María del Mar Bonet. Y desde luego tampoco le hablaron del significado de una canción con tal nivel de dramatismo. 
La verdad es que por un momento estuve tentado de explicarle que hay un tiempo de este país (y de otros) en el que los estudiantes como él volaban por los huecos de las escaleras o tenían la dudosa facultad de desaparecer en noches de ogros y tristeza; y que los guardianes del régimen madrugaban mucho.
Pero, ¿para qué?, si no tengo el día.

miércoles, 22 de marzo de 2017

Jorge Teillier, el sol, la primavera y la poesía

El pasado domingo tuve la oportunidad de leer algunos poemas en la fiesta de primavera de la Calle del Sol. Fue algo que me hizo ilusión. También me gustó esta fotografía. Son cosas que pasan a veces (parece mentira, pero lo de menos es la Revolución Rusa). 
Acabé mi intervención con un poema de Jorge Teillier que me emociona cada vez. Y supongo que en eso consiste el poder transformador de la poesía (al menos para mí). 
Así que hoy, pasada la artificial celebración del Día de la Poesía (no deja de ser curioso que se quiera identificar la poesía con la primavera), y que ésta regresa impoluta a sus cuarteles de invierno y, de paso, a la resistencia, me apetece emocionarme otra vez con...

RETRATO DE MI PADRE, MILITANTE COMUNISTA

En las tardes de invierno
cuando un sol equivocado busca a tientas
los aromos de primaveras perdidas,
va mi padre en su Dodge 30
por los caminos ripiados de la Frontera
hacia aldeas que parecen guijarros o perdices echadas.

O llega a través de barriales
a las reducciones de sus amigos mapuches
cuyas tierras se achican día a día, 
para hablarles del tiempo en que la tierra
se multiplicará como los panes y los peces
y será de verdad para todos.

Desde hace treinta años
grita "Viva la Reforma Agraria"
o canta "La Internacional"
con su voz desafinada
en planicies barridas por el puelche,
en sindicatos o locales clandestinos,
rodeado de campesinos y obreros,
maestros primarios y estudiantes,
apenas un puñado de semillas
para que crezcan los árboles de mundos nuevos.

Honrado como una manta de Castilla
lo recuerdo defendiendo al Partido y a la Revolución
sin esperar ninguna recompensa
así como Eddie Polo -su héroe de infancia-
luchaba por Perla White.

Porque su esperanza ha sido hermosa
como ciruelos florecidos para siempre
a orillas de un camino, 
pido que llegue a vivir en el tiempo
que siempre ha esperado,
cuando las calles cambien de nombre
y se llamen Luis Emilio Recabarren o Elias Lafertte
(a quien conoció una lluviosa mañana de 1931 en Temuco,
cuando al Partido sólo entraban los héroes).

Que pueda cuidar siempre
los patos y las gallinas,
y vea crecer los manzanos
que ha destinado a sus nietos.

Que siga por muchos años
cantando La Marsellesa el 14 de julio
en homenaje a sus padres que llegaron de Burdeos.

Que sus días lleguen a ser tranquilos
como una laguna cuando no hay viento
y se pueda reunir siempre con sus amigos,
de cuyas bromas se ríe más que nadie,
a jugar tejo, y comer asado al palo
en el silencio interminable de los campos

En las tardes de invierno
cuando un sol convaleciente
se asoma entre el humo de la ciudad
veo a mi padre que va por los caminos ripiados de la Frontera
a hablar de la Revolución y el paraíso sobre la tierra
en pueblos que parecen guijarros o perdices echadas.

                                                            
                                                                       Jorge Teillier 

martes, 21 de marzo de 2017

Un bardo con cresta


Amanece el Día Mundial de la Poesía con los gorgoritos de este gallo malaje que ha tomado al asalto el techo de mi furgoneta como atalaya. Y ahí sigue. No tengo muy claro si es que avizora en lontananza los escuadrones de lectores que se acercan a galope tendido o que en cualquier momento me va a avisar de una invasión de poetas malditos o de malditos poetas (que de todo hay en este Parnaso pecador). Por si acaso tomaré precauciones y me refugiaré en la trinchera. Tal vez cenemos gallo.

lunes, 13 de marzo de 2017

Cigüeñas en el norte


No es lo habitual, pero a veces sucede.
Lo normal es que estacionen más al sur, buscando el calor en territorio de la meseta. Sin embargo estas cigüeñas construyen su casa cerca del mar. Aquí, en este norte desacostumbrado.

