Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

sábado, 11 de mayo de 2013

La soledad ausente



La luz entra por la ventana como si, de pronto, el calor del sol que anuncia fuera a reactivar sus miembros inmóviles. Ella, a ratos, navega de isla en isla, hacia el pasado, a través de su memoria.  Como en agua estancada. Y luego vuelve al presente, a esta habitación, reconociendo mis rasgos, mi fisonomía, el espacio que ocupo en la senda de sus afectos.

Pero, en su estupor, seguro que opina que aún hay muchos piélagos por descubrir antes de que el vaivén de las mareas la traiga definitivamente a este lugar, ahora, entre estas cuatro paredes blancas con un televisor al fondo que ya no le dice nada.

Y por eso se adentra de nuevo, cada poco tiempo, en los bucles de nube pintada por Van Gogh que más se asemejan a una vida que debió ser y no fue, y que ella, animosa, se esfuerza por traer desde el polvoriento camino de los años.

Un tiempo feliz (si es que la felicidad existe), un hombre que la quiso, los hijos sin su mala suerte y su mala cabeza, la soledad ausente…

La luz entra por la ventana y devuelve un aroma de cenizas, un sueño esquivo, la niebla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario