Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

jueves, 13 de agosto de 2026

El eclipse rural


En la parte que yo vi, la España vacía tampoco se llenó tanto. Y es que esa España, que a veces nos entristece el corazón, es muy grande y está muy vaciada. Hace falta algo más que un eclipse, que sucede de ciento en viento, para dar cierta vidilla a los montes y a las parameras.
Es demasiado fácil dejarse arrastrar por tópicos respecto al abandono de las zonas rurales o sobre el orgullo cicatero de los que aún quedan allí. También sobre la popularidad, presunta o real, de este evento en el que interrelacionaban amigablemente la luna y el sol.
No voy a caer en el postureo del malditismo, al que en ocasiones somos tan aficionados. No sé quién pensó que eso nos hace únicos en una civilización que, de un modo u otro, nos asimila a todos.
Yo fui a un prado en altura a ver anochecer antes de tiempo y a contemplar una noche rara que no duraba apenas nada. Y me lo pasé bien. Ni falta me hacía la astronomía.
Contemplé al señor Valbuena mientras él, a su vez, contemplaba aquel rato de magia que se le ofrecía gratis, mientras decía a sus 91 años "esto yo nunca lo vi".
Y no pude dejar de pensar en aquellos que en siglos pasados pudieron asistir a algo como esto. ¿Se quedaron ciegos?
¿O ciegos estamos nosotros a pesar de tanta ciencia y tanto derroche de gafas?

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