Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

lunes, 22 de mayo de 2017

Devolver el golpe

Lo más entretenido ha sido la cara de pasmo, o de haberse tragado un sable, de Susana. Y también imaginarme la de los supertacañones, esos que están en el Olimpo de las promesas incumplidas por el PSOE y que desde su posición se entregan a la intriga a poco que el muñeco se desvíe. Tampoco ha estado mal la dimisión del portavoz parlamentario, ese muchacho que puede decir “digo” o “diego” según la mano negra que le dé la cuerda. Roma, ya se sabe, no paga traidores. Y mentiría si dijera que no me gustaría haber visto la reacción de ese triste que preside la querida Asturias, pero eso ya habría sido demasiado regocijo para un día. Y luego está lo del amigo Patxi, un tipo que hasta el momento me caía relativamente bien y aún no sé a qué carta quedarme, pero que me da en la nariz que jugaba el papel del tapado que le iba a quitar votos en el norte, donde no llega aún el “encantamiento” de la lideresa del sur, al sorprendente ganador. Y qué decir de él, el príncipe destronado, P.S. oeeee, oeeee, oeeee... Pero si han cantado La Internacional, y hasta he visto una tricolor. Joder, he estado a punto de emocionarme. Me encanta la alegría de los militantes, la verdad. Pero lo cierto es que es lo mismo que cuando ves a los hinchas de un equipo de fútbol que no tiene tus simpatías. Por ejemplo, ése que acaba de ganar la liga. Y dices, pero qué contentos están, y te alegras de que estén contentos, pero así como algo ajeno. Como que esa fiesta no va contigo.

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