Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

domingo, 4 de octubre de 2026

La casa doble














Ayer salimos a la intemperie, porque de intemperie hay que hablar cuando vas a ver la exposición de fotografías de Javier Vila y de Bruno Ochaita, esa casa doble de la que habla al inicio de la muestra el pequeño prólogo de Santiago Mazarrasa.

Intemperie es salir a lo natural, a lo que no tiene artificios, o al menos no se muestran expresamente para aquellos que, por suerte, disponemos de mirada virgen aún.
A Javier lo conozco desde que tenía ocho o nueve años. Fuimos a la escuela juntos. A Bruno, creo que no, pero esta exposición doble, una y dual al tiempo, me ha permitido jugar a la adivinación. ¿Qué imágenes son de uno y cuál de otro? Me parece que hay una concepción similar de lo que ha de ser la fotografía, pero al tiempo crees descubrir estilos diferentes, ligeros toques de realidad personal al colocar el ojo detrás de la cámara. Con algunas de las fotografías no sabría arriesgarme, pese a que creo conocer por donde van las inclinaciones visuales de Javier.
Pero lo cierto es que está bien que así sea. Ese jugar en equipo, esa ambigüedad solidaria (que no solitaria), lejos de algunos personalismos tan artistas.

Disfrutamos, sin duda, de la exposición y luego nos echamos a la lluvia camino de La bola negra. Pero esa es otra historia y a la vez es la misma. Dos fotógrafos, dos directores.       

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