Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

sábado, 3 de octubre de 2026

Arena y cal


Hay días que son tan contradictorios como si alguien te echara encima una palada de cal y alguna de arena. El día de ayer, por ejemplo. Me voy de casa sin desayunar y a primera hora me sacan sangre. Arena. Un rato después convengo con quien sabe que mi mano ha mejorado y, por el momento, no es necesario operar. Cal. Luego, leo que no salen adelante los decretos contra los desahucios por obra y gracia de la reata de ventajistas que nos quieren amargar la vida, que dios, si lo hay, los confunda. Arena. Para contentarme, como si un fumador se fumara el último cigarrillo, entro en una librería y me llevo para casa una antología de Curros Enríquez preparada por Celso Emilio Ferreiro (Pensadlo bien. Las leyes municipales/ y los tratados de higiene/ mandan dar tierra inmediatamente a los muertos.../ ¡y vuestro muerto hiede!). Cal. Más tarde me veo por un rato con los antiguos compañeros de trabajo. Arena y Cal. Minutos después me entero de que a Julio le han dado el Premio Nacional de Literatura por un libro que nace en el cementerio de La Mata de la Bérbula, que es nuestro pueblo, aunque no hayamos nacido ahí, y  en el que viajamos todos a través de una memoria cainita. Cal, porque me alegro intensamente. Luego llegan los rumores del adelanto de elecciones y hay palada de arena y palada de cal por el miedo a un futuro que nos lleve al pasado y por la esperanza de que la pala se vuelva lanza. 

Y mientras tanto, aquí estoy, mirando al frente, con ojos serenos y sonrisa escéptica, esperando a lo que venga. No sé si con un montón de arena o con un montón de cal en las alforjas. 

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