jueves, 9 de marzo de 2017

Paisaje de Escalante



Hace bastantes años el Museo de Arte Moderno de Santander me pidió que "alucinara" con un cuadro de sus colecciones y me apeteció alucinar con un paisaje de mi pueblo perteneciente al artista Gerardo de Alvear. La cuestión fue un poco complicada, parece ser, porque esta pintura yo la recordaba de una visita que hice de niño al museo pero, en las fechas en las que había de celebrarse la alucinación (año 2005), este cuadro ya no se encontraba en el recinto del museo, sino en el despacho del alcalde de la ciudad. Total, que mi alucinación hubo de hacerse ante una reproducción del cuadro y no ante el cuadro original. No sé qué les hubiera costado...
Bueno, que tampoco sé la razón por la que ahora me acuerdo de todo esto. Supongo que se tratará de algún arrebato de nostalgia. La infancia recobrada y todo eso.

Aquí va la alucinación:

Paisaje de Escalante
Desde luego, el hombre que mira el cuadro ha tenido ya, en sus suficientes años, la oportunidad de observar otros paisajes. Ha transitado por sendas impensables. Se ha asomado al vacío. Ha mirado en los ojos de otros. Ha leído en las enigmáticas líneas de muchos horizontes. Y ha sentido vértigo. Pero sobre todo, se ha sentido desnudo y frágil en la inmensidad insondable de las historias de los hombres. Por eso, el hombre que ahora mira el cuadro, viendo un paraje ciertamente familiar, siente que le falta algo, algún detalle que no parte del sentimiento ni de la mano que un día sostuvo el pincel y aplicó los colores cercanos de la bruma y de la melancolía. 
El espectador intuye que es en su destino errático donde se encuentra la llave, ese no amoldarse a su pesar a ningún lugar, a ningún espacio. Y por ello se reconoce inquieto ante las claves de su origen que, sin saberlo, un pintor en un tiempo lejano dejó impresas en la tela. 
El hombre que mira el cuadro piensa que su tierra en él es fría y silenciosa. Pero, tal vez, esa percepción tan subjetiva tenga que ver con su estado de ánimo. También cree que a todo paisaje le falta la vida si no están sus habitantes. No obstante, de nuevo debe exculpar de su propia negligencia al autor de la obra, puesto que es necesario admitir que su tierra, aún fría y silenciosa, ha sido retratada a la manera ideal y con la delicadeza de un nuevo Brigadoon, que puede desaparecer para siempre al mínimo descuido. 
Quizá atravesado por ese miedo, el hombre que mira el cuadro se esfuerza en estos momentos en adivinar todo lo que hay en su interior. O quizá el desasosiego y ese deseo imposible de ni siquiera parpadear se deban al temor de perder para siempre las raíces en medio de un sueño o de un recuerdo. 
Sea por lo que sea, aunque sin querer, el hombre parado frente al cuadro, acaba por recordar y se imagina, mucho más joven, casi un niño, apoyándose en una vetusta bicicleta azul y contemplando la misma imagen, tan real, casi desde el mismo ángulo que el pintor años atrás. 
Ve a lo lejos Montehano, esa singular elevación cónica que se aprecia a la izquierda, y que en su recuerdo ya tiene las cicatrices de la cantera fruto de la voluntad de los hombres. También el monte sigue guardando aquellos nidos de ametralladoras que debieron flanquear mucho antes una controvertida retirada de “gudaris” hacia Santoña. Montehano entre la niebla es un monte mágico (ya lo fue para los romanos) que ha acompañado con el sigilo de los amantes fieles las vidas y las muertes de la gente de este pueblo.
Al pie del monte se encuentra la marisma. Ni a mar llega. Y por que no llega el mar, se hace difícil entender en estos días que haya quién piense que antiguamente hubo aquí unos astilleros que pudieran ver surgir a la Nao Santa María. Lo que sí es cierto es que el hombre que mira el cuadro, cuando era niño, deambuló mucho con su padre por estos lares con balsa hasta las rodillas, con un ojo puesto en la búsqueda de cámbaros, almejas, ostras, chirlas y muergos, y el otro en las orillas por si se veía venir algún coche de la Guardia Civil. También en este mismo lugar supo por Paco el portugués, un vecino inflamado por la nostalgia, que esas mismas almejas que atrapaba escarbando el fondo con un rastrillo y un cesto, y el agua hasta el pecho, eran en su tierra gordas como puños. Y que las codornices que  a veces se soltaban por los prados del pueblo para disfrute de cazadores, eran en Portugal, cuando se echaban a volar, como una nube que tapaba el cielo. El niño, ya para entonces bastante incrédulo, no por eso dejó de apuntar en su memoria que aquel del que hablaba Paco, su tierra abandonada por quién sabe qué razones, era un buen destino como inicio para quien quisiera emprender el vuelo, al igual que las codornices. 
