Somos millones en esta isla errónea y apenas alguno sabe que llevamos vidas de náufrago

viernes, 15 de enero de 2016

Isabel

Yo la conocí así. Y esa es la imagen que me devuelve el periódico desde el pasado. No quiero otra (ni quiero saber de su muerte).  
Vino por la escuela del barrio cuando yo era un estudiante de maestro voluntarioso y romántico. Creo que era amiga de Pepe.
Me sorprendió su manera amable y positiva de analizar y valorar el carácter de cada uno de los niños a través de sus dibujos. 
Charlamos en alguna ocasión durante aquellos días. Me gustaba charlar con ella. Sentía yo curiosidad por aquella escultora que hacía objetos de arte tan extraños entonces para mí.
Recuerdo que un día me acercó al barrio en su coche y me preguntó por mi vocación, qué era lo que yo quería hacer con mi vida (entonces tenía 18 ó 19 años).
Fue a ella, no sé por qué, a la primera persona a la que le confesé que yo, en realidad, lo que quería era escribir poemas.
Un año o dos después fui a ver una de sus exposiciones. Estaba allí pero no me atreví a hablar con ella de nuevo (esa timidez que me traiciona).
Nunca más volví a verla.

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