
Vagabundos eternos de corazones ligeros, almas de pájaro que vuela por volar, viajeros que marchan por el placer de ir en busca de aventuras y de hazañas, olvidados de dioses y desdeñosos de la fea vulgaridad del caracol, y nunca más soñando con ser lo que no eres, ni jamás anhelando vivir como no vives.
No hay muchas más alternativas con que aliviar el peso de la muerte. Y sin embargo nos quedamos, raza tediosa amiga de su propia mezquindad, dejando para las aves el privilegio del vuelo.
Valientes gilipollas.
Javier Reverte.Todos los sueños del mundo.
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