El hombre que  en su memoria es todavía un niño apoyado en su bicicleta, de pronto advierte que en el cuadro, delante de la Iglesia, no está pintado el cementerio. Y ese lugar es, sin duda, un elemento imprescindible en esta fantasía, en este regreso. Pues es ahí donde reposan sus ancestros, aunque tenga la esperanza también de que ese espacio robado al sueño no aguarde todavía por él. Cualquiera sabe el derrotero de su pobre humanidad. A veces ha paseado por ese camposanto olvidado sin ánimo malsano. Solamente por el placer de la soledad.
Allí se encuentra su abuelo paterno, que murió un mes de agosto en plenos festejos patronales mientras afuera, a escasos metros, sonaba la música dicharachera de los caballitos. Su abuelo que volvió de Cuba casado con su abuela, un montón de libros y una maleta de madera con herramientas de carpintero. Un abuelo que apenas conoció, salvo por las pequeñas notas que fue sembrando por las páginas de aquellos libros, sin intuir siquiera la recolección que su nieto, adornado por la misma afición a la lectura, habría de realizar muchos años después.
En ese mismo cementerio descansa su otro abuelo, que al igual, pero al contrario, que en los versos de León Felipe, éste perdiera una batalla. ¡Que pena!. Un abuelo que, según decía con abundante sorna, fue el primero de la familia en entrar en la Universidad, cuestión plausible y de harto mérito para un humilde labrador si no fuera porque pasó una buena temporada prisionero en la Universidad de Deusto cuando cayó el Frente del Norte en la Guerra Civil.  
Muy cerca de estos abuelos se encuentran sus esposas, las abuelas, mujeres fuertes y estranguladas por ese tiempo tan mohíno y tan gris que tocó vivir, y del que el hombre que mira el cuadro, a pesar de añoranzas y de nostalgias pasajeras, se arrepiente la mayoría de las veces, pues no en vano su infancia transcurrió dentro de esa niebla mefítica que alardeaba de la mediocridad reinante y que señalaba con dedo acusador mientras ordenaba lo que se debía pensar y lo que era necesario no decir.
Por eso el hombre vuelve a ser niño por un momento, solamente por un momento, para rememorar las burlas del hijo del cabo de la Guardia Civil, virrey en la plaza del pueblo con su guerrera verde y su tripa gorda. El hijo del cabo, enseñado a despreciar todo lo desconocido, disciplinado en la arrogancia del poder beodo, entronizado por otros muchachos del pueblo que, acunados por el miedo, eran los cantantes de aquel coro de bufones empeñado en herir a un niño de ciudad que regresaba todos los veranos al pueblo de sus padres.
El hombre que mira el cuadro solamente recuerda un momento de triunfo infantil, pero que le sirve para sonreír, cuando aquella pandilla de brutos retadores, saliendo del ámbito de la fuerza física, decidieron que  puesto que eran más fuertes también sabían más que él. Por eso recuerda con satisfacción la cara de todos cuando sacó a relucir el nombre de dos afluentes del río Ebro, que sonaban a chino mandarín en medio de aquella plaza. Vivan por tanto, para este hombre maduro ya, por los siglos de los siglos, el Noguera Ribagorzana y el Noguera Pallaresa.     
El hombre, que aún continúa mirando el cuadro, aunque percibe íntimamente que ya va siendo hora de correr la cortina y regresar a otros paisajes, sigue pensando que hay en él un panorama familiar y desconocido a la vez, y piensa con desconfianza que una alucinación como la que le han solicitado, y a la que se ha entregado demasiado descuidadamente, cuando no es una imperceptible visión del pasado, es, tal vez, un indeseable recuerdo de lo que vendrá.


miércoles, 8 de marzo de 2017

No disparen a la prensa

Ya es casualidad que no sea la autocensura impuesta o la precariedad de los puestos de trabajo, o el adocenamiento en las redacciones convertidas en cadenas de montaje, o las llamadas intempestivas desde cualquier despacho gubernamental por un quítame allá esa coma, o las purgas selectivas por razones ideológicas, o las reuniones personalizadas y a puerta cerrada para amedrentar al que está dentro y a los que están fuera. Ni siquiera la publicidad institucional o la de las grandes corporaciones que quitan o ponen rey.
Ya es casualidad, hombre, que sean los de Podemos los que acojonan.
  

lunes, 6 de marzo de 2017

Vacío


Se han quedado los pasos suspendidos,
aunque si escucháramos, a tenor de sus huellas, 
serían huecos y altisonantes,
como de un pasado leve y cercano. 
Como las conversaciones y las músicas que se detenían
a veces sobre los papeles de una mesa
o buscaban refugio en cajones y anaqueles
que ahora no existen
y para los que la palabra "mañana" es un misterio.
Podría decir "silencio" o "lluvia"
y no estaría mintiendo. Podría decir "vacío"
pero todo es transitorio.

lunes, 27 de febrero de 2017

El hijo

"Las flechas no eran distintas. Podía emplearse media jornada en hacer una como es debido -recta, con la longitud y la rigidez adecuadas, todas las plumas alineadas-, aunque en un solo minuto de combate podían hacerte falta dos docenas. Los astiles se palpaban y prensaban, se levantaban a la luz y se enderezaban entre los dientes. Una flecha torcida no era distinta de un cañón de rifle curvado. Los comanches esperaban que sus flechas alcanzaran casi cincuenta metros cuando disparaban deprisa, cientos de metros si se lo tomaban con calma. Un día tranquilo vi a Toshaway matar un antílope a doscientos metros; la primera flecha pasó por encima del lomo del animal (aunque cayó tan silenciosamente que no se dio cuenta), la segunda se quedó corta, también en silencio, y la tercera por fin le acertó entre las costillas.
Las cuerdas eran por lo general de tendón, que en seco disparaban flechas más deprisa que cualesquiera otras pero cuando estaban mojadas no eran fiables. Había quien prefería la crin de caballo, que disparaba más lento pero era digna de confianza fueran cuales fuesen las condiciones, y también había quien prefería la tripa de oso.
Las mejores plumas para flechas eran las de pavo, pero las de búho o buitre ratonero también iban bien. Las plumas de halcón y de águila no se usaban nunca porque se estropeaban con la sangre. Los mejores astiles tenían acanaladuras a lo largo. Nosotros usábamos dos acanaladuras y los lipanes, cuatro. Eso impedía que la flecha restañara la herida que acababa de abrir, pero también evitaba que el astil se combase.
Las puntas de las flechas de caza se fijaban en vertical, puesto que las costillas de los animales quedaban en vertical con respecto al suelo. Las puntas de las flechas de combate se fijaban en paralelo a la tierra, igual que las costillas humanas. Las puntas de caza se hacían sin lengüetas y se ataban bien fuerte al astil para arrancarlas del animal y reutilizarlas. Las flechas de guerra tenían lengüetas y los filos estaban más flojos, de manera que si se sacaba la flecha, la punta quedara alojada en el cuerpo del enemigo. Si te alcanzaban con una flecha de guerra, había que sacarla por el otro lado. Para entonces todos los blancos lo sabían, aunque no estaban al tanto de que utilizábamos flechas distintas para cazar.
Todas las tribus de las praderas usaban flechas con tres plumas, aunque algunos grupos del este usaban solo dos, cosa que desdeñábamos, porque no eran certeras. Naturalmente, los indios del este no le daban tanta importancia, pues vivían gracias a la asignación semanal de carne del hombre blanco y de todos modos pasaban borrachos la mayor parte del tiempo, pensando que ojalá hubieran muerto con sus antepasados".


El hijo.
Philipp Meyer.
Literatura Ramdom House.

miércoles, 8 de febrero de 2017

Maneras de cocinar la berenjena





Con miel, con limón, con atún, con anchoas, con alcaparras, con cous cous, con arroz, con pasta, con tomate, con queso, con salmón, con pimiento verde, con pimiento rojo, con quinoa, con cebolla, con jamón, con aceitunas, con huevos, con piñones, con gambas, con albahaca, con orégano, con salchichas, con cúrcuma, con pimienta, con calabacín, con zanahorias, con champiñones, con perejil...

En soledad tira a insípida.