Jilguero que me huyes
y que me alegras el día
con tus vuelos
y con tu canto.
Jilguero, jilguerillo,
habitante del aire
y de los árboles,
en esta jornada
de minúscula fiesta
dame el don de volar,
como tú y los tuyos,
sobre las guerras diarias
de los hombres,
y concédeme también
la facultad
de entristecerme
por ellas
y por todos aquellos
a los que las guerras
atormentan.
Pero no olvides
nunca jamás nunca
el inviolable regalo
y el consuelo
de la santa indignación.
Amén